
Al inicio de mi nuevo Servicio Episcopal
Callao, 1 de octubre de 1995.
Hermanos:
San Pablo al término de su vida, escribe a su discípulo Timoteo: "hiciste noble
profesión de fe ante muchos testigos".
Como sucesor de los apóstoles, me toca hoy a mí hacer esa misma profesión de fe, de mi
fe en Jesucristo ante tantos testigos miembros del Pueblo de Dios: del Callao, de Lima,
del Perú y de hermanos Obispos venidos de lejos, desde el Brasil, Bolivia y Puerto Rico.
Pienso que esta carta de Pablo a Timoteo contiene un clara llamada y exhortación a
nosotros, pastores de la Iglesia: Obispos, presbíteros y diáconos. Pero hoy quiero
referirme especialmente a nuestro servicio episcopal dado que me presento públicamente a
esta porción querida del Pueblo de Dios que está en el Callao, que el Santo Padre Juan
Pablo II me ha encargado, sucediendo en el gobierno de esta diócesis a nuestro querido y
benemérito hermano Mons. Ricardo Durand Flórez, S. J.
El Obispo: fundamento y signo de comunión.
Revestido de la plenitud del Sacramento del Orden, el Obispo rige como Vicario y legado de
Cristo en la Iglesia particular, en comunión y bajo la autoridad del Romano Pontífice (LG,
26, 27; Christus Dominus, 3).
Al Obispo le toca regir la Iglesia particular que le ha sido confiada y apacentarla con la
cooperación de su presbiterio de manera que adherida a su Pastor y reunida por Él en el
Espíritu Santo por el Evangelio y la Eucaristía constituya una Iglesia particular donde
se encuentra y opera verdaderamente la Iglesia de Cristo que es una, santa, católica y
apostólica (Ch D, 11; LG, 23). Más aún, "en ella está presente
Cristo, por cuya virtud se congrega la Iglesia (LG, 26). "Los fieles por su
parte deben estar unidos a su Obispo como la Iglesia a Cristo y Cristo al Padre" (LG,
27).
Como servidor de la comunión en esta Iglesia quiero fomentar lo que nos una y nos lleve a
la comunión con Cristo.
Si siempre fue difícil ser Obispo y Pastor en la Iglesia, hoy lo es más en el contexto
social y cultural de este mundo distraído, secularizado y hasta cerrado al Evangelio. Por
eso el mundo necesita más que nunca quien anuncie con su palabra y su vida a Cristo,
Evangelio viviente del Padre.
Hace 23 años cuando Su Santidad Pablo VI me nombró Obispo Vicario Apostólico de
Yurimaguas escogí este lema comprometedor: "Enviado a dar la Buena Noticia".
Entonces era demasiado joven para vislumbrar las implicancias de mi programa y escudo
episcopal.
Ante todo un Obispo es enviado a proclamar el Evangelio: "No me envió Cristo a
bautizar, sino a predicar el Evangelio" (1Cor 1,17). Esto significa anunciar
a Jesucristo crucificado y comprometer a los cristianos a vivir el gozo de sus exigencias.
Pero el Obispo como el profeta siente miedo: "soy un muchacho" (Jer
1,6). Las exigencias y riesgos de la Palabra de Dios y las espectativas de los hombres son
muy fuertes para él.
Y el Obispo siente miedo. Experimenta más que nadie sus limitaciones. Sabe que nunca
será entendido por todos. Sabe que han crecido las exigencias de sus sacerdotes,
religiosos y laicos. Y el Obispo se siente pobre y humanamente inseguro como Pablo (ver 1Cor
2,3).
Pero esta misma pobreza asumida serenamente en el Espíritu es la que salva. Lo abre a la
necesidad de los otros y al hambre de Dios. Un Obispo nunca puede dar la sensación de
inseguridad o tristeza. En él vive el Señor Resucitado. Él se apoya en la firmeza de
Pentecostés. Es el testigo primario de la Pascua, "enviado a dar la Buena
Noticia".
Hermanos en el Episcopado y presbíteros del Callao, acojamos la exhortación de San
Pablo: "practica la justicia, la religión, la fe, la paciencia, la delicadeza.
Combate el buen combate de la fe, conquista la vida eterna a la que fuiste llamado, y de
la que hiciste noble profesión de fe ante muchos testigos".
Teniendo en cuenta que hay falsos maestros, Pablo recomienda a Timoteo que guarde el
mandato recibido, la fe cristiana, sin mancha ni reproche. Lo hace de manera solemne, ante
Dios y Jesucristo quien ni ante la muerte se echó atrás sino que pasando por ella
confesó a Dios como fuente de vida.
Los pastores y fieles tenemos que mantener la fidelidad hasta la venida definitiva de
Cristo. De pastor a pastor, desde el gozo de su misión, San Pablo exhorta a Timoteo. Le
contagia su entusiasmo. Sintámosla dirigida a nosotros pastores y que las comunidades se
contagien de nuestro entusiasmo.
Sabiendo que nuestro supremo Pastor dio su vida por las ovejas y vino a servir y no a ser
servido, tenemos que preguntarnos sobre nuestro servicio pastoral, saber si nuestra voz es
sentida y escuchada por los fieles. Esto tiene una exigente aplicación en las nuevas
situaciones creadas para la Iglesia en el Perú.
En el primer encuentro con mi presbiterio le he manifestado mis preocupaciones más
urgentes y, siguiendo la huella dejada por Mons. Ricardo Durand, quiero centrar nuestro
esfuerzo en impulsar una Iglesia evangelizadora y misionera. La comunidad cristiana se
construye para evangelizar construyendo al comunión que confluye en la Iglesia particular
con apertura misionera y en comunión con la Iglesia universal presidida por el sucesor de
Pedro.
Desde mi anterior experiencia pastoral en Yurimaguas quiero aportar el dinamismo misionero
que nos abra "más allá de nuestras fronteras", al servicio de la misión
"ad gentes" que la Iglesia alienta.
Quién evangeliza
Uno de los objetivos fundamentales de la nueva evangelización es construir comunidades
cristianas capaces de transmitir el Evangelio al hombre de hoy. Cabe preguntarnos:
¿Quién tiene la responsabilidad de evangelizar? ¿Cuál es el sujeto de la
evangelización?
La respuesta inmediata es todo bautizado, discípulo de Cristo. Ser cristiano es ser
misionero. Todos somos responsables de la evangelización y no de forma aislada.
"Evangelizar es un acto profundamente eclesial" (EN, 80).
La nueva evangelización ha de comenzar por dotar a nuestras comunidades de aquella
calidad que el Papa Juan Pablo II nos recuerda en la Christifideles laici:
"comunidades eclesiales maduras, en las que la fe consiga liberar y realizar todo su
originario significado de adhesión a la Persona de Cristo y a su Evangelio, de encuentro
y de comunión sacramental con Él, de existencia vivida en caridad y en servicio".
A quién anunciamos el Evangelio
Aunque nuestro pueblo se considera católico su vinculación con la Iglesia es deficiente.
Tenemos que cambiar nuestras estrategias pastorales para dirigirlas a los más alejados.
El mandato de Jesús es un signo de los tiempos.
Más allá de las estadísticas tengo una preocupación: nuestra incapacidad de responder
a los nuevos retos en un país con 85% que se declaran católicos. Las sectas han avanzado
pero me preocupa más que no mejoremos nuestra capacidad de evangelización. Los migrantes
y desplazados no han sido acogidos ni atendidos por la capacidad instalada de la Iglesia y
sus pastores.
Todos en misión
Hay que reestructurar las parroquias no sólo como instancias territoriales tan
cuestionables en la actual cultura urbana. Hay que sensibilizar también a los movimientos
apostólicos activando todas las fuerzas vivas de la Iglesia.
Tendremos que procurar la máxima comunión y coordinación entre todos los sectores de la
Iglesia sin contraponer carismas sino integrándolos al servicio de la comunidad eclesial
como instrumentos de nueva evangelización, promoción humana y cultura cristiana.
Es necesario un cambio de mentalidad en el clero, en los párrocos, religiosos y
religiosas y en nosotros los Obispos; y sobre todo el gran recurso que tenemos en los
laicos, protagonistas de la nueva evangelización, como los llamamos en Santo Domingo.
Tenemos que establecer planes mucho más agresivos de pastoral, declarando nuestros
territorios en estado de misión permanente.
En términos económicos, las sectas parecen tener más que nosotros y eso es también un
reto para la Iglesia Católica porque no somos capaces de generar un sentido de
corresponsabilidad en el sostenimiento económico para la tarea evangelizadora de la
Iglesia.
Ahí está uno de los retos por asumir en el Callao en los próximos años. Estamos
diseñando un estudio socio-religioso que nos dé una visión integral para diseñar un
plan global de pastoral diocesana.
Pondremos en marcha todas las capacidades de la Iglesia poniéndola en actitud y estado de
misión.
Contamos con la presencia providencial de dos seminarios.
La fuerza oculta de la misión
En el día en que se celebra la memoria de Santa Teresita de Lisieux, patrona de las
misiones junto con San Francisco Javier, y al inicio del mes morado tenemos que recuperar
el misterioso y fecundo rostro de la vida contemplativa como la fuerza oculta de la
misión.
Mi largos años de Obispo misionero en nuestra selva peruana me llevaron a descubrir las
potencialidades de las religiosas de vida contemplativa, el mejor regalo del Señor al
Vicariato apostólico de Yurimaguas.
En 1982 le imploré al Santo Padre la bendición para el proyecto de fundación del primer
monasterio de Carmelitas Descalzas en nuestra Iglesia de la selva. El Santo Padre me
expresó: "hágalo; ellas serán el pararrayos y la fuerza mayor de su misión".
Y así fue. Hoy han ingresado y profesado más de quince jóvenes de la misión.
Quiero recordar a mi tío, el P. Luis, Pasionista que a sus 86 años ha permanecido como
misionero en el Vicariato de Yurimaguas. Hoy se encuentra enfermo en Lima, asociándose
espiritualmente a esta celebración. Fue padre espiritual del monasterio de Carmelitas de
Yurimaguas los últimos 8 años.
Al llegar al Callao expresé mi deseo de tener en el Callao un monasterio de vida
contemplativa. La historia del Callao está amorosamente vinculada a la Virgen del Carmen
de la Legua.
La restauración de su Santuario después del brutal atentado que destruyó la comisaría
aledaña nos unió en acción solidaria.
Mons. Ricardo declaró al Callao ciudad mariana. Junto al Señor del Mar tenemos a la
Madre del Señor que custodia nuestra fe.
Ambas imágenes simbolizan para mí, Obispo formado en la escuela de San Pablo de la Cruz,
marcado por la Pasión de Jesús, la fe del pueblo chalaco.
El Santuario mariano de la Virgen del Carmen de la Legua será justamente santuario. Ya no
será centro parroquial. El Monasterio de Madres Carmelitas será pronto realidad.
Admás acabo de recibir la petición de fundación de otra comunidad de vida
contemplativa: "Familia monástica de Belén y nuestra Señora de la Asunción".
Esta presencia de contemplativas sostendrá la actividad apostólica de todos. Evoco al
iniciar mi servicio episcopal a Santa Teresita de Lisieux proponiéndome plantar el amor
en el corazón de la Iglesia en el Callao.
No me olvidaré de los pobres, de los nuevos lázaros, ni del Evangelio de
hoy.
Mons. Ricardo: trataré de seguir tus huellas y ejemplo. Los pobres estarán dentro de mi
corazón de pastor, ellos me recuerdan el rostro sufriente de Cristo.
Quiero convocar a las autoridades del Callao y a todos a compartir la mesa de la
solidaridad, alma del desarrollo auténtico. Empresarios, los invito a crear juntos un
banco de solidaridad en favor de los pobres y los jóvenes.
Me preocupan los trabajadores cesados por las empresas públicas en las privatizaciones.
Me preocupan los jubilados y las esperanzas frustradas de miles de jóvenes sin trabajo.
Siempre he encontrado a María en mi peregrinar de misionero y creyente. Desde que me
inicié en mi sacerdocio, cuando serví de Obispo en Yurimaguas con Santa María de las
Nieves, patrona del Huallaga y del Alto Amazonas. Aquí en el Callao he confiado mi
ministerio a la Virgen del Carmen de la Legua.
Hermanos periodistas los tendré presentes en su día para que sigan acompañándome a
comunicar la Buena Noticia y que mi propia vida sea buena noticia para todos.
+ MIGUEL IRIZAR CAMPOS, C.P.
Obispo del Callao