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Comunicados de la Conferencia Episcopal Peruana
Sobre la Crisis de los Rehenes

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Ante la lamentable situación provocada por la acción de fuerza de un grupo subversivo en la residencia del Embajador del Japón, manifestamos:

1. Nuestra seria preocupación por la vida y seguridad de las personas detenidas como rehenes, a los que les hacemos llegar nuestra comunión y solidaridad en medio de su angustia y sufrimiento, la que hacemos extensiva a sus familias y a sus países.

2. A los autores de los hechos que repudiamos, les exhortamos en nombre de Dios que cuida y protege toda vida humana, a que respeten a esos hermanos nuestros que no pueden ser nunca utilizados como objeto de presiones y reinvindicaciones, de cualquier género que estos sean. Por lo que reclamamos la inmediata liberación de los rehenes.

3. A las autoridades de Gobierno, a sus representantes o delegados que deben afrontar tan grave y delicada situación, les pedimos el máximo discernimiento y cordura a la hora de elegir los adecuados procedimientos y tomar las decisiones más ponderadas.


4. Que en cualquier situación y emergencia posible, prime siempre el valor de la vida y el respeto a las personas afectadas, por encima de otras consideraciones por razonables que estas puedan parecer.

5. Si entre los reclamos de los autores de estos hechos que lamentamos y condenamos, hay aspectos que deben ser considerados razonables por la sociedad y por el Estado, se tomen las decisiones más convenientes y oportunas. Este sería el caso de una política social que atienda los justos reclamos de los más pobres, lo mismo que la aplicación de una política penitenciaria que conlleve un trato más humano y justo de los detenidos y condenados en las cárceles de nuestro país.

6. Invocamos a todos los que creen en Dios Padre y en su Hijo Jesucristo, cuyo nacimiento estamos por celebrar los próximos días, que oren insistentemente en sus hogares y en las iglesias, para que el Señor ilumine a las autoridades en sus decisiones y toque el corazón de los responsables de los hechos que lamentamos.

Lima, 18 de diciembre de 1996

CONFERENCIA EPISCOPAL PERUANA


1. Han transcurrido 40 días desde nuestro primer pronuciamiento sobre los acontecimientos producidos en la residencia del Embajador del Japón, que han quebrado la paz en el país, manteniendo en un penoso y prolongado cautiverio a tantos hermanos nuestros, a quienes hacemos llegar una vez más nuestra comunión y solidaridad, en medio de su angustia y sufrimiento.
Hacemos extensivos estos sentimientos a sus familiares y amigos.
Desde entonces, hemos compartido junto a nuestro pueblo, nuestra preocupación y esperanza con la oración, misas, jornadas y marchas por la paz. Reconocemos de modo particular el gesto solidario y sacerdotal del Padre Juan Julio Wicht Rossel, S.J., que voluntariamente ha preferido permanecer hasta el final junto a sus hermanos rehenes. Esta presencia de la Iglesia se ha visto reforzada también con la encomiable labor de Monseñor Juan Luis Cipriani Thorne, que se realiza con el asentimiento de la Santa Sede.

2. Hay un amplio consenso nacional e internacional en favor de la solución pacífica que todavía no se ha logrado, a pesar de los cauces creados para resolver este conflicto. Creemos que la vía del díalogo es, ahora más que nunca, imprescindible para alcanzar una solución razonable. Sólo se llega a ella cuando se propician y mantienen las condiciones adecuadas, teniendo en cuenta los cambios que puedan producirse en el proceso y las diversas alternativas viables que puedan darse, como exigencias en la búsqueda de una solución pacífica.

3. En este dificil camino del díalogo, compartimos el clamor de nuestro pueblo que pide a quienes mantienen privados de su libertad a los rehenes deponer esta actitud, pues contradice la ley de Dios y los Derechos Humanos, amenazando la integridad y la vida de todos los que están en la residencia. Así mismo, es un sentir común que corresponde al Estado defender el orden y la ley con la prudencia necesaria para llegar a una solución, en la cual se salvaguarden los derechos a la vida, a la justicia y a la libertad.

4. Junto a ello, juzgamos de vital importancia la acción humanitaria que viene desempeñando el Comité Internacional de la Cruz Roja.

5. En este delicado momento que estamos viviendo en el Perú, invocamos a los responsables de la comunicaciones sociales a cumplir fielmente su misión con la máxima discreción y mesura.

6. Oremos al Señor Jesucristo, Príncipe de la Paz, para que ilumine las mentes y corazones de los que tienen la responsabilidad de buscar solución a este penoso conflicto. Que conforte a los rehenes y a sus familiares. Que los ánimos se apacigüen y prevalezca el deseo de la paz, para que todos los peruanos, unidos como hermanos, podamos trabajar más decididamente en favor de la unidad y la justicia, desterrando para siempre de nuestro suelo los enfrentamientos.
Que María Santísima, Reina de la Paz y Madre Nuestra nuestra, interceda por el Perú y haga de cada uno de nosotros un verdadero instrumento de la paz y de la reconciliación.

Lima, 27 de enero de 1997 LOS OBISPOS DEL PERÚ.