Historia de la Diócesis Dctos: Papa Juan Pablo II
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Jubileo

Debemos reafirmar nuestra creencia en la presencia de
Cristo en la Eucaristía

En solemnidad del Corpus Christi monseñor Irizar exhortó a no caer en ambigüedades

Con un lleno total que incluyó el coro de la Catedral, se celebró en la Iglesia Matriz del Callao la Solemnidad del Corpus Christi, Cuerpo y Sangre de Cristo, presidida por Monseñor Miguel Irizar, que incluyó una procesión por calles aledañas al templo.

Al dirigirse a la audiencia, integrada por seminaristas, religiosas, personas consagradas y laicos, hizo un llamado a hacer una profesión de fe, pues «creemos en la presencia real del cuerpo y la sangre de Cristo en el santísimo sacramento de la eucaristía»; agregando que debemos «reafirmar esta verdad sin interpretaciones ni ambages».
Asimismo, señaló que la Iglesia es única y se mantiene unida porque «el mismo Señor está presente en ella, que es también Cuerpo de Cristo, y se nutre de El».

Monseñor Irizar se centró en la importancia que para nosotros, como pueblo de Dios, tiene la entrega que Cristo mismo hizo de su cuerpo y sangre para lograr la salvación de todos los hombres, y que se recuerda en el memorial de la santa Eucaristía, que nos permite recibir el pan de vida eterna, superior al maná que recibieron los israelitas en el desierto.

Finalizada la eucaristía se dio inicio a la tradicional procesión del Santísimo Sacramento, por calles aledañas a la catedral, asistiendo representaciones de varias parroquias, como Nuestra Señora del Rosario, Sagrada Familia, San Agustín, y otras.

La Hostia Consagrada llevada en la custodia, precedida por la cruz procesional y por estandartes de las hermandades y parroquias presentes, recibió por cada calle que pasaba la alegría de los pobladores, que desde sus balcones le arrojaron pétalos de flores, al tiempo que se entonaban los tradicionales cantos eucarísticos.

Al final de la procesión, se llevó a cabo la reserva con un acto de adoración por parte del clero y del pueblo católico presente en las afueras de la Iglesia, para finalmente ingresar al templo, para guardar el Santísimo Sacramento en el Sagrario, acompañado de sacerdotes, diáconos y seminaristas que participaron de la Solemnidad.