JUBILEO
Convocado formalmente un Sínodo sobre los Obispos para 1999
El último Sínodo de los Obispos que se realizará en Roma en 1999 y que fuera anunciado por el Papa Juan Pablo II en la Tertio Millenio Adveniente, fue oficialmente lanzado el 11 de Julio en la Santa Sede al hacerse público los Lineamenta o documento inicial en torno al cual los obispos de todo el mundo deberán presentar sus aportes.
El
Sínodo, que tendrá como tema "Episcopus minister Evangelii Iesu Christi
propter spem mundi" - El obispo, servidor del Evangelio de Jesucristo para
la esperanza del mundo -, será el décimo que se realiza desde la clausura del
Concilio Vaticano II y será el último del presente milenio, con el cual el Santo
Padre quiere cerrar el proceso de preparación para el Tercer Milenio que incluyó
Asambleas Especiales para cada continente del mundo.
Según el documento dado a conocer por la Secretaría General para el Sínodo de los Obispos que preside el Cardenal belga Jan P. Schotte, "hoy se impone con urgencia una nueva revalorización de la figura del obispo, ante las nuevas instancias y dificultades del ministerio episcopal"
Entre estas dificultades en el mundo, el documento enumera "la disminución del fervor y la subjetivización de la fe, así como por las insidias y amenazas contra la familia y la vida humana, y por la desproporción entre el crecimiento numérico de las vocaciones y las exigencias de los fieles"; además de "el subjetivismo de la fe, el permisivismo moral, una deficiente formación religiosa y una escasa experiencia de vida litúrgica y eclesial exponen a los fieles de no pocas comunidades cristianas a la atracción ejercida por la proliferación de las sectas o de las 'nuevas formas de religiosidad', como se suelen denominar hoy".
En el segundo capítulo, los Lineamenta señalan la naturaleza del ministerio episcopal en relación con Cristo y los Apóstoles, la Iglesia, los consagrados, los laicos, el Colegio episcopal y el Sumo Pontífice.
En el tercero se habla de la función del obispo al interior de la diócesis; mientras en el cuarto se destaca su función evangelizadora, en la que el obispo es señalado como aquel que guía a la propia comunidad "llevando la fuerza renovadora del Evangelio y signos efectivos de esperanza".
"La exigencia de santidad en la vida del obispo está ligada a su alto y exigente ministerio. Se trata de un ideal ante el cual siente temor cada uno de los llamados, consciente de su debilidad y de lo inadecuado de sus propias fuerzas. Por ello, el obispo debe estar animado por esa misma esperanza de la cual se constituye servidor en la Iglesia y en el mundo", señala finalmente el quinto capítulo, dedicado a la vida espiritual del Obispo.