Historia de la Diócesis Dctos: Papa Juan Pablo II
Mons. Miguel  Irízar C.
Informativo Semanal Boletín Diocesano
Stella Maris
Boletín Oficial Advocaciones Chalacas Jubileo del 2000 La Curia Romana
  Links Católicos Archivo  

index

 

 

 

 

Regresar al contenido del Informativo Num 10jubila.gif (18920 bytes)

 

 

Jubileo

Se debe acoger los dones que el Espíritu pone en los laicos

Mensaje del Papa llama a los pastores de la Iglesia a integrarlos en las estructuras diocesanas y parroquiales

"Reconocer las múltiples formas de presencia del Espíritu en la Iglesia", pidió Juan Pablo II en el mensaje a los participantes en el Seminario de Estudio sobre los movimientos eclesiales y las nuevas comunidades, promovido por el Pontificio Consejo para los Laicos, en colaboración con la Congregación de los Obispos y la Congregación para la Doctrina de la Fe, que tuvo lugar en Roma del 16 al 18 de junio.

«Soy bien consciente de que los movimientos y las nuevas comunidades, como toda obra que, aunque bajo el impulso divino, se desarrolla dentro de la historia humana, no han despertado en estos años sólo consideraciones positivas", dijo.

A pesar de los primeros recelos que pudo haber suscitado su aparición, el Santo Padre recordó elPapa encuentro que tuvo con los laicos en Roma el año pasado, donde por su testimonio vio el advenimiento de una "etapa nueva: la de la madurez eclesial", si bien en la plena conciencia de que "esto no quiere decir de que todos los problemas se hayan resuelto", ya que esta madurez "es sobretodo un desafío. Un camino por recorrer".

"Este itinerario exige por parte de los movimientos una comunión cada vez más sólida con los pastores que Dios ha elegido", y que toda comunidad está llamado a vivir según su carisma en beneficio de la Iglesia local a la que pertenece, y siempre bajo la tutela de los pastores de la Iglesia. Luego pidió a los pastores magnanimidad "en la paternidad y caridad con amplitud de miras hacia estas realidades, porque cada obra de los hombres necesita de tiempo y paciencia para su debida e indispensable purificación".

Su primera tarea es la de "abrir los ojos del corazón y de la mente para reconocer las múltiples formas de presencia del Espíritu en la Iglesia",para "considerarlas y conducirlas todas a la unidad en la verdad y en la caridad".

"He constatado públicamente su disponibilidad –de los laicos- a poner sus propias energías al servicio de la Sede de Pedro y de las Iglesias locales", agregó.

Uno de los frutos más importantes en estas nuevas realidades ha sido generar "un vivaz impulso misionero indispensable para la Iglesia, que se prepara a cruzar el umbral del tercer milenio", que se alcanza sólo si ellos "se integran con humildad en la vida de las Iglesias locales y son acogidos por los pastores en las estructuras diocesanas y parroquiales".

Para terminar les dijo, que "vuestra gran responsabilidad es la de no hacer vano el don del Espíritu sino, al contrario, hacerlo fructificar siempre más en el servicio a todo el pueblo cristiano"