También era muy clara la conciencia del llamado a ser de mi vida un candelabro vivo de amor por el Señor y la Virgen María. Emitir mis compromisos de plena disponibilidad apostólica a perpetuidad en Roma, junto al sucesor de Pedro, cabeza de la Iglesia, y delante de muchos testigos en el contexto de la Fiesta de Pentecostés, ha sido para mí una verdadera bendición.
4. ¿Cuál fue tu reacción cuando te dieron la noticia de que tu profesión perpetua sería en Roma? ¿Te lo esperabas?
¡No me lo esperaba! Yo incluso ya me había imaginado como sería este día y aquí revelo algo que por mucho tiempo lo he tenido como un secreto: quería hacerla en esta Iglesia chalaca, donde hace más de 6 años he conocido muy buenos amigos a través de la Pastoral del Diezmo. Pero como Dios siempre nos gana en generosidad y sus planes son siempre mejores que los nuestros. Su amor que no deja de sorprenderme me ha llevado a Roma, centro de la Cristiandad, lugar de santos y mártires. Me llevó a Roma, al corazón de la Iglesia, para que ahí pueda proclamar con alta voz, fidelidad y amor a Él.
¡Que regalo tan hermoso! Les comparto que me sentí en este momento completamente sobrepasaba por el amor de Dios y esto me hacía pronunciar con el salmista: “¿Cómo pagar al Señor todo el bien que me ha hecho?”. Dios siempre me ha pedido cosas grandes (dejar patria, familia, idioma, planes de vida, etc.), y esta vez no fue diferente.
8- ¿Para ti qué es la vocación?
Es un llamado que espera una respuesta. La vocación es como esa mirada de amor que Cristo dirigió al joven rico, invitando a seguirlo.
En un determinado momento de mi vida yo también sentí esa misma mirada de amor que Cristo me dirigía, invitándome a seguirlo. La vocación no es un traje que te pones encima, como un uniforme, es algo que sacas de ti, de lo profundo de tu corazón, que llevas desde siempre y que por siempre te acompañará. Vayas a donde te vayas, hagas lo que hagas el sello de la vocación es imborrable. La vocación es un regalo que Dios da...es el camino concreto por el cual alcanzas la felicidad que tanto anhela el corazón.
No es algo que tú eliges o decides como lo haces con una profesión. Es algo que te ha sido regalado. Lo único que te toca es acoger ese hermoso regalo y vivirlo.
9- ¿Y cómo saber si Dios nos está llamado?
Él no te va a llamar por teléfono, ni te va a enviar un mail. Dios llama en la intimidad del corazón. Haz silencio en tu interior y escucharás su voz. La iniciativa es divina.
Dios es quien nos elige y escoge a vivir una especial intimidad con Él, a expresar nuestro amor a Él y a la humanidad con la entrega generosa de nuestros talentos y toda nuestra existencia.
No tengan miedo de abrir de par en par sus corazones al amor del Señor. Para responder al amor de Dios, a su llamado, no hay palabras, hay hechos. ¡La entrega de todo nuestro ser a Él! Ésa es la respuesta.
No nos contentemos en ser buenos, la meta es ser santos. Acordémonos de las últimas palabras de Juan Pablo II: “Soy feliz, sedlo también vosotros”.
REPORTAJE
Realizado por:
Franklin Nieves Cruz |