Carta
del Papa Juan Pablo II a Mons. Miguel Irizar, C.P.
(traducción al castellano)
Al Venerable Hermano
MIGUEL IRIZAR CAMPOS
Obispo del Callao
A ti, Venerable Hermano,
que próximamente celebrarás con gozo,
el Vigésimo quinto aniversario de tu ordenación episcopal,
y a los fieles de la diócesis del Callao
que venerarán con singular alegría
a su Pastor y maestro espiritual;
así como también a los fieles de Yurimaguas
que durante varios años estuvieron
confiados a tu solicitud pastoral,
y en esta fecha se alegrarán grandemente.
Yo tampoco quiero estar ausente de esta hora de alegría y gozo, en que el clero y tu pueblo fiel no solo honrarán la meta de tu vida a la que has llegado, sino que también recordarán tus virtudes pastorales y tu diligente actividad.
Cumplidos 10 años de tu ordenación sacerdotal, fuiste enviado al Perú para participar en la ciudad de Lima en la Gran Misión conciliar. Por voluntad de tus superiores, se te pidió ser Coordinador general de la Misión desde la Parroquia de la Virgen María, llamada del "Pilar". Después fuiste nombrado Superior Regional de la Congregación Pasionista en el Perú.
El año 1972, mi predecesor Pablo VI, de preclara memoria, te constituyó, por tu celo misionero, Vicario Apostólico de la comunidad de Yurimaguas y te nombró Obispo titular de Elo. Durante diecisiete años te empeñaste con todas tus fuerzas en el cuidado pastoral de aquella grey.
Después fuiste proclamado Coadjutor del Obispo de la diócesis del Callao, cuyo pleno gobierno recibiste hace ya dos años. Tampoco se nos olvida tu eficaz actuación en la Conferencia de Obispos de esa nación: Miembro del Consejo Permanente, Presidente de la Comisión Episcopal para la Acción Social, Secretario General de dicha Conferencia y Presidente de la Comisión para los medios de comunicación Social, así como también ocupaste cargos importantes en el CELAM (Conferencia del Episcopado de América Latina).
De todo corazón te recuerdo todo esto y lo realizado en tu ministerio pastoral, deseándote prosigas tus trabajos pastorales con renovadas fuerzas. Unido a ti, doy gracias al Señor y pido para que El te conceda un día muy feliz el próximo 25 de julio y se digne colmarte de méritos y consuelo espiritual.
Finalmente, gustosamente impartimos la Bendición Apostólica a ti y a los Vicarios Generales, al clero, a todo el pueblo, así como a tus familiares y amigos. Esta Bendición sea portadora del amor con que estoy unido a ti y sea prenda de los favores celestiales en esta fecha especial de tu vida.
Dado en el Vaticano el 20 de junio de 1997, décimo noveno de nuestro pontificado.
Juan Pablo II