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Jubileo

Jóvenes: llamados a ser los santos del nuevo milenio

Juan Pablo II los exhorta en mensaje por Jornada Mundial de la Juventud del 2000

Mientras se siguen dando los preparativos con motivo de lo que será el Jubileo de los Jóvenes, Su Santidad, Juan Pablo II, se dirigió a todos ellos en un mensaje que será el tema de reflexión de las jornadas que vivirán en Roma del 15 al 20 de agosto del 2000.

«La Palabra se hizo carne, y puso su Morada entre nosotros» (Jn 1,14), es el título con el que el Papa hace un llamado a la meditación sobre el gran misterio del cristianismo; y en cuyo contenido más adelante los exhorta a "no tener miedo", frase esta que se ha hecho muy frecuente a lo largo de su pontificado.

Así, les invoca en el mensaje: "Jóvenes de todos los continentes, ¡no tengáis miedo de ser los santos del nuevo milenio!", manifestándoles que si bien en el mundo actual la vida es dura, sólo en Cristo se puede alcanzar la santidad, pues con solo las fuerzas humanas, esta empresa es imposible.

pjovenes.jpg (18567 bytes)La Cruz de Cristo

Igualmente en su mensaje, les recuerda cómo hace quince años, cuando se iniciaron las jornadas mundiales de la juventud, les hizo entrega de una cruz que debería recorrer los cinco continentes; "como signo del amor del Señor Jesús por la humanidad y como anuncio que sólo en Cristo muerto y resucitado hay salvación y redención."

Añadió que en esta peregrinación se ha ido mostrando que "la Cruz camina con los jóvenes y que los jóvenes caminan con la cruz".

Indicó además que luego de este largo andar, "esta Cruz vuelve a Roma trayendo consigo la oración y el compromiso de millones de jóvenes que en ella han reconocido el signo simple y sagrado del amor de Dios a la humanidad".


"Abrir de par en par las puertas a Cristo"

Continuando con su mensaje, Juan Pablo II les hizo invitación con la misma frase que uso al iniciar su pontificado, para que abran sus puertas para acoger a Cristo. Explicando que ello «significa recibir del Padre el mandato de vivir en el amor a él y a los hermanos, sintiéndose solidarios con todos, sin ninguna discriminación; significa creer que en la historia humana, a pesar de estar marcada por el mal y por el sufrimiento, la última palabra pertenece a la vida y al amor, porque Dios vino a habitar entre nosotros para que nosotros pudiésemos vivir en Él».

Finalmente el Papa los llama a ser contemplativos, para permanecer admirando extasiados "ante el recién nacido que María ha dado a luz, envuelto en pañales y acostado en un pesebre" que "es Dios mismo entre nosotros". Y añade "mirad a Jesús de Nazaret, por algunos acogido y por otros vilipendiado, despreciado y rechazado: es el Salvador de todos. Adorad a Cristo, nuestro Redentor, que nos rescata y libera del pecado y de la muerte: es el Dios vivo, fuente de la Vida".