CUBA
EL SANTO PADRE VISITA CUBA
El presente artículo quiere ser una sencilla síntesis que, recogiendo diversos impresiones así como extractos de las homilías y discursos del Santo Padre, permita a nuestros lectores hacerse una idea de lo que fue la visita del Papa Juan Pablo II a Cuba.
El día Miércoles 21 de enero, a las 16:00 horas locales el Papa Juan Pablo II arribaba al aeropuerto internacional José Martí de La Habana iniciando así la que para muchos era la visita pastoral de mayor trascendencia histórica en la última década.
Bajo la atenta mirada de obispos, autoridades, decenas de cubanos que pudieron ingresar a la explanada y cientos de periodistas congregados en el aeropuerto, el Pontífice - tras recibir la bienvenida del Nuncio Apostólico en Cuba, Mons. Beniamino Stella y del Arzobispo de La Habana, Cardenal Jaime Ortega - salió sonriente del avión. El Santo Padre realizó varios gestos de saludo y descendió luego a suelo cubano entre vivas y lemas como "Juan Pablo II te quiere todo el mundo", el mismo que acompañó los preparativos de su visita.
La presencia del Santo Padre en aquella isla ha marcado un hito más en su pontificado. De cuerpo frágil, con una salud un tanto debilitada, pero una irresistible fuerza interior que emana de su amor al Señor y a la Iglesia, el Vicario de Cristo ha querido llevar el testimonio del Evangelio a una nación sumida en una profunda crisis. Además de los agudos problemas económicos de Cuba y la delicada situación política el sucesor de Pedro se encontró con una nación golpeado por una profunda crisis moral, en parte fruto de un sistema político y social totalitario y consecuentemente inhumano.
Cuba - uno de los últimos bastiones de la fracasada ideología comunista - vive en el seno de su sociedad una dolorosa descomposición moral. El desconocimiento - para muchos - de la fe cristiana, la difundida promiscuidad sexual que lacera el valor de la familia, la tasa de abortos más alta del mundo, los sincretismo religiosos más variados producidos por la mezcla de elementos de la fe cristiana con credos afrocaribeños, la educación en un credo social y político que niega a Dios y la posible referencia a valores trascendentes, son algunos de los rasgos que reflejan esta penosa realidad.
Con todo Juan Pablo II ha realizado este viaje a la llamada 'Perla del Caribe' con plena conciencia de a quienes se dirigiría. Con la clara voz del pastor que conoce a sus ovejas hablaba a creyentes y no creyentes alentando a los primeros en la fe y despertándola en los segundos, para invitarlos juntos a construir una nueva Cuba. Alentaba así a la corresponsabilidad de todos los cubanos en la edificación de una nueva sociedad, cuyo fermento eficaz solo puede ser el Evangelio de Jesucristo.
Si por un lado Fidel Castro recibió al Papa Juan Pablo II con un lamentable discurso cargado de conceptos ideológicos en el que buscó aprovechar la presencia del Santo Padre para hablar del "genocidio" en la historia de Cuba y de América Latina, equiparar a los revolucionarios cubanos con los mártires cristianos, ignorar los frutos de la evangelización y criticar las medidas económicas contra Cuba, el Santo Padre supo responder con un mensaje que abría las puertas al dialogo y encuentro con los habitantes de la isla.
El Santo Padre inició su discurso dando gracias a Dios porque "me han permitido venir hasta esta tierra calificada por Cristóbal Colón como la más hermosa que ojos humanos han visto", donde "fue plantada hace ya más de 500 años la cruz de Cristo, cruz celosamente conservada hoy como un tesoro en el templo parroquial de Badajoz". "Sé bien cuanto han esperado el momento de mi visita y saben cuanto lo he deseado yo".
"Me llena de satisfacción visitar esta nación, estar entre ustedes y poder compartir así unas jornadas llenas de fe, de esperanza y de amor", expresó el Santo Padre. "Quiera Dios que esta visita que hoy comienza sirva para animar el empeño de poner su propio esfuerzo para alcanzar esas expectativas con el concurso de cada cubano y la ayuda del Espíritu Santo".
"Ustedes son y deben ser los protagonistas de su propia historia personal y nacional, así mismo saludo cordialmente a todo el pueblo cubano bendiciéndoles a todos sin excepción, hombres y mujeres, ancianos y jóvenes, adolescentes y niños a las personas que encontraré y a las que no podrán acudir por diversos motivos a las diferentes celebraciones", dijo el Papa.
El Santo Padre mostró su solidaridad con el pueblo cubano en sus "afanes, alegrías y sufrimientos" y los invitó a vivir 'el misterio del amor de Dios'. "Con este viaje apostólico vengo en el nombre del Señor para confirmarlos en la fe, animarlos en la esperanza, alentarlos en la caridad para compartir su profundo espíritu religioso, sus afanes, alegrías y sufrimientos celebrando como miembros de una gran familia el misterio del amor divino y hacerlo presente más profundamente en la vida y en la historia de este noble pueblo sediento de Dios, de valores espirituales que la iglesia en estos cinco siglos de presencia en la isla no ha dejado dispersar".
"Vengo comprendido del amor, de la verdad, de la esperanza, con el deseo de dar un nuevo impulso a la labor evangelizadora que aún en medio de dificultades esta iglesia local mantiene con vitalidad y dinamismo apostólico caminado hacia el tercer milenio cristiano" dijo el Papa y añadió que "en el cumplimiento de mi ministerio no he dejado de anunciar la verdad sobre Jesucristo, el cual nos ha revelado la verdad sobre el hombre, su misión en el mundo, la grandeza de su destino y su inviolable dignidad".
El Santo Padre afirmó una vez más que "el servicio al hombre es el camino de la Iglesia" y por eso compartió su "convicción profunda de que el mensaje del Evangelio conduce al amor, a la entrega, al sacrificio y al perdón, de modo que si un pueblo recorre este camino, es un pueblo con esperanza de un futuro mejor".
El Pontífice invitó a los cubanos a que "no tengan miedo de abrir sus corazones a Cristo", de modo que "Él entre en sus vidas, en sus familias, en la sociedad, para que así todo sea renovado. La Iglesia repite este llamado colocándose sin excepción ante todas las personas, familias, pueblos para que siguiendo fielmente a Cristo encuentre el sentido pleno de sus vidas, se pongan al servicio de sus semejantes, transformen las relaciones familiares, laborales, sociales, lo cual redundara siempre en el beneficio de la patria y de la sociedad".
El Santo Padre afirmó que "la Iglesia en Cuba ha anunciado siempre a Jesucristo aunque en ocasiones ha tenido que hacerlo con escasez de sacerdotes y en circunstancias difíciles" y expresó su "agradecimiento a tantos creyentes cubanos por su fidelidad a Cristo, a la Iglesia, al Papa, así como con el respeto demostrado hacia las tradiciones religiosas más queridas aprendidas de los mayores y por el valor y considerable espíritu de entrega que han testimoniado en medio de sus sufrimientos y anhelos".
"Acompaño con la oración mis mejores votos para que esta tierra pueda ofrecer a todos gozar de libertad, de confianza recíproca, de justicia social y de paz verdadera. Que Cuba se abra con todas sus magníficas posibilidades al mundo y que el mundo se abra a Cuba, para que este pueblo que como todo hombre y nación que busca la verdad, que trabaja por salir adelante, que anhela la concordia y la paz, pueda mirar el futuro con esperanza"
El Santo Padre encomendó finalmente su visita pastoral a la Virgen de la Caridad del Cobre y agradeció "de corazón esta calurosa acogida" del pueblo cubano, "sintiéndome muy unido a los amados hijos e hijas de Cuba".
Cubanos de todo el centro recibieron al Papa en Santa Clara
El día siguiente, Jueves 22 de enero - en el lugar donde hace casi cuarenta años se inició la revolución castrista - ciento veinte mil personas se congregaron para escuchar el mensaje de vida y esperanza traído por el Santo Padre y compartido en el marco de una eucaristía dedicada a las familias de cuba. La multitud comenzó a llegar desde el día Miércoles por la noche para lograr una buena ubicación en el campo deportivo Manuel Fajardo.
La asistencia superó todas la expectativas y pronósticos de la Iglesia en una diócesis que cuenta con sólo dos mil personas que se declaran católicos practicantes. La imagen de la Virgen de la Caridad del Cobre, un mar de banderas vaticanas y cubanas, una imagen del Papa de 5 metros de ancho por 7 de altura, y un altar construido con palmas y madera, adornado con el escudo papal, rosas blancas y amarillas, constituyeron el marco de la primera eucaristía celebrada por el Pontífice en suelo cubano.
Así, a las 10:00 de la mañana mientras el Pontífice se acercaba a bordo del Papamóvil prestado por la Iglesia en Venezuela, todos los presentes acompañaron al coro de doscientas voces - perfectamente uniformado con los colores del Vaticano - entonando una canto de bienvenida compuesto por un músico santaclareño.
Palabras del Obispo
El Obispo de Santa Clara, Mons. Fernando Prego Casal, dio la bienvenida al Papa con un breve discurso en el que recordó "la larga espera de la tierra de María Santísima, como la tituló Pío XII," para que "la palabra del Papa pudiera ser escuchada de sus labios, vivifique corazones e inteligencias".
"Necesitábamos tanto verlo y escucharlo, que confirme nuestra fe para que cada día seamos más firmes en ella, más valientes para seguir a Jesucristo y más decididos para manifestar al mundo que Dios obra, anime nuestra esperanza para que podamos levantar nuestra vista hacia el cielo a pesar de las dificultades a fin de que recibiendo fuerza de lo alto aumente nuestra confianza en Dios y seamos capaces de seguir siempre su providencia", expresó.
Ya en el plena celebración de la misa, tras la lectura del Evangelio - que repasó el pasaje de la Huída a Egipto - los miembros de una humilde familia, se acercaron a besar las escrituras sostenidas por el Pontífice.
Lo que más sorprendió a propios y extraños fue el absoluto silencio y la atención con que los presentes escucharon la homilía del Pontífice, la misma que fue interrumpida varias veces por espontáneos aplausos. "El pueblo vino a escuchar", afirmó una corresponsal de la CNN.
En la homilía el Santo Padre puso de manifiesto la situación difícil que puede llegar a vivir la familia cuando la sociedad de la que es fundamento no le da un marco adecuado y seguro que la promueve. "La familia, - decía el Santo Padre - célula fundamental de la sociedad y garantía de su estabilidad, sufre sin embargo la crisis que puede afectar a la sociedad misma. Esto ocurre cuando los matrimonios viven en sistemas económicos o culturales que, bajo la apariencia de libertad y progreso, promueven o incluso defienden una mentalidad antinatalista, induciendo de ese modo a los esposos a recurrir a métodos de control de la natalidad que no están de acuerdo con la dignidad humana. Se llega incluso al aborto, que es siempre, además de un crimen abominable, un absurdo empobrecimiento de la persona y de la misma sociedad. Ante ello la Iglesia enseña que Dios ha confiado a los hombres la misión de transmitir la vida de un modo digno del hombre, fruto de la responsabilidad y del amor entre los esposos."
Continuando con su diagnóstico el Santo Padre decía: "La maternidad se presenta a veces como un retroceso o una limitación de la libertad de la mujer, distorsionando así su verdadera naturaleza y su dignidad. Los hijos son presentados no como lo que son - un gran don de Dios -, sino como algo contra lo que hay que defenderse. La situación social que se ha vivido en este amado país ha acarreado también no pocas dificultades a la estabilidad familiar: las carencias materiales - como cuando los salarios no son suficientes o tienen un poder adquisitivo muy limitado -, las insatisfacciones por razones ideológicas, la atracción de la sociedad de consumo."
"Éstas, junto con ciertas medidas laborales o de otro género, han provocado un problema que se arrastra en Cuba desde hace años: la separación forzosa de las familias dentro del país y la emigración, que ha desgarrado a familias enteras y ha sembrado dolor en una parte considerable de la población. Experiencias no siempre aceptadas y a veces traumáticas son la separación de los hijos y la situación del papel de los padres a causa de los estudios que se realizan lejos del hogar en la edad de la adolescencia, en situaciones que dan por triste resultado la proliferación de la promiscuidad, el empobrecimiento ético, la vulgaridad, las relaciones prematrimoniales a temprana edad y el recurso fácil al aborto. Todo eso deja huellas profundas y negativas en la juventud, que está llamada a encarnar los valores morales auténticos para la consolidación de una sociedad mejor."
El Papa no se cansó de ofrecer la única respuesta válida que hace justicia a la dignidad y grandeza de la vocación del hombre a ser persona humana e hijo de Dios. "El camino para vencer estos males - planteaba el Vicario de Cristo - no es otro que Jesucristo, su doctrina y su ejemplo de amor total que nos salva. Ninguna ideología puede sustituir su infinita sabiduría y poder. Por eso es necesario recuperar los valores religiosos en el ámbito familiar y social, fomentando las prácticas de las virtudes que conformaron los orígenes de la nación cubana, en el proceso de construir su futuro "con todos y para bien de todos", como pedía José Martí. La familia, la escuela y la iglesia deben fomentar una comunidad educativa donde los hijos de Cuba puedan "crecer en humanidad". No tengan miedo, abran las familias y las escuelas a los valores del Evangelio de Jesucristo, que nunca son un peligro para ningún proyecto social."
Al término de la ceremonia, entre espontáneos vivas y lemas, el Santo Padre bendijo una imagen de San José que será venerada en el santuario diocesano de Cienfuegos y recibió el saludo de los sacerdotes y religiosas de las dos diócesis que se hermanaron para recibir al Pontífice.
Por la tarde de aquel día se realizaría un encuentro entre el Santo Padre y el primer mandatario de la Isla, Fidel Castro.
En Camagüey Santo Padre pide vivir en virtud a jóvenes cubanos
Un llamado a vivir la virtud, ser los constructores de su propia historia y un mensaje escrito dedicado a la juventud cubana, fue lo que el Santo Padre dejó al día siguiente, Viernes 23 por la mañana, a los casi 200 mil jóvenes reunidos en la Plaza Ignacio Agramonte en Camagüey.
Especialmente significativas resultaron las palabras de bienvenida del Obispo de Camagüey, Mons. Adolfo Rodríguez, quien agradeció al Santo Padre por su visita en nombre «de todos los camagüeyanos, de los que están aquí y los que no, pero que están en el recuerdo y en el corazón, de los que no han podido venir pero están presentes», pidiendo asimismo al Santo Padre que bendiga «a todos con una gran bendición que estreche a todos los cubanos en un mismo abrazo de fraternidad, reconciliación y paz, hoy y para siempre».
En su homilía el Santo Padre reflexionaba con las siguientes palabras: "Queridos jóvenes sean creyentes o no, acojan el llamado a ser virtuosos, ello quiere decir que sean fuertes por dentro, grandes de alma, ricos en los mejores sentimientos, valientes en la verdad, audaces en la libertad, constantes en la responsabilidad, generosos en el amor e invencibles en la esperanza", señaló el Pontífice ante una multitud efervescente que interrumpió con vivas y aplausos varias veces su homilía.
"La felicidad - continuó el Pontífice - se alcanza desde el sacrificio, no busquen fuera lo que pueden encontrar dentro, no esperen de los otros lo que ustedes son capaces y están llamados a ser y hacer, no dejen para mañana el construir una sociedad nueva donde los sueños más nobles los ilustren y donde ustedes puedan ser los protagonistas de la historia".
Durante la celebración eucarística, el Papa Juan Pablo II anunció que para ayudar a los jóvenes a seguir este "programa de vida personal y social, cuidando la caridad, la humildad, el sacrificio, teniendo como razón última servir al Señor", les dejaba "un mensaje escrito con la esperanza de que llegue a todos los jóvenes cubanos que son el futuro de la iglesia y de la patria, un futuro que comienza ya en el presente y que será gozoso si está basado en el desarrollo integral de cada uno, lo cual no puede alcanzarse sin Cristo, al margen de Cristo, o mucho menos en contra de Cristo".
En otro momento el Pontífice, reflexionando sobre el pasaje de el joven rico, leído en Evangelio, pidió a todos recordar "que la persona humana y el respeto por la misma son el camino de un mundo nuevo", a Cristo "háblenle de corazón y emprendan así una vida nueva que sea conforme a Dios y responda a las aspiraciones de verdad, bondad".
En medio de aplausos y vivas, el Papa pidió que "Cuba eduque a sus jóvenes en la virtud y la libertad para que puedan tener un futuro, un futuro de auténtico desarrollo humano, desarrollo integral en un ambiente de paz duradera".
Finalmente pidió a los presentes "que con valentía y coraje apostólico lo transmitan a los demás jóvenes cubanos". "Por eso como dije al inicio de mi pontificado, y que dije a mi llegada a Cuba: no tengan miedo a abrir sus corazones a Cristo ( ) Que Dios Todopoderoso y la Virgen de la Caridad del Cobre les ayude a responder a este llamado".
Antes de iniciar la liturgia de la eucaristía, el Papa improvisó una explicación. "Ahora se inaugura el sacrificio de Cristo, Cristo está presente, el mismo Cristo que una vez miró a un joven y lo amó es el que deben seguir vosotros. Hoy Cristo está presente y mira cómo le aman", dijo.
Al finalizar la eucaristía el Pontífice respondió a las numerosas muestras de cariño afirmando "Juan Pablo Hermano quiere a los cubanos" y les agradeció "por estar aquí a pesar del fuerte sol". Parafraseando otro de los lemas el Pontífice afirmó "se ve, se siente que el sol está presente, pero el sol de la vida, y así nos recuerda a Jesucristo, que da la vida verdadera y la da en abundancia".
"Los jóvenes han traído su alegría, su dinamismo, acercándose al altar del Señor han ido trayendo la juventud. Al marcharse para ir a encontrar a otros hermanos, agradecidos les quiero repetir que Cristo mira a cada uno, le mira y le ama, por eso no tengan miedo de abrirle las puertas de su corazón, que éste sea el programa de la juventud cubana", dijo.
Por la tarde, tuvo lugar el encuentro del Papa Juan Pablo II con los intelectuales en el en el Aula Magna de la Universidad de la Habana. Especialmente significativo fue el momento de la llegada del Santo Padre, al detenerse un momento a orar ante la tumba del Siervo de Dios Padre Félix Varela, pensador católico y patriota cubano en proceso de beatificación. Respondiendo al discurso ideologizado y propagandístico del Rector de la Universidad de la Habana, en presencia del comandante revolucionario Fidel Castro, quien había dirigido la palabra momentos antes que el Santo Padre, el Romano Pontífice hizo una recta lectura de la cultura cubana desde la figura ejemplar y profundamente católica de Padre Varela, haciendo asimismo un llamado a las figuras de la cultura local a abrirse al diálogo con la Iglesia. «La Iglesia - señaló el Santo Padre - que acompaña al hombre en su camino, que se abre a la vida social, que busca espacios para su acción evangelizadora, se acerca con su palabra y su acción a la cultura», añadiendo más adelante que ella «no se identifica con ninguna cultura particular, sino que se acerca a todas ellas con espíritu abierto. Ella, al proponer con respeto su propia visión del hombre y de los valores, contribuye a la creciente humanización de la sociedad». «Toda cultura tiene un núcleo íntimo de convicciones religiosas y de valores morales, que constituye como su alma. Es ahí donde Cristo quiere llegar con la fuerza transformadora de su gracia», dijo más adelante el Santo Padre.
Al referirse a la identidad católica de Cuba, el discurso del Papa Juan Pablo II empezó a girar en torno a la figura del Padre Félix Varela, «piedra fundacional de la nacionalidad cubana», como el mismo Santo Padre lo llamó, señalando que «su patria sigue necesitando de la luz sin ocaso que es Cristo. Cristo es la vía, la guía del hombre a la plenitud de sus dimensiones, el camino que conduce a una sociedad más justa, más libre, más humana y más solidaria. El amor a Cristo y a Cuba que iluminó la vida del P. Varela está en la raíz más honda de la cultura humana». Finalmente, con unas palabras que resonaron con fuerza en el Aula Magna de la Universidad de La Habana, el Papa Juan Pablo II recordó las palabras del P. Varela, señalando que «no hay patria sin virtud, ni virtud con impiedad».
De visita en Santiago de Cuba
En la Eucaristía que celebró el día Sábado 24 por la mañana en la Plaza Antonio Maceo de Santiago y que dedicó a la Virgen de la Caridad del Cobre, Patrona de Cuba, el Santo Padre recordó la misión de la Iglesia de llevar la reconciliación al hombre, y proclamó a María como "Estrella de la Nueva Evangelización y Madre de la Reconciliación" de todos los Cubanos.
En la que para muchos fue la homilía más enérgica del Pontífice en la Isla, el Papa repasó la historia cubana y recordó el ejemplo de ilustres católicos que hace cien años, a los pies de la Virgen Mambisa independizaron Cuba "por las vías de la libertad y la justicia". "La historia enseña que sin fe desaparece la virtud, los valores morales se oscurecen, no resplandece la verdad, la vida pierde su sentido hacia el bien y aún el servicio a la nación puede dejar de ser alentado por las motivaciones más profundas", dijo.
"Dichosa la Nación cuyo Dios es el Señor", afirmó y precisó que "todo lo que la Iglesia reclama para sí lo pone al servicio del hombre y de la sociedad. En efecto Cristo le encargó llevar su mensaje a todos los pueblos para lo cual necesita un espacio de libertad y los medios suficientes. Defendiendo su propia libertad la Iglesia defiende la de cada persona, la de las familias, la de las diversas organizaciones sociales que tienen derecho a una ámbito propio de autonomía y soberanía".
Tras saludar al Primer Vicepresidente del Consejo de Estado y de Ministros, Raúl Castro, el Papa precisó que "La Iglesia, inmersa en la sociedad no busca ninguna forma de poder político para desarrollar su misión sino que quiere ejercerla en el culto del bien común para hacerse presente en las estructuras sociales mirando en primer lugar a la persona humana y a la comunidad en la que vive, sabiendo que su primer camino es el hombre concreto en medio de sus necesidades y aspiraciones".
"La Iglesia nos llama a todos a encarnar la fe en la propia vida como el mejor camino para el desarrollo integral del ser humano creado a imagen y semejanza de Dios y para alcanzar la verdadera libertad que incluye el reconocimiento de los derechos humanos y la justicia social".
"A este respecto - agregó - los laicos católicos salvaguardando su propia identidad para poder ser sal y fermento en medio de la sociedad, tienen el deber y el derecho de participar en el debate público de igualdad de oportunidades, en actitud de diálogo y reconciliación".
Asimismo señaló que como "la Virgen María, la Iglesia es también Madre y Maestra en el seguimiento de Cristo, Jesús", por ello "las obras de evangelización que van teniendo lugar en diversos ambientes como, por ejemplo, las misiones en valles y pueblos sin iglesias deben ser cuidados y fomentados para que puedan desarrollarse".
"En este sentido, el cristiano y las comunidades cristianas viven profundamente insertados en la vida de sus pueblos respectivos y son signo del Evangelio incluso con la fidelidad a su patria, a su pueblo, a la cultura nacional, pero siempre con la libertad que Cristo ha traído. La Iglesia está llamada a dar su testimonio de Cristo asumiendo posiciones valientes y proféticas ante la corrupción del poder político o económico, no buscando la gloria o los bienes materiales, usando sus bienes para el servicio de los más pobres e imitando la sencillez de la vida de Cristo", expresó.
El Pontífice abogó por una real libertad de expresión para todos al señalar que "el bien de una nación debe ser fomentado y procurado por los propios ciudadanos a través de medios pacíficos y graduales, de este modo cada persona gozando de libertad de expresión, capacidad de iniciativa y de propuesta en el seno de la sociedad civil y con la adecuada libertad de asociación podrá colaborar eficazmente en la búsqueda del bien común".
Asimismo, se refirió a los cubanos que, aún en otros países, son devotos de la Virgen de la Caridad. "Junto con todos sus hermanos que viven en esta hermosa tierra los pongo bajo su maternal protección pidiéndole a Ella, Madre Amorosa de todos, que reúna a sus hijos por medio de la reconciliación y la fraternidad".
Antes de coronarla como Reina de Cuba, el Papa pidió a los presentes unirse con él en una hermosa oración en la que pidió a la Virgen que acreciente la fe, avive la esperanza, aumente y fortalezca el amor en todos.
"Sé, Madre de los fieles y de los pastores de la Iglesia, Modelo y Estrella de la Nueva Evangelización, Madre de la Reconciliación, reúne a tu pueblo disperso por el mundo, haz de la nación humana un hogar de hermanos y hermanas para que este pueblo abra de par en par las puertas de su mente y su corazón a Jesucristo, único Salvador y Redentor que vive y reina con el Padre y el Espíritu Santo por los siglos de los siglos", concluyó.
Misa final en la Habana y despedida con mensaje de reconciliación
Cercano al millón de personas, venciendo los obstáculos por la falta de transporte y medios de comunicación, se congregaron de todas partes de la Isla el día Domingo 25 para participar con el Papa Juan Pablo II en su última celebración Eucarística en Cuba. La Plaza de la Revolución, antaño escenario de grandes concentraciones del régimen castrista se encontraba entonces dominada por una inmensa imagen del Sagrado Corazón de Jesús, y sumergida en la alegría y el entusiasmo de los cientos de miles de católicos que expresaban sin miedo su fe, renovados por la visita del Vicario de Cristo.
Antes de empezar la celebración Eucarística, que tuvo lugar temprano en la mañana, el Cardenal Ortega, Arzobispo de La Habana, dio la bienvenida al Santo Padre, señalando que «desde ahora sentimos que será imposible a los que estamos aquí no amarnos como hermanos, no perdonar nuestras ofensas recíprocas, no olvidar agravios, no abrirnos a la verdad dicha con sinceridad, no poner por obra todo lo justo, bueno y noble que pueda traer la reconciliación entre todos los cubanos y la paz y la felicidad a nuestro pueblo».
Durante su homilía, que fue constantemente interrumpida por los aplausos y barras de los millares de fieles reunidos, el Papa Juan Pablo II denunció con fuerza tanto a los sistemas basados en la ideología marxista como a los basados en el neo liberalismo, afirmando al Evangelio sobre toda visión reductiva del hombre. «Quiero darles la buena noticia de la esperanza en Dios y como servidor del Evangelio les traigo este mensaje de amor y solidaridad que Jesucristo con su venida ofrece a los hombres de todos los tiempos», señaló el Santo Padre, añadiendo que «no se trata en absoluto de una ideología ni de un sistema económico o político nuevo sino de un camino de paz, justicia y verdad verdaderas».
«Los sistemas ideológicos y económicos que se han ido sucediendo en los dos últimos siglos - continuo el Papa en medio de los aplausos - con frecuencia han potenciado el enfrentamiento ya que contenían en sus programas los gérmenes de la oposición y la desunión. Esto condicionó profundamente su concepción del hombre y sus relaciones con los demás. Algunos de estos sistemas han pretendido también reducir la religión a la esfera del ámbito individual despojándola de todo influjo o relevancia social. En este sentido cabe recordar que un estado moderno no puede hacer del ateísmo o de la religión uno de sus ordenamientos políticos». Por otro lado advirtió el Papa, «resurge en varios lugares una forma de neoliberalismo capitalista que subordina a la persona humana y condiciona el desarrollo de los pueblos a las fuerzas ciegas del pecado, clavando desde sus centros de poder los países menores favorecidos con cargas insoportables».
Luego, señalando la respuesta que debe dar el pueblo cubano, el Santo Padre señaló a la Iglesia como «Maestra de humanidad», afirmando que por eso «frente a estos sistemas presenta la cultura del amor y de la vida, devolviendo a la humanidad la esperanza del poder transformador del amor vivido y la unidad querida por Cristo por ello hay que recorrer un camino de reconciliación, de diálogo y acogida fraterna del prójimo en todo el mundo». «Este se puede decir es el Evangelio Social de la Iglesia», añadió el Papa en medio de los aplausos.
Haciendo referencia al Evangelio del día, el Vicario de Cristo en unas significativas palabras señaló que «el Espíritu del Señor me ha enviado para anunciar a los cautivos la libertad, para dar libertad a los oprimidos». «La buena noticia de Jesús va acompañada de un anuncio de libertad apoyado sobre el sólido fundamento de la verdad» afirmó el Papa, haciendo más adelante un llamado a la liberación que «no se reduce a los aspectos sociales y políticos sino que encuentra su plenitud en el ejercicio de la libertad de conciencia, base y fundamento de los otros derechos humanos». «El Papa libre nos quiere a todos libres» coreaba a todo esto el pueblo cubano, a lo que el Santo Padre respondió: «Sí, libres, con esa libertad que Cristo nos ha dado».
Luego de la impresionante celebración Eucarística, el Papa Juan Pablo II se reunió con los obispos cubanos en la Nunciatura. De la misma manera, se reunió en la Catedral de La Habana también con los sacerdotes, religiosos y religiosas en Cuba, así como con un grupo de laicos comprometidos.
Despedida en el Aeropuerto José Martí
Por la tarde, el Papa Juan Pablo II se dirigió finalmente al aeropuerto José Martí, para la ceremonia de despedida. Bajo una fuerte lluvia, el Papa Juan Pablo II pronunció un mensaje final, en el que agradeció la cálida acogida del pueblo cubano y los encomendó nuevamente a la tarea de reconciliación y a volver a las raíces católicas presentes en lo profundo de la identidad cubana. «Como sucesor del Apóstol Pedro y siguiendo el mandato del Señor, he venido como mensajero de la Verdad, y de la Esperanza a confirmarlos en la Fe y dejarles un mensaje de paz y reconciliación en Cristo» señaló el Sucesor de Pedro.
«Antes de abandonar esta capital, quiero decir un emocionado adiós a todos los hijos de este país, a los que habitan las ciudades y los campos, a los niños, jóvenes y ancianos, a las familias y a cada persona, confiando en que continuarán conservando y promoviendo los valores mas genuinos del alma cubana que, fiel herencia de sus mayores, ha de saber mostrar, aún en medio de las dificultades, su confianza en Dios, su fe cristiana, su vinculación a la Iglesia, su amor a la cultura y las tradiciones patrias, su vocación de justicia y de libertad».
«En efecto, si nos fatigamos y luchamos, es porque tenemos puesta la esperanza en Dios vivo, que es el Salvador de todos los hombres. Que él les colme de sus bendiciones y les haga sentir su cercanía en todo momento», afirmó el Papa al finalizar su discurso de despedida. Luego, improvisando unas palabras a raíz de la lluvia, el Vicario de Cristo recordó que «cuando nosotros cantamos en la liturgia en Adviento "Cielos lloved vuestra justicia", aquella me parece la hermenéutica más profunda. Nuestra lluvia de las últimas horas de permanencia en Cuba puede significar un Adviento "Cielos lloved vuestra Justicia, ábrete tierra has germinar al Salvador", y yo quiero expresar mis votos porque esta lluvia sea un signo bueno de un nuevo Adviento de vuestra historia».