Apertura del Trieno del Jubileo
en la Diócesis del Callao
Entrada Bíblico - litúrgica:
Tanto en la Iglesia de Oriente como en la de occidente, el símbolo de esta fiesta es la luz. La revelación definitiva de Dios en Jesucristo es como el despuntar de la aurora en medio de la desorientada noche de la historia.
Hoy en esta fiesta de la Epifanía del Señor somos invitados a seguir a Cristo estrella radiante de la mañana, que nos guía en la vida. El es en definitiva la luz, el camino la verdad y la vida. "En realidad - como afirma el Concilio Vat.II, LG 22- el misterio del hombre solo se esclarece en el misterio del Verbo Encarnado".
La celebración de hoy nos invita a contemplar en Jesucristo la Gloria de Dios, a profundizar en la fe y a postrarnos en actitud de adoración ante el Dios que nos salva.
Jubileo 2000
Precisamente en esta solemnidad de la manifestación de Jesús al mundo quiero anunciarles la apertura del TRIENIO de preparación al JUBILEO del año 2000 del Nacimiento de Jesucristo.
De acuerdo a la Tertio Millenio Adveniente por la que su Santidad Juan Pablo II nos convoca a este Jubileo, este primer año de 1997 esta centrado en la persona de JESUCRISTO SALVADOR DEL MUNDO.
Seguimos todavía iluminados por el esplendor de la luz de la Noche Santa de la Navidad, y hoy por la Estrella que nos conduce a Jesús, lo mismo que a los Magos venidos de Oriente.
Cristo es la luz que ilumina a todo hombre que viene a este mundo. Y la Iglesia, por mandato de Jesús y a través de sus miembros, tiene el encargo de alumbrar los caminos de todos los hombres, anunciando a Jesucristo con la palabra y el testimonio de su vida.
Nos preguntamos si la luz del Niño Dios nacido de María en Belén sigue iluminando a la humanidad y si no ha perdido el esplendor de aquella noche luminosa, y si todavía la estrella sigue proyectándose sobre el pesebre de Belén, trasplantado hoy al corazón de los creyentes en la Iglesia de Jesús.
El Anuncio del Año de Gracia del Señor
Corramos presurosos como los pastores de Belén o como los Magos de oriente. Vayamos a la casa de Nazaret donde Jesús creció en obediencia, gracia y santidad junto a María y a José.
Recojamos allí la lección del silencio, del trabajo y la espiritualidad reinante en la Sagrada Familia.
Acompañemos luego a Jesús al inicio de su ministerio y entremos con El a la Sinagoga de Nazaret. Escuchemos el relato de Lucas (Lc.4, 17-21):
"Entró en la Sinagoga como era su costumbre los sábados y se puso en píe para hacer la lectura. Le entregaron el libro del profeta Isaías: "Desenrollándolo, encontró al pasaje donde estaba escrito: El Espíritu del Señor está sobre mí, porque él me ha ungido.
Me ha enviado para dar la Buena Noticia a los pobres, para anunciar a los cautivos la libertad, y a los ciegos, la vista. Para Dar la libertad a los oprimidos; para anunciar el año de gracia del Señor.
Y, enrollando el libro, lo devolvió al que ayudaba, y se sentó. Toda la sinagoga tenía los ojos fijos en él, y él se puso a decirles: Hoy se cumple esta Escritura que acabáis de oír".
El Jubileo del 2000 pretende conmemorar y revivir este año de gracia, inaugurado y realizado por Jesús en su persona y en su obra y prolongado en la historia por el testimonio de la Iglesia. Veinte siglos no sólo no han apagado el eco de este anuncio, sino más bien han acrecentado su fascinación y su exigencia. Los ojos de la humanidad contemporáneas se fijan de nuevo en el rostro de Jesús, asombrados por aquellas palabras que todavía hoy proyectan luz, fuerza y ánimo para vivir.
El Jubileo del 2000 es la celebración, no sólo la conmemoración de este acontecimiento inicial de la vida de Jesús: su Natividad. No es solamente la evocación de una fecha cronológica. Es, sobre todo un reclamo gozoso y solemne de la realidad de la continua presencia salvífica de Jesús, en el tiempo y en el espacio: el Cumplimiento y la realización del mensaje gozoso de Dios a los pobres de cualquier época y nación. Hoy pienso especialmente en nuestros hermanos rehenes de la residencia del Embajador de Japón.
En 1997 los cristianos estamos invitados por la Iglesia a reinterpretar el gesto profético del Señor. La celebración del Jubileo del año 2000 es, de hecho, una llamada a ponernos en píe, a tomar el libro del Evangelio, a leer ante todos el mensaje gozoso de Jesús y a revivir conmovidos, con humildad y creatividad, el contenido de alegría de liberación y de gracia.
El Jubileo : Celebración del Misterio de la Encarnación
Cada año en su calendario litúrgico, la Iglesia concentra en dos grandes solemnidades los misterios centrales de su fe: La Navidad y la Pascua. En realidad se trata de un único y gran acontecimiento salvífica, el de la Encarnación del Hijo de Dios, que comienza con el nacimiento de Jesús, en Belén, y termina en su pasión, muerte y resurrección, en Jerusalén. Esta es la fe bimilenaria de la Iglesia, que los cristianos reafirman en la liturgia dominical con las venerables palabras del Credo:
Creo en un solo Señor, Jesucristo, Hijo único de Dios, nacido del Padre antes de todos los siglos (...); por quien todo fue hecho; que por nosotros, los hombres, y por nuestra salvación bajó del cielo, y por obra del Espíritu Santo se encarnó de María, la Virgen, y se hizo hombre, y por nuestra causa fue crucificado en tiempos de Poncio Pilatos; padeció y fue sepultado, y resucitó al tercer día, según las Escrituras, y subió al cielo, y está sentado a la derecha del Padre.
Jesucristo Centro de la Catequesis de la Iglesia
Bajo la inspiración y motivación del Jubileo 2000 tenemos que recuperar a Jesucristo como centro de la evangelización y catequesis de la Iglesia. Desde este primer día del trienio de preparación exhorto a todos: sacerdotes, religiosos y laicos a reafirmar a Jesucristo como centro de nuestra predicación y de nuestra catequesis.
El reclamo a Jesucristo, como auténtico centro y fuente de anuncio cristiano, emerge explícitamente en el Concilio Vat.II, definido por Pablo VI : "El gran catecismo de los nuevos tiempos", y Juan XXIII puso a Jesucristo "en el centro de la historia y de la vida" en el discurso de apertura del Concilio, aquel memorable 11 de noviembre de 1962.
Desde el primer documento Conciliar - "Cristo está siempre presente en su Iglesia, de modo especial en las acciones litúrgicas". Y "Cristo Señor en quien encuentra cumplimiento toda "la revelación de Dios Supremo", aparece con toda su fuerza en la Constitución Dogmática sobre la Divina Revelación.
El último documento del Vat.II,(la GS 22) afirma: "En realidad, el misterio del hombre solo se esclarece en el misterio del Verbo encarnado. Porque Adán, el primer hombre, era figura del que había de venir, es decir, Cristo nuestro Señor. Cristo, el nuevo Adán, en la misma revelación del misterio del Padre y de su amor manifiesta plenamente al propio hombre y le descubre la sublimidad de su vocación"
En este espíritu conciliar es necesario reafirmar la centralidad de Jesucristo en el anuncio de la fe como camino de maduración, de educación y de formación de la existencia cristiana en su concreción y globalidad. Esta es , de hecho la definición de la catequesis: "El conjunto de esfuerzos realizados por la Iglesia para hacer discípulos, para ayudar a los hombres a creer que Jesús es el Hijo de Dios, a fin de que, mediante la fe, tengan la vida en su nombre, para educarlos e instruirlos en esta vida y construir así el Cuerpo de Cristo".
La centralidad de Jesucristo en la catequesis tiene así un doble significado. Ante todo, indica que Jesucristo es el único verdadero maestro por lo cual, en la catequesis es necesario enseñar solo la doctrina y vida de Jesús.
En segundo lugar, la catequesis sitúa en el centro de su anuncio la persona misma del Salvador, su misterio de Encarnación, Pasión, Muerte y Resurrección redentora.
De hecho, la finalidad última de la catequesis, la que tenemos que procurar por todos los medios, es poner a cada uno no sólo en contacto, sino en comunión y intimidad con Jesucristo.
Inspiración Cristocéntrica el Jubileo 2000
Quiero asumir aquí plenamente las reflexiones del documento: "Jesucristo, Salvador del Mundo" del Comité Central del Jubileo.
Este retorno del cristocentrismo no es otra cosa que un retorno a la auténtica dimensión del anuncio cristiano. De hecho, en el acontecimiento de Cristo, en la comprensión de su ministerio y en la participación de su seguimiento se desvela el nombre auténtico de Dios, el significado y el valor de la existencia salvada de toda persona humana.
La insistencia sobre el anuncio de Jesucristo es la temática central tanto de la encíclica Redemptoris missio de Juan Pablo II (1990), como de las dos encíclicas sobre la moral de Juan Pablo II: Veritatis splendor (1993) y Evangelium vitae (1995) que tienen una estructura cristocéntrica.
El cristocentrismo de Juan Pablo II reconduce la moral cristiana a su fuente originaria, incentivando la dinámica filial de una asimilación de Cristo en la obediencia al Padre.
La referencia total a Jesucristo es nuevamente propuesta por el Papa en su exhortación post-sinodal Vita Consecrata (1996). La vida consagrada está concentrada en el único valor que es la persona de Jesús y visibiliza la existencia terrena de Jesucristo en los hombres y mujeres que a través de los consejos evangélicos encarnan en sus vidas los rasgos característicos de Jesús: virgen, pobre y obediente.
Su Santidad Juan Pablo II en su carta apostólica Tertio Millennio Adveniente (1994) refleja este contexto de centralidad cristológica reencontrada en la catequesis y en la evangelización: Cristo es el único mediador entre Dios y los hombres; es Señor del cosmos y de la historia; es el Señor del tiempo, su principio y su cumplimiento.
En nuestro contexto eclesial, el documento final de la IV Conferencia General del Episcopado Latinoamericano (Santo Domingo 1992) tiene una reconocida y rica estructura cristocéntrica. Los Obispos Latinoamericanos afirmamos: Proclamamos nuestra fe y nuestro amor a Jesucristo. Él es el mismo ayer, hoy y siempre (cf. Hb.13,8). Las tres partes del documento son cristológicas: 1.Jesucristo, evangelio del Padre; 2. Jesucristo, evangelizador viviente en su Iglesia; 3. Jesucristo, vida y esperanza de América Latina.
El jubileo, como tiempo propicio de reevangelización y de maduración en la fe, debe vivir de esta interna realidad cristocéntrica, que es esencialmente trinitaria: La estructura ideal para este trienio, centrado en Cristo, Hijo de Dios hecho hombre, debe ser teológica, es decir trinitaria. El Centro de la reflexión será la profundización de Jesucristo, único Salvador del mundo, ayer, hoy y siempre. (Conferí Jesucristo, Salvador del Mundo, Comité Central del Gran Jubileo de año 2000).
Volver al Primer Anuncio Cristiano
Jesús es el Señor: la enseñanza de Jesús y el acontecimiento de su muerte y resurrección constituyen el primer anuncio misionero de los Apóstoles y de los primeros escritos cristianos.
Por esto los evangelios no son otra cosa que los primeros grandes catecismos de la comunidad cristiana de los inicios (cf. Lc.1,4). En su carta a los Romanos, San Pablo afirma: "Si confiesas con tu boca que Jesús es el Señor (...) serás salvado"(Rm.10,9).
La catequesis apostólica, post-pascual es eso. San Pablo recuerda en su carta a los Corintios: "Porque lo primero que yo os trasmití, tal como lo había recibido, fue esto: que Cristo murió por nuestros pecados, según las Escrituras; que fue sepultado y que resucitó al tercer día, según las Escrituras; que se le apareció a Cefas y más tarde a los Doce".(1Cor.15,3-5).
La instrucción básica de los cristianos era, pues, el anuncio de la muerte, de la sepultura, de la resurrección y de las apariciones del resucitado.
La catequesis post-pascual es también comprendida y vivida como maduración y comunicación global de la fe a través del anuncio de Jesús (Kerygma), la oración y la acción sacramental de la Iglesia, el servicio de los necesitados y la comunión con Dios y con los hermanos.
Tenemos que hacer resonar y volver a proclamar ese primer anuncio de Cristo el Señor. Y en cualquier caso no podemos darlo por supuesto en nuestra realidad eclesial y social, donde sentimos precisamente esta falla original en nuestra catequesis y en nuestra predicación.
Iglesia del Callao en Misión
En diferentes momentos, desde el inicio de mi servicio episcopal en esta Iglesia del Callao he declarado que estamos como en estado de misión.
Les he exhortado a todos a ser más creativos y dinámicos en la obra de la evangelización y de la catequesis, que no puede quedar circunscripta a los fieles que ordinariamente acuden a nuestras Iglesias y Parroquias.
Les he instado a iniciar lo que he denominado operación "contacto" con la gran mayoría de los fieles cristianos cuya vinculación con la Iglesia es sumamente débil y precaria.
He invitado a todos los movimientos apostólicos, que están reconocidos en nuestra Iglesia Diocesana, a ponerse al servicio de esta acción evangelizadora y misionera.
Tenemos miles de laicos integrados en diferentes movimientos de evangelización y espiritualidad que pueden y deben aumentar y vitalizar la capacidad pastoral y misionera de nuestras parroquias e instituciones diocesanas.
Estamos diseñando, en diálogo con nuestro presbiterio, un plan extraordinario de evangelización y de acción misionera en estos años de preparación al Jubileo de año 2000.
Como vuestro pastor y padre, convoco a todos a trabajar conjuntamente en espíritu de comunión y fraternidad.
En este compromiso de evangelización con miras al año 2000, estamos avanzando en la investigación de la realidad socio-religiosa de la Diócesis del Callao, que nos acercará a la situación real de nuestro pueblo y nos planteará los grandes retos y desafíos pastorales que tenemos que afrontar.
Toda esta obra y este plan lo ponemos en manos del Señor que nos ha encomendado la inmensa responsabilidad de conducir a este pueblo del Callao hacia el año 2000 con un rostro más humano y solidario, con una fe más autentica y mejor formada y un testimonio de vida cristiana que debe ser el sello auténtico de los discípulos de Jesús al final de este milenio.
La Iglesia del Callao quiere ser Misionera hacia adentro y hacia fuera. La Misión Ad Gentes será un constante reactivo para nuestros Sacerdotes y para nuestros Laicos.
Seguimos adelante en el proyecto de fundación del Monasterio de Madres Carmelitas en el Callao, las que se convertirán en el alma y el corazón que anime toda la vida de la Iglesia chalaca, que la ponemos filialmente en manos de la Virgen María en su advocación del Carmen de la Legua, Patrona y Madre de nuestro pueblo.
Providencialmente este año de 1997 será para mí, vuestro obispo y pastor, un año también Jubilar. Ya que el próximo 25 de Julio, fiesta del Apóstol Santiago, estaré celebrando con vosotros 25 años de mi ordenación Episcopal.
Quiero Celebrarlo con una mayor entrega a mi ministerio y un anuncio gozoso de Jesucristo nuestro Señor, el Buen Pastor de nuestras almas, nuestro Redentor y Salvador.
Voy a concluir con la oración que rezaré después de la comunión : "Que tu luz nos disponga y nos guíe siempre, Señor, para que contemplemos con fe pura y vivamos con amor sincero el misterio del que hemos participado. ". Amen.
+ MIGUEL IRIZAR CAMPOS, C.P.
Obispo del Callao