JUBILEO
Visita del Santo Padre a
Brasil para II Encuentro Mundial con las familias
En medio de la alegría y el entusiasmo de miles de personas, Su Santidad Juan Pablo II
arribó el día 2 de Octubre a la ciudad de Río de Janeiro. La visita del Santo Padre al
Brasil - su tercera a dicho país - eleva al número de ochenta sus visitas apostólicas
fuera de Italia desde que fuera elegido a la Cátedra de Pedro en 1978. Durante su
estadía de 4 días en Brasil, el Papa Juan Pablo II asistió al II Encuentro Mundial con
las Familias, que se llevó a cabo los días 4 y 5 del presente mes.
l Santo Padre arribó a la base aérea de Galeao por la tarde del miércoles. Ahí mismo fue recibido por el presidente Henrique Cardoso así como por numerosas autoridades religiosas, civiles y militares. El mismo presidente Cardoso ayudó al pontífice hasta el estrado donde el Santo Padre dio el primero de ocho discursos programados en su visita. Durante la ceremonia participó también un coro de niños que ondeando banderas brasileñas cantaban: «A Bencao, Joao de Deus», que significa «Bendícenos, Juan de Dios», nombre por el que el Papa es conocido en el Brasil desde su primera visita.
En sus palabras, el Santo Padre agradeció el cálido recibimiento, recordando que «la fe despierta el sentido de la fraternidad». Asimismo, apeló a un progreso ordenado que alcance a todas la categorías sociales en conformidad con los principios de justicia y caridad cristianas. En su discurso, el Papa Juan Pablo II mostró su preocupación por «el desigual e injusto reparto de las riquezas» y «los conflictos en la ciudad y en el campo», así como por la «infancia desprotegida en las grandes ciudades». El Santo Padre observó que estos problemas suponen un desafío para los gobernantes. Antes de finalizar su discurso, S.S. Juan Pablo resaltó la necesidad de defender los valores de la familia. Luego de la ceremonia de bienvenida, el Santo Padre avanzó por las calles de Río en medio de una gran multitud mientras sonaban las campanas de las Iglesias. El Papa se dirigió finalmente a la residencia del Cardenal Arzobispo de Río, Eugenio Sales, en el cerro de Sumaré.
Presencia en el Congreso sobre la Familia
Por la tarde, el Santo Padre asistió a la clausura del Congreso Teológico-Pastoral, dedicado al tema de la familia. Ante más de 2.500 personas de 40 países de todo el mundo clausuró el Congreso Teológico-Pastoral que se ha venido llevando a cabo en la ciudad de Río de Janeiro.
Durante su discurso el Santo Padre tocó puntos fundamentales de la doctrina de la Iglesia en relación con el matrimonio y la familia. En sus palabras, el Pontífice condenó el egoísmo creciente de la sociedad actual, que obstaculiza la formación de una familia cristiana. También resaltó la importancia de la fidelidad y el respeto a la vida «desde el principio», enfatizando que «la familia debe estar al servicio de la vida». Asimismo, subrayó que la unión sacramental de un hombre y una mujer son símbolo de la unión de Cristo con la Iglesia, añadiendo que «en Cristo, Dios asumió la condición humana y se encarnó como hombre en una familia».
«La familia es vivificada y fundamentada por el amor, y es el lugar propio donde cada persona está llamada a experimentar, hacer propio y participar de aquel amor sin el cual el hombre no puede vivir», explicó el Papa Juan Pablo, observando luego que sin el amor la vida entera del hombre queda vacía de sentido.
«El Papa quiso venir a Río para saludaros de brazos abiertos, a semejanza del Cristo Redentor, que abarca esta maravillosa ciudad desde lo alto del Corcovado. Y viene para confirmaros en la fe, para sustentar vuestro esfuerzo en testimoniar los valores evangélicos». Asimismo, el Papa Juan Pablo II advirtió sobre las fuerzas disgregadoras del mal que ponen en riesgo la familia: «Cuando fuerzas disgregadoras del mal consiguen separar el matrimonio de su misión o del respeto a la vida humana, atentan contra la humanidad, robándole una de sus garantías fundamentales de su propio futuro».
Luego de su discurso oficial, el Santo Padre improvisó unas palabras en portugués. Observando una arquitectura divina y una humana en la ciudad de Río, el Papa Juan Pablo II dijo que «el hombre es la imagen de Dios. Esta inspiración de la arquitectura es importante para las familias, porque también la familia, en sí misma, es una arquitectura divina y humana. Y después la familia necesita de esa arquitectura divina y humana para vivir, para permanecer, para encontrar una casa».
Entre los cantos que manifestaban la alegría y el entusiasmo de los presentes, el Santo Padre se despidió diciendo que «el Señor quiere bendecir a todas las familias del mundo. Saludo a todos los presentes y a los representantes. Hasta la próxima. Hasta mañana». Luego de esto, el Santo Padre se retiró a la residencia del Cardenal Arzobispo de Río, Eugenio Sales, en el cerro de Sumaré, donde pasó la noche.
Encuentro en el Estadio de Maracaná
Al día siguiente - 4 de Octubre - en un marco impresionante de gente - más de ciento diez mil fieles - Su Santidad Juan Pablo II participó en el Encuentro de testimonio y de fiesta de las familias del mundo, que tuvo lugar en el Estadio de Maracaná. Durante su discurso, el Santo Padre declaró que la familia dignifica al mundo. De la misma manera, condenó el aborto y la miseria, afirmando que «las sociedades que se despreocupan de la infancia son inhumanas e irresponsables». «Los hogares que no educan integralmente a sus hijos, que los abandonan, cometen una gravísima injusticia de la que deberán rendir cuentas delante del tribunal de Dios», afirmó el Vicario de Cristo. El Papa habló también sobre la fidelidad en el matrimonio y recordó los mensajes de la Madre Teresa sobre el «inestimable valor de la vida desde el vientre».
Interrumpido numerosas veces por los aplausos de los participantes, el Santo Padre señaló también la necesidad de un amor responsable para con los hijos, pidiendo que los padres los defiendan como «un don de Dios desde el momento en que son concebidos; en que la vida humana surge del vientre de las madres». Luego de esto, hizo un enérgico llamado en contra del aborto, para que «el crimen abominable del aborto, vergüenza para la humanidad, no condene a los concebidos a las más injusta de las ejecuciones». Recordando a la Madre Teresa de Calcuta, dijo que «aquellos labios están ahora mudos por la muerte. Mas el mensaje de la Madre Teresa en favor de la vida continúa vibrante y convincente».
"Sé que no pocas familias son, a veces, víctimas de situaciones mayores que ellas mismas» observó el Santo Padre, subrayando que en tales casos se debe apelar a la solidaridad de todos, pues si no «los niños acaban sufriendo muchas formas de pobreza: la de miseria económica y, sobre todo, la de miseria moral, que produce el fenómeno al que aludía en la Carta a las familias: 'hay muchos huérfanos de padres vivos'». Antes de despedirse, el Santo Padre pidió a todos un compromiso por las familias, por los hijos, por los jóvenes. Asimismo, el Santo Padre escuchó el emocionante testimonio de 15 familias representando a 11 países. Entre quienes dieron su testimonio estaba la hija de Gianna Beretta Molla, quien fuera recientemente beatificada por el Papa Juan Pablo II, por defender la vida de su propia hija en el vientre incluso a costa de su vida.
El Gran Encuentro
En un clima impresionante de fe y alegría, más de dos millones de personas - algunas fuentes incluso estimaron dos millones y medio - se reunieron con el Papa Juan Pablo II para participar de la Misa de clausura del II Encuentro Mundial del Santo Padre con las familias. Joaquín Navarro-Vals, director de la Sala de Prensa de la Santa Sede, comentó que ésta había sido una de las más concurridas celebraciones que ha presidido el Pontífice. «No tengo total seguridad para decir si es la más multitudinaria, pero sí puedo decir que es una de las mayores celebradas por cualquier Papa en la historia de la Iglesia Católica», afirmó Navarro-Vals.
En su homilía, el Santo Padre recordó uno vez más que la «familia es la esperanza de la humanidad». «De hecho - señaló el Vicario de Cristo -, a través de la familia, toda la existencia humana está orientada hacia el futuro. En ella el hombre viene al mundo, crece y madura. En la familia, se hace un ciudadano de su país cada vez más maduro y un miembro de la Iglesia cada vez más consciente». De la misma manera, reclamando una toma de conciencia sobre la importancia del papel de la familia en la sociedad, el Santo Padre señaló que «la familia es esta particular, y al mismo tiempo fundamental comunidad de amor y de vida sobre la cual se apoyan todas las demás comunidades y sociedades». En sus palabras, advirtió también sobre el peligro de la mentalidad moderna. «No dejen que la mentalidad hedonista, la ambición y el egoísmo entren en sus hogares», dijo ante la inmensa multitud de fieles, cuyo número sobrepasó una vez más toda expectativa. Asimismo, el Santo Padre habló también sobre el matrimonio. Afirmando su indisolubilidad, el Papa recordó que «el hombre deja a su padre y a su madre y se une a su mujer, convirtiéndose una sola carne», resaltando que «esta unión conyugal se enraíza en el conocimiento y en el amor, es decir, en la dimensión espiritual». De la misma manera, el Papa añadió que «el texto de la Carta a los Hebreos nos recuerda que la santificación del matrimonio, como la de cualquier otra realidad humana, fue realizada por Cristo con el precio de su Pasión y Cruz». «Lo que Dios unió - resaltó el Papa - que no lo separe el hombre».
Luego, dirigiéndose a los matrimonios presentes en el Aterro do Flamengo - y a través de ellos a los matrimonios del mundo entero -, el Papa Juan Pablo recordó el amor de Dios hacia ellos: «Dios os ama. Él desea vuestra felicidad, pero quiere que sepáis unir siempre la fidelidad con la felicidad, pues no puede haber una sin la otra».
Finalmente, el Santo Padre exhortó a las familias del mundo entero a que se comprometan con el anuncio del Evangelio. «Ojalá que estas jornadas mundiales de la familia "cariocas" dejen en el corazón de todos una huella de compromiso a favor de la familia y de esperanza para la humanidad», dijo el Santo Padre al despedirse del mar humano reunido en el Aterro do Flamengo con el entusiasmo de la fe y la alegría de reunirse en esta magna asamblea eclesial. «Familias de Brasil, de América Latina y del mundo - concluyó el Santo Padre -, el Papa, la Iglesia se apoyan en vosotros. Tengan confianza: Dios está con nosotros».