«...a dar la Buena Noticia»: Entrevista a Monseñor
Mons. Miguel, la vida de un pastor de la Iglesia encierra siempre - como sucede con toda persona - un gran misterio; el misterio de una vida vivida de cara al plan de Dios Amor, al que se ha respondido con un generoso sí. Pero este misterio tiene su comienzo en una historia muy concreta y muchas veces tambien muy sencilla. Si no le parece inconveniente, cuéntenos brevemente de su familia, de sus Padres y hermanos.
Mis padres fueron: José y Brigida. Mis hermanos José Francisco (que murió a los 20 años). Esperanza, Pilar, María Teresa. Al morir mi hermano mayor yo era el único varón en mi casa y mi padre que tenía una pequeña empresa de carrocerías, se quedó sin sucesor en su empresa. Pero mis padres fueron felices al tenerme como Sacerdote y luego como Obispo.
Mi madre murió a los pocos días de llegar yo al Perú, lo que me causó una inmensa pena al estar yo tan lejos y no poderla acompañar. Mi padre murió a los 77 años y disfrutó más de mi consagración y de mi servicio a la Iglesia.
Uno de mis sobrinos que se llama Juan Cruz es Sacerdote en la Diócesis de San Sebastián en el País Vasco en España.
A veces produce una sana curiosidad la vocación de un hombre que se ha entregado a Dios y al servicio de la Iglesia y desde ella vive para darse íntegramente a las personas. ¿Nos podría dar algunas pinceladas acerca de como nació su vocación?
"Cuando todavía era un niño, era acólito de mi Parroquia. Y era el más movido y travieso del equipo. En alguna ocasión el Párroco me castigó y me puso con los brazos en cruz en la mitad de la iglesia porque me había portado mal.
No entendía mucho qué significaba el ser Sacerdote, pero sentía una cierta atracción por la figura y la misión del Párroco de mi pueblo, él se llamaba Don Jerónimo, como suelo decirse en España. Y yo le decía que quería ser también Don Jerónimo. El día de mi primera Misa en esa misma Parroquia, el viejo Párroco anunció al pueblo que había llegado el segundo Don Jerónimo.
Cuando anuncié a mis compañeros que me iba al Seminario para ser Sacerdote, casi no me creyeron. En todo caso pensaban que yo no aguantaría muchos días en la vida del Seminario, que en aquel entonces era un internado bastante rígido y exigente para un muchacho tan movido e inquieto como yo.
Ingresé, pues, en la Congregación Pasionista a los 17 años y fui ordenado Sacerdote a los 23. Luego me mandaron a estudiar y a especializarme en la Universidad Gregoriana de Roma.
¿A que edad llegó usted al Perú?
A los 26 años; fui destinado al Perú en junio de 1960 y me quedé para siempre en esta tierra que es mi segunda patria.
¿Y desde entonces a que se dedicó, cuales fueron sus labores pastorales?
Fui Profesor de Ciencias Sociales en la Universidad Católica los primeros años, y al mismo tiempo trabajaba en la Parroquia de la Virgen del Pilar en San Isidro como Sacerdote. Tenía fama de ser buen cantor y animador de las celebraciones litúrgicas y religiosas.
Durante algunos años 1969-1972 fui Superior Regional de la Congregación Pasionista en el Perú y entonces empecé a conocer y a visitar la Selva peruana.
Nos imaginamos que ya desde entonces sentía atracción por la selva. En reiteradas ocasiones ha hablado usted de su deuda para con la selva, la que le hizo el más feliz de los misioneros. ¿Cuando fue nombrado Obispo de Yurimaguas?
En 1972, cuando todavía no había cumplido 38 años fui nombrado Obispo del Vicariato Apostólico de Yurimaguas en la Provincia del Alto Amazonas, Departamento de Loreto. Me consagraron Obispo el 25 de Julio del mismo año.
Desde esa fecha serví 17 años como Obispo Misionero en la Selva y anduve por los ríos de los pueblos y comunidades de nuestra amazonía, siendo - es verdad - el más feliz de los misioneros. Me hice Charapa en la Selva, y ahora soy Chalaco en el Callao.
Se encuentra ahora aquí en el Callao, como Obispo de esta Diócesis que es al mismo tiempo el primer puerto del Perú. ¿Como llegó desde la selva hasta aquí?
Para 1989 el Papa Juan Pablo II me nombró Obispo Coadjutor del Callao con el encargo de suceder a Mons. Ricardo Durand, a quien acompañé hasta Agosto de 1995. En esa fecha se retiraba Mons. Durand por su edad avanzada y yo me hacía cargo de la Diócesis del Callao.
Desde su traslado como Obispo Coadjutor al Callao sale Usted mucho en la TV, y la prensa escrita publica frecuentes declaraciones suyas. Le vemos bastante cercano a los medios. ¿Ve en los medios una ocasión propicia para «ANUNCIAR LA BUENA NOTICIA», según el lema de su Episcopado?
Hace 23 años, cuando fui elegido Obispo de Yurimaguas, nunca pensé, que mi lema episcopal de «enviado a dar la Buena Noticia» pudiera tener una aplicación tan específica como la de los medios masivos de la comunicación social.
Era maravilloso y muy gratificante cumplir esta tarea de anuncio del Evangelio de la Buena Noticia de Jesús, a nuestros hermanos de la Selva de Yurimaguas, particularmente dentro del mundo indígena, dentro de las comunidades nativas, acompañando la acción misionera de tantos hermanos y hermanas nuestros.
Aquí ahora, trasladado a esta inmensa capital de Lima y del Callao, el anuncio de la Buena Nueva significa una gran oportunidad y también una tremenda responsabilidad.
Yo mismo quedo admirado cuando veo los resúmenes de la prensa de mis propias declaraciones o las entrevistas de televisión en los noticiarios, en programas especiales, por las veces que estoy asomando, tanto que mucha gente dice «Monseñor, a usted le conocemos por la tele».
Saber estar ante la pantalla chica, saber trasmitir el pensamiento de la Iglesia al país, tratar de trasmitir un mensaje consistente, alegre y positivo, no siempre es fácil. Pienso sin embargo que el Señor me ha concedido un don en ese sentido y trato de utilizarlo con la máxima responsabilidad y también con bastante humildad.
La Iglesia con ocasión del Concilio Vaticano II recordaba la necesidad de hacer un buen uso de los medios de comunicación. Ya antes del Concilio y mucho más aún después la Iglesia ha venido acentuando la necesidad de tener presencia en los medios y de ofrecer al mundo a través de ellos el espacio propicio para conocer y encontrarse con el Señor.
Creo que la Iglesia no puede desperdiciar esta oportunidad, nosotros sabemos que nuestra capacidad de anuncio es muy limitada, si nos encerramos en nuestras propias iglesias. El porcentaje de los fieles que concurren es muy reducido, apenas un 10 ó 15%, pues el gran público, las grandes masas sólo perciben el mensaje de la Iglesia a través de los Medios de Comunicación Social. Tenemos que prepararnos a ello: los futuros sacerdotes tendrán que ser comunicadores sociales, además de buenos predicadores, buenos catequistas, buenos celebrantes, pero fundamentalmente tendremos que entrar en el mundo moderno a través de todas las técnicas de la comunicación social.
Tenemos que anunciar el Evangelio desde los púlpitos sí, pero también desde la radio, desde la imagen y desde la informática, que tiene tantas formas diferentes de multiplicar el mensaje, de acercarlo a los medios, a los jóvenes, a los laicos, a los religiosos, a los sacerdotes, pero sobre todo a los propios comendadores, a los constructores de la sociedad, por tanto, a la sociedad moderna que vive tan dependiente de la prensa en general, y de las comunicaciones sociales. Por ahí tenemos que insistir y tenemos que tratar de ser fieles al Evangelio y procurar que la Iglesia se haga presente con su imagen y sea portadora de Buena Noticia y sea efectivamente ella misma comunicación como es el propio Evangelio: Buena Noticia para todos.
Monseñor, desde que se encuentra como Obispo en el Callao viene planteando la necesidad de nuevas formas de anunciar el evangelio, de ir más allá de la organización pastoral para ser fieles al mandato de Jesús de «dar la buena noticia» de la salvación a todas las personas, sobre todo a las más pobres y abandonadas. ¿No le parece que hacen falta esas nuevas formas, nuevos métodos y ese nuevo ardor por evangelizar de los que habla el Papa y tambien el documento de Santo Domingo?
Efectivamente, ya he sugerido antes una nueva concepción de la parroquia, de la presencia protagonista de los laicos, de un cambio de mentalidad, pero al mismo tiempo, tenemos que entrar en los medios de influencia como es la comunicación social, hay que llegar a las zonas periféricas, a la gente alejada de la Iglesia, a la gente que ya no se bautiza y no porque rechaza a la Iglesia sino porque la Iglesia no entra a su mundo. Aún cuando nuestro pueblo se considera todavía mayoritariamente católico, su vinculación, sus formas de participación y comunión con la Iglesia son mínimas, por eso ahí es donde tenemos que cambiar toda nuestra estrategia que tiene que ser mucho más dirigida hacia la periferia de aquellos que no llegan por los medios normales a la Iglesia, al templo, a la parroquia y hay que vitalizar entonces estas nuevas formas de evangelización y de presencia.
Hoy tenemos que cumplir el mandato de Jesús, de anunciar el evangelio, a todos los hombres, a todas las personas sobre todo a los más pobres: es realmente un reclamo de los tiempos, es un signo de los tiempos.
Estoy tratando de buscar nuevas congregaciones religiosas, pero sobre todo tengo que mentalizar a los sacerdotes, para que asuman efectivamente su responsabilidad. Esto requiere una presencia activa y permanente de los pastores en sus comunidades, eso significa una participación de los religiosos y religiosas en la acción misionera. Puede significar campañas tipo misiones populares o parroquiales con una nueva mentalidad, con nuevos métodos. Significa hacer un plan pastoral de conjunto en base a un necesario estudio social y religioso de la realidad que nos toca evangelizar. Una vez que tengamos un buen diagnóstico de nuestra realidad social y pastoral habrá que darle las respuestas poniendo en marcha y en acción todas las capacidades de la Iglesia, que está aquí en el Callao, donde una gran esperanza se cifra en las vocaciones sacerdotales. Tenemos dos seminarios, el "Corazón de Cristo" y el "Redemptoris Mater y Juan Pablo II" a donde llegan las vocaciones procedentes de las comunidades neocatecumenales.
Tenemos en los próximos años bastantes ordenaciones. Hemos ordenado en los pocos años que yo llevo aquí más de 40 sacerdotes. Esto va en aumento y tenemos que ser una Iglesia misionera y pienso que podemos ayudar a otras Iglesias más pobres en la medida que vamos creciendo en recursos sobre todo de nuevos sacerdotes.
Agradecemos la entrevista que nos ha concedido, Monseñor, y esperamos que en la celebración de sus Bodas de Plata Episcopales, Dios siempre rico en misericordia y amor para con sus hijos, le colme de bendiciones, para que pueda vivir cada vez más el lema episcopal que usted ha escogido y con el que introducirá a la Iglesia en el Callao al tercer milenio: "Enviado para dar la Buena Noticia".