Jubileo
Juan Pablo II da a conocer su deseo de peregrinar por Tierra Santa
Solicita no distorsionar sentido religioso de la misma
Buscando cumplir con un sueño dorado, el Papa Juan Pablo II dio a conocer mediante una carta, su deseo de hacer una peregrinación por Tierra Santa, para así, retornando a las raíces de nuestra fe, recorrer paso a paso la historia de la salvación. Señalando al mismo tiempo el sentido exclusivamente religioso que tendrá este recorrido.
En esta carta, que fue firmada durante la solemnidad de San Pedro y San Pablo, explica detalladamente los lugares por donde sería el recorrido, y que estaría dividido en tres etapas: El Antiguo Testamento, las huellas de Jesús, y los orígenes de la Iglesia.
El
Antiguo Testamento: encuentro con las raíces
El Papa, deseoso de expresar la conciencia que tiene la Iglesia de sus lazos con el pueblo judío, por haber sido el elegido por Dios para establecer la antigua alianza, iniciará su aventura espiritual en Ur de los Caldeos, pueblo natal de Abraham, y por tanto cuna de las tres grandes religiones: Cristiana, Judaísmo e Islam. En dicho lugar, cuyo nombre actual es Tal al Muqayyar, situado al sur de Irak; Juan Pablo II recuerda que fue donde "Abraham escuchó la palabra de Dios que lo sacaba de su tierra, de su pueblo, y en cierto sentido de si mismo, para hacerle instrumento de un designio de salvación". Continuando por tierras bíblicas, el Santo Padre seguiría por el Monte Sinaí, lugar de la revelación a Moisés, y donde se le entregó las Tablas de la Ley. Sitio que en palabras de Monseñor Gianfranco Ravasi, director de la Biblioteca Ambrosiana de Milán, es "el lugar de la Palabra, de la Alianza, de la comunión entre Dios y su pueblo".
Esta primera parte finalizaría en el monte Nebo, desde el cual Moisés divisó la tierra prometida.
Siguiendo a Jesús
La historia de la salvación continuó dentro de la llamada "tierra prometida", y es por ahí por donde el Obispo de Roma quiere continuar. Desde el lugar de la anunciación, Nazareth, y pasando luego por el nacimiento en la gruta de Belén; Juan Pablo II quiere llegar a Jerusalén para "si Dios quiere, sumergirme en la oración, llevando en el corazón a toda la Iglesia. Aquí contemplaré los lugares en donde Cristo dio su vida y la retomó después en la resurrección, donándonos a su Espíritu".
Siguiendo con su posible estancia en Jerusalén, dice "aquí quiero gritar una vez más la profunda y consoladora certeza de que "tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo único, para que todo el que crea en El no perezca, sino que tenga vida eterna"".
Los orígenes de la Iglesia
Juan Pablo II no vería completa la peregrinación por tierras sagradas, si no hiciera una reflexión en los lugares donde los apóstoles iniciaron la construcción de la Iglesia, fundamentada en Cristo como la piedra angular; y que por tanto, testimonian los inicios del cristianismo.
Para esta etapa final, el Papa menciona en su carta a dos ciudades de manera especial, y que tienen que ver con el gran apóstol del cristianismo, Pablo. Una es Damasco, lugar donde cae del caballo y pasa de perseguidor de cristianos a ser un llamado de Dios, iniciando su conversión; y la otra es Atenas, escenario de su discurso a los paganos.
Una peregrinación exclusivamente religiosa
Juan Pablo II ha querido resaltar en su carta el sentido estrictamente religioso que tiene esta peregrinación por Tierra Santa, ya que habrían intereses que la podrían utilizar para hacer interpretaciones que la sacarían fuera de su finalidad. "Se trata de una peregrinación exclusivamente religiosa, ya sea por su naturaleza, ya sea por sus finalidades; y me dolería mucho que se atribuyeran a este proyecto mío significados diferentes".
Hay que recordar que las ciudades y lugares que el Papa añora visitar, son zonas en conflicto, por ejemplo, el área donde está ubicada Ur de los Caldeos es la "zona de exclusión aérea", impuesta por las Naciones Unidas a Irak luego de la guerra del Golfo Pérsico en 1991, es en otras palabras, una tierra que aún conserva las heridas del conflicto armado. Además está el conflicto que durante siglos ha enfrentado a árabes y judíos, por lo que monseñor Pietro Sambi, nuncio apostólico en Israel, ha señalado que es de desear que la visita tenga lugar en el marco de la reanudación de los acuerdos de paz entre israelíes y palestinos. Por estos motivos, en varias ocasiones los representantes de la Santa Sede han dejado en claro que esta peregrinación se llevará a cabo sólo si los países y facciones en conflicto no la instrumentalizan.
En la carta, el Santo Padre, añade que el viaje "desde ahora lo estoy haciendo en sentido espiritual, pues ir, aunque sólo sea en el pensamiento a estos lugares, significa en cierto sentido releer el mismo Evangelio, significa recorrer los caminos que ha recorrido la Revelación".
En busca de la unidad perdida
Juan Pablo II confiesa en la carta que uno de los objetivos fundamentales que persigue con estos recorridos en los lugares sagrados, es la recuperación de la unidad perdida entre los cristianos; por esto ha invitado a todos los seguidores de Cristo de las diferentes confesiones a reunirse con él en estos santos lugares para testimoniar al Hijo de Dios y "confirmar el recíproco compromiso por el restablecimiento de la plena comunión". Asimismo manifestó que este viaje ofrece la posibilidad de entablar el diálogo con las tres grandes religiones monoteístas. Ya que el Jubileo debe ser un vehículo que aumente la conciencia de los vínculos que unen a los cristianos con los judíos, para de esta formar superar las "incomprensiones" pasadas.
Además ayudaría para aumentar el conocimiento y la estima recíproca con el Islam, "en el esfuerzo por testimoniar el valor del compromiso religioso y el anhelo por construir una sociedad más conforme al designio de Dios, en el respeto de cada ser humano y de la creación".
En esta carta, que recoge las impresiones que como arzobispo de Cracovia tuvo en su visita a Tierra Santa en 1965, invita a todo aquel creyente que desea "celebrar en la fe el gran Jubileo", a "emprender ese viaje interior que tiene por objetivo el desapegarnos de todo aquello que, dentro de nosotros o en nuestro entorno, va contra la ley de Dios, para permitirnos encontrar plenamente a Cristo, confesando nuestra fe en El y recibiendo la abundancia de su misericordia".