Jubileo
El
Sacerdote no es un Burócrata,
es un Misionero
Juan Pablo II se encuentra con los sacerdotes de Roma El jueves 18 de febrero, Juan Pablo
II se reunió por la mañana con los sacerdotes de su diócesis Roma en un encuentro
tradicional que con el pasar
de los años ha ido perdiendo pompa y protocolo. Antes estaba reservado a los
penitenciarios --los sacerdotes dedicados a las predicaciones de Pascua o a la
confesión--, ahora ha abierto sus puertas a todo el clero de esta diócesis para asumir
más bien el carácter de un afectuoso intercambio de
puntos de vista, en el que los sacerdotes hacen partícipe al sucesor de Pedro de
peticiones, conquistas, pero sobre todo de los problemas de su trabajo cotidiano.
Un trabajo que este año está concentrado en la última y más difícil fase de la
misión ciudadana con la que Roma se prepara a celebrar el gran Jubileo:
la dedicada a los ambientes de trabajo en los que los misioneros laicos llevan una carta
del pontífice publicada el 8 de diciembre pasado dirigida precisamente al mundo
profesional de Roma: poco a poco oficinas, empresas, universidades, hospitales..., todos
los ambientes laborales están recibiendo
el mensaje papal.
El Papa explicó que decidió ampliar la
misión ciudadana al ambiente laboral para vivir realmente el llamamiento de Jesús a
predicar el Evangelio en todos los rincones. El pontífice invitó a los sacerdotes de
Roma a hacerse realmente presentes en ambientes decisivos, como son «las escuelas, como
profesores de religión; en los hospitales y en las cárceles, como capellanes», así
como en la asistencia espiritual en los lugares de trabajo.
En concreto, quiso recordar «a cuantos están comprometidos en las fronteras de la
caridad, junto a las personas con problemas, a los niños en dificultad, a los jóvenes
con problemas de toxicomanía, a los inmigrantes y a la gente sin hogar». «En cada uno
de estos lugares y junto a todos estos hermanos y hermanas --aclaró--, estáis llamados a
ser signo viviente del amor de Dios, de la salvación que Cristo nos ha traído, de la
preocupación de la Iglesia. Sois y tenéis que ser, en todo lugar y siempre, misioneros y
evangelizadores».
El Papa exigió que los sacerdotes superen todo tipo de visión burocrática en su
trabajo. «El horizonte del compromiso eclesial no debe reducirse al buen funcionamiento
de la parroquia de cualquier otro organismo confiado directamente a nuestro cuidado.
Tenemos que abrazar más bien a la Iglesia
entera en su dimensión misionera esencial que la pone al servicio de la salvación
integral del hombre». El sacerdote, según el pontífice, no debe formar laicos para la
sacristía, sino hombres que sean capaces de «dar un testimonio evangélico creíble y
alegre en todo ambiente y situación».