JUBILEO
Jornada
Histórica: Fueron más de un millón
el Papa y los Jóvenes
El grandioso espectáculo
de más de un millón de personas concentradas el domingo 25 de Agosto en París
para asistir a la misa celebrada por Juan Pablo II para clausurar las XII Jornadas
de la Juventud junto con ser un sorprendente movimiento sociológico de masas,
sobrepasó las expectativas y cálculos meramente humanos para convertirse en
una lección de fe del Espíritu para los hijos de la Iglesia. Cada dos años,
el Pontífice conmueve al mundo con un fenómeno que sorprende y que al decir
de San Agustín es «siempre antiguo y siempre nuevo», pues se trata de la acción
del Espíritu Santo en el seno de su Iglesia, que en este caso reúne a jóvenes
de todo el mundo. Es cada dos años que el Papa se reúne con cientos de miles
de jóvenes en una peregrinación que tiene como escenario el conjunto del planeta.
Santiago de Compostela, Denver, Buenos Aires, Manila, Czestochowa y ahora París, son algunas de las etapas de un itinerario que ha sido y sigue siendo sorprendente para muchos. En cada ocasión, desbordando siempre las previsiones y las cifras de la cita anterior, Juan Pablo II ha agrupado en torno a Jesús, el Señor, a representantes de la juventud de todo el planeta para plantearles el eterno mensaje del Evangelio: el mundo y el hombre sólo pueden progresar de cara a Dios Amor, que se ha manifestado en su Hijo, y por medio de Él ha manifestado la plenitud de la vocación humana.
Lo curioso y significativo del éxito de estos encuentros con los jóvenes es que se han producido sin entibiar el genuino mensaje de Cristo. Pablo VI hablaba con convicción rotunda de la civilización del amor. Juan Pablo II ha profundizado en el mensaje lanzado por su predecesor y a él ha unido su intenso carisma personal que tantas simpatías y adhesiones suscita entre todo tipo de gentes. Ambos, el Papa Montini y el Papa Wojtyla, se negaron a transigir con las fáciles concesiones a las modas del momento aun a costa de pagar un elevado precio por ello. Si desde una visión horizontal sorprende el éxito que resultan ser éste tipo de concentraciones juveniles sin tener que recurrir a adaptar el mensaje a los supuestos gustos acomodaticios de los oyentes, por otro lado se deja entrever como el ser humano de ayer y hoy se sabe llamado a lo grande y encuentra en el anuncio transparente del evangelio la respuesta a este anhelo inscrito en su corazón.
El Santo Padre habla con toda claridad desde el evangelio del Señor a los jóvenes y éstos, en lugar de soliviantarse y dejarle de lado, escuchan gustosos y le agradecen que les sean ofrecidas las palabras de vida que calman el hambre de Verdad, de Amor, de Dios que experimentan. En el fondo, una de las razones de la atenta escucha al mensaje del Vicario de Cristo en la tierra reside precisamente en su capacidad para toma a los jóvenes en serio y considerarles aptos para llevar adelante grandes empresas, como la de asumirse responsablemente a sí mismos, recorriendo el camino de la santidad con la mirada puesta en el horizonte de esperanza que Cristo mismo ofrece.
Lo que el Santo Padre ha venido realizando es una lección para una sociedad que según los múltiples medios de comunicación que dicen representarla pareciera deslizarse aceleradamente hacia una mentalidad hedonista, autosuficiente y aún nihilista, pero cuyos miembros no dejan de buscar desde sus corazones a Dios y el camino que a El conduce. Ante la sinceridad y la franqueza con que el Papa habla, aún a riesgo de ser impopular, los jóvenes reaccionan con una curiosa mezcla de admiración y asentimiento.