| SEMINARISTAS
DEL CORAZÓN DE CRISTO INICIARON MISIÓN EN LA CIUDAD PACHACÚTEC |
| Con
el objetivo de llevar la Palabra de Dios a los pobladores e instaurar
la presencia de la Iglesia en el distrito de Ventanilla, un grupo de doce
seminaristas del Seminario Diocesano Corazón de Cristo
iniciaron una Misión Evangelizadora en la Ciudad Pachacútec. |
| Sin
dinero ni alforjas, viviendo de la caridad de la gente, los seminaristas
vienen anunciando a Cristo de puerta en puerta e invitando a los habitantes
a recibir los sacramentos del Bautismo y el Matrimonio. Asimismo, organizan
la pastoral de jóvenes y niños en tres de las cinco zonas
de la Ciudad Pachacútec, que agrupa a más de quince mil
pobladores. |
| La
realidad en la Ciudad Pachacútec es preocupante: violencia en las
familias, pandillas, drogas, violaciones, maltrato a menores, y, sobre
todo, extrema pobreza. Esta situación ha hecho que el Obispo del
Callao, Monseñor Miguel Irizar, en repetidas ocasiones invoque
a los chalacos a participar en la Operación Contacto,
a visitar a los hermanos de los pueblos olvidados para llevarles un mensaje
de esperanza. |
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Los
seminaristas del Corazón de Cristo continuarán
con la Misión en Pachacútec hasta el 17 de febrero, fecha
en la cual se administrará el sacramento del matrimonio a los
que hayan recibido la preparación adecuada. De igual manera,
el 16 del mismo mes se bautizará a niños y adultos.
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| REPORTAJE:
SAN GABRIEL, CUSTODIO DE PACHACÚTEC |
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Allá,
en Ventanilla, donde la carretera está desierta y las dunas parecen
escondernos el cielo, en aquél lugar de solitarios autos y arriesgados
choferes, hay un gran manto de casas que cubre la arena. Son cientos
de bohíos en donde habita el silencio. Casi 20 años han
pasado desde que estas áridas tierras vieron emerger, por primera
vez, a decenas de hombres, mujeres y niños. Hoy son quince mil
personas repartidas en hogares de estera o madera. 15 asentamientos
humanos en donde madres solteras, matrimonios, jóvenes, niños
y ancianos viven como pueden en medio de la miseria y el hambre.
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El
Padre Richard es muy conocido en la Ciudad Pachacútec desde que
hace dos veranos reclamara, como un reubicado más,
un lugar para la capilla. Era febrero de 2000, bajo un sol de 30°
a la sombra, cuando el Gobierno reubicó a cientos de familias
en una zona de Ventanilla cuyo nombre de Inca lo pintaba como pueblo
con coraje. Por aquellos días, el bisoño Padrecito,
luego de ocupar un terreno pequeño, inició la construcción
de lo que más tarde sería una de las 7 capillas en todo
el territorio de la parroquia San Gabriel de la Dolorosa.
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| «Recuerdo
que en ese tiempo no estaba el Obispo, había salido de viaje. Pensé
que debía conseguir un terreno para la capilla porque después
no iba a quedar nada. Fue en ese tiempo cuando también decidimos
venir a vivir en el terreno de la parroquia San Gabriel de la Dolorosa,
donde no había ni siquiera esteras. Así, el 19 de marzo
de 2000, fiesta de San José, vinimos a vivir aquí»,
cuenta el Padre Richard con profundo entusiasmo. «Cuando
vinimos acá no avisamos a nadie. Vinimos como todos los pobladores.
Armamos nuestra casita rústica como todos. Hubo una satisfacción,
una alegría de parte de los pobladores de saber de que había
en medio de ellos un sacerdote, habría la Misa, habría catequesis.» |
| La
casa rústica del Padrecito sufría, al igual
que muchas, los embates de la pobreza y el tiempo en los meses que sucedían.
La aguda crisis del país parecía ser endémica en
esta zona olvidada. Durante sus visitas casa por casa el Padre Richard
se encontraba cara a cara con la extrema pobreza: gente sin trabajo, familias
que sólo comían una vez al día, enfermos y niños
menores de diez años que tenían que atender a sus hermanos
menores porque papá y mamá habían ido a conseguir
dinero. En medio de la escasez, sin poder brindar una ayuda material,
el Padre Richard llevaba aquello que es mucho más que el dinero:
una voz de consuelo a aquellos pequeños de su parroquia. De noche,
al volver a su casita, continuaba su oración y descansaba
aquellos días en que la lluvia parecía apiadarse y dejaba
de caer sobre su techo, aunque a veces se colaba, junto con el frío,
por las rendijas de las esteras. |
| Las
dos únicas paredes de ladrillos que tiene la parroquia se edificaron
gracias a la ayuda de sacerdotes amigos en Italia y España. Recolectando
tablones viejos, varas de madera, latones, cajas de cartón, láminas
de plástico, se tuvo lo suficiente para construir el templo, tres
salones parroquiales, la casa del sacerdote y un despacho. |
| El
templo es ahora un pequeño palacio en donde la riqueza mayor son
la fe, el amor y la dignidad. La pulcritud de los recintos y el orden
establecido están en función de brindar un servicio digno
a aquellos hermanos que se acercan a participar en la parroquia. Y es
que para el sacerdote los pobres se merecen lo mejor. |
| Hace
algunos meses era común que se pregunte ¿por qué
San Gabriel? Y es que este santo italiano de la Congregación Pasionista,
que nació en Asís en 1838, no era muy conocido por estos
lugares. Sin embargo, luego de su fiesta patronal y de conocerse la vida
del santo, la Ciudad de Pachacútec viene a diario a prender una
vela o a ponerse de rodillas frente a la imagen de San Gabriel. |
| La
piedad en estos lugares parece haber aumentado con el ejemplo del joven
custodio. Cada día llegan más feligreses a la parroquia
y a las 7 capillas en donde también se celebra la Eucaristía.
La labor del párroco sumada a la evangelización realizada
en la Misión Diocesana del Callao, en donde los catequistas visitaron
casa por casa, ha dado sus frutos: Este año, comienzan a surgir
las vocaciones al sacerdocio en la Ciudad Pachacútec. |
| ¿Cómo
se puede explicar esto? ¿A qué se debe el nacimiento de
vocaciones? |
| «Ellos
han visto que en marzo del año pasado vinieron los seminaristas
del Corazón de Cristo a hacer una semana de misiones, al estilo
de los apóstoles: sin llevar alforja ni dinero y sin tener una
casa donde dormir. Eso impactó a muchos jóvenes. En aquella
oportunidad, los pobladores acogieron a los seminaristas y les llamaba
la atención que ellos dependían de lo que el pueblo les
daba. Los seminaristas comían de lo que la gente les daba y dormían
en el lugar que los acogían. Eso ha quedado muy grabado en las
personas que tuvieron esa experiencia. En los jóvenes, eso llamó
la atención. Por eso hay algunos muchachos de Pachacútec
que están allá en el pre seminario.» |
| En
Pachacútec la lucha tiene muchos frentes. Ahora, comienzan a asomarse
las sectas pentecostales y evangélicas. El día que se enteró
que los pobladores asistían a estos grupos pensando que eran católicos,
el Padre Richard comenzó a perifonear con un potente megáfono
para que la gente se enterara de la verdad. Y dio resultados. Hoy, a través
del megáfono, también se reza el rosario y se transmite
música cristiana. |
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A
pesar de no contar con agua, ni luz, ni desagüe, el Padre Richard
parece estar enamorado de sus fieles. Al relatar la historia de su arribo
a Pachacútec, un brillo de entusiasmo resplandece en sus ojos.
Esta es su tierra prometida, donde Dios hace caer el maná y las
aves del cielo, donde brota el agua de las piedras. Es Pachacútec,
donde Dios puso sus ojos y a su hijo San Gabriel de la Dolorosa con el
corazón abierto a los pobres. |
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