Jubileo
El Papa termina el viaje ecuménico mas decisivo de su pontificado
Bucarest vive el acto religioso más multitudinario que recuerda la historia
Rumanía es un país latino y se notó. Cuando Juan Pablo II llegó a la plaza Unirii de Bucarest, le acogió una muchedumbre con un caluroso aplauso. Era la primera vez que el obispo de Roma asistía a una liturgia ortodoxa celebrada en un país ortodoxo por Su Beatitud el patriarca Teoctist y por los miembros del Santo Sínodo, en lo que se convirtió en el acto religioso más multitudinario que se recuerda en la historia de este país.
Tras descender del «papamóvil», el Papa caminó unos metros hasta el pie la escalera que le conducía al altar. El patriarca de la Iglesia ortodoxa de Rumanía le dio la bienvenida con un cordial abrazo. Luego juntos subieron la escalera que lleva a un gran palco instalado expresamente en el parque para esta ceremonia. El Papa siguió la celebración eucarística presidida por la máxima autoridad de la Iglesia rumana desde un sitial de honor.
Un numeroso coro interpretó composiciones religiosas propias de la liturgia oriental bizantina. Toda la Eucaristía fue celebrada en rumano, según el rito bizantino-oriental.
La homilía no fue pronunciada por el patriarca Teoctist, sino por el arzobispo de Moldavia, Daniel, considerado como el futuro sucesor de Teoctist al frente del patriarcado de Bucarest. Comentando el episodio evangélico de la Samaritana, Daniel dijo: «Jesús nos ha enseñando que el verdadero Dios no puede quedar confinado dentro de los límites de un lugar o de un pueblo. El hombre tiene sed de agua para el cuerpo, pero también tiene sed de espíritu».
Como conclusión a su homilía, el arzobispo ortodoxo Daniel elevó una oración pidiendo: «Señor, tú sabes que hay muchas barreras y grandes diferencias entre los pueblos. Ayúdanos a elegir la paz frente a la violencia, la unión frente a la separación. Tú sabes, Señor, cuántos sacian su sed con agua terrena. Ayúdanos a buscar el agua viva y un amor eterno. Tú sabes, Señor, cuánto queda por hacer en la Samaría moderna, en la ciudad extranjera de nuestra civilización. Ayúdanos a renovar nuestra mentalidad y nuestra conducta, ayúdanos a ser misioneros de nosotros mismos».
Al terminar la misa, Su Beatitud Teoctist intervino para recordar a todos el deber de «llevar a nuestra sociedad la verdad del Evangelio y de la fe en Cristo resucitado, presente entre nosotros».
El Papa cerró este histórico encuentro
expresando el deseo de que el Jubileo del año 2000 «nos encuentre (a todos los
cristianos), si no del
todo unidos, al menos más cercanos a la plena comunión». Y agradeció la fe de las dos
Iglesias cristianas por el testimonio de fe que han dado «en el transcurso de este siglo
difícil».
El viaje internacional número 86 de Juan Pablo II concluyó como comenzó, con un emotivo abrazo entre el patriarca de Occidente y el patriarca ortodoxo de Rumanía. El diálogo entre ortodoxos y católicos ya no será igual tras el fin de semana que ha transcurrido en Bucarest.