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Oficina de Prensa de la Diócesis del Callao
Informativo Semanal

11 de enero de 2002

Titulares

SEMINARISTAS DEL CORAZÓN DE CRISTO INICIARON MISIÓN EN LA CIUDAD PACHACÚTEC
Llevando el Evangelio de puerta en puerta
REPORTAJE: SAN GABRIEL, CUSTODIO DE PACHACÚTEC

Desarrollo de las Noticias

SEMINARISTAS DEL CORAZÓN DE CRISTO INICIARON MISIÓN EN LA CIUDAD PACHACÚTEC
Con el objetivo de llevar la Palabra de Dios a los pobladores e instaurar la presencia de la Iglesia en el distrito de Ventanilla, un grupo de doce seminaristas del Seminario Diocesano “Corazón de Cristo” iniciaron una Misión Evangelizadora en la Ciudad Pachacútec.
Sin dinero ni alforjas, viviendo de la caridad de la gente, los seminaristas vienen anunciando a Cristo de puerta en puerta e invitando a los habitantes a recibir los sacramentos del Bautismo y el Matrimonio. Asimismo, organizan la pastoral de jóvenes y niños en tres de las cinco zonas de la Ciudad Pachacútec, que agrupa a más de quince mil pobladores.
La realidad en la Ciudad Pachacútec es preocupante: violencia en las familias, pandillas, drogas, violaciones, maltrato a menores, y, sobre todo, extrema pobreza. Esta situación ha hecho que el Obispo del Callao, Monseñor Miguel Irizar, en repetidas ocasiones invoque a los chalacos a participar en la “Operación Contacto”, a visitar a los hermanos de los pueblos olvidados para llevarles un mensaje de esperanza.

Los seminaristas del “Corazón de Cristo” continuarán con la Misión en Pachacútec hasta el 17 de febrero, fecha en la cual se administrará el sacramento del matrimonio a los que hayan recibido la preparación adecuada. De igual manera, el 16 del mismo mes se bautizará a niños y adultos.

REPORTAJE: SAN GABRIEL, CUSTODIO DE PACHACÚTEC

Allá, en Ventanilla, donde la carretera está desierta y las dunas parecen escondernos el cielo, en aquél lugar de solitarios autos y arriesgados choferes, hay un gran manto de casas que cubre la arena. Son cientos de bohíos en donde habita el silencio. Casi 20 años han pasado desde que estas áridas tierras vieron emerger, por primera vez, a decenas de hombres, mujeres y niños. Hoy son quince mil personas repartidas en hogares de estera o madera. 15 asentamientos humanos en donde madres solteras, matrimonios, jóvenes, niños y ancianos viven como pueden en medio de la miseria y el hambre.

El Padre Richard es muy conocido en la Ciudad Pachacútec desde que hace dos veranos reclamara, como un “reubicado” más, un lugar para la capilla. Era febrero de 2000, bajo un sol de 30° a la sombra, cuando el Gobierno reubicó a cientos de familias en una zona de Ventanilla cuyo nombre de Inca lo pintaba como pueblo con coraje. Por aquellos días, el bisoño “Padrecito”, luego de ocupar un terreno pequeño, inició la construcción de lo que más tarde sería una de las 7 capillas en todo el territorio de la parroquia San Gabriel de la Dolorosa.

«Recuerdo que en ese tiempo no estaba el Obispo, había salido de viaje. Pensé que debía conseguir un terreno para la capilla porque después no iba a quedar nada. Fue en ese tiempo cuando también decidimos venir a vivir en el terreno de la parroquia San Gabriel de la Dolorosa, donde no había ni siquiera esteras. Así, el 19 de marzo de 2000, fiesta de San José, vinimos a vivir aquí», cuenta el Padre Richard con profundo entusiasmo. «Cuando vinimos acá no avisamos a nadie. Vinimos como todos los pobladores. Armamos nuestra casita rústica como todos. Hubo una satisfacción, una alegría de parte de los pobladores de saber de que había en medio de ellos un sacerdote, habría la Misa, habría catequesis.»
La casa rústica del “Padrecito” sufría, al igual que muchas, los embates de la pobreza y el tiempo en los meses que sucedían. La aguda crisis del país parecía ser endémica en esta zona olvidada. Durante sus visitas casa por casa el Padre Richard se encontraba cara a cara con la extrema pobreza: gente sin trabajo, familias que sólo comían una vez al día, enfermos y niños menores de diez años que tenían que atender a sus hermanos menores porque papá y mamá habían ido a conseguir dinero. En medio de la escasez, sin poder brindar una ayuda material, el Padre Richard llevaba aquello que es mucho más que el dinero: una voz de consuelo a aquellos pequeños de su parroquia. De noche, al volver a su “casita”, continuaba su oración y descansaba aquellos días en que la lluvia parecía apiadarse y dejaba de caer sobre su techo, aunque a veces se colaba, junto con el frío, por las rendijas de las esteras.
Las dos únicas paredes de ladrillos que tiene la parroquia se edificaron gracias a la ayuda de sacerdotes amigos en Italia y España. Recolectando tablones viejos, varas de madera, latones, cajas de cartón, láminas de plástico, se tuvo lo suficiente para construir el templo, tres salones parroquiales, la casa del sacerdote y un despacho.
El templo es ahora un pequeño palacio en donde la riqueza mayor son la fe, el amor y la dignidad. La pulcritud de los recintos y el orden establecido están en función de brindar un servicio digno a aquellos hermanos que se acercan a participar en la parroquia. Y es que para el sacerdote los pobres se merecen lo mejor.
Hace algunos meses era común que se pregunte ¿por qué San Gabriel? Y es que este santo italiano de la Congregación Pasionista, que nació en Asís en 1838, no era muy conocido por estos lugares. Sin embargo, luego de su fiesta patronal y de conocerse la vida del santo, la Ciudad de Pachacútec viene a diario a prender una vela o a ponerse de rodillas frente a la imagen de San Gabriel.
La piedad en estos lugares parece haber aumentado con el ejemplo del joven custodio. Cada día llegan más feligreses a la parroquia y a las 7 capillas en donde también se celebra la Eucaristía. La labor del párroco sumada a la evangelización realizada en la Misión Diocesana del Callao, en donde los catequistas visitaron casa por casa, ha dado sus frutos: Este año, comienzan a surgir las vocaciones al sacerdocio en la Ciudad Pachacútec.
¿Cómo se puede explicar esto? ¿A qué se debe el nacimiento de vocaciones?
«Ellos han visto que en marzo del año pasado vinieron los seminaristas del Corazón de Cristo a hacer una semana de misiones, al estilo de los apóstoles: sin llevar alforja ni dinero y sin tener una casa donde dormir. Eso impactó a muchos jóvenes. En aquella oportunidad, los pobladores acogieron a los seminaristas y les llamaba la atención que ellos dependían de lo que el pueblo les daba. Los seminaristas comían de lo que la gente les daba y dormían en el lugar que los acogían. Eso ha quedado muy grabado en las personas que tuvieron esa experiencia. En los jóvenes, eso llamó la atención. Por eso hay algunos muchachos de Pachacútec que están allá en el pre seminario.»
En Pachacútec la lucha tiene muchos frentes. Ahora, comienzan a asomarse las sectas pentecostales y evangélicas. El día que se enteró que los pobladores asistían a estos grupos pensando que eran católicos, el Padre Richard comenzó a perifonear con un potente megáfono para que la gente se enterara de la verdad. Y dio resultados. Hoy, a través del megáfono, también se reza el rosario y se transmite música cristiana.
A pesar de no contar con agua, ni luz, ni desagüe, el Padre Richard parece estar enamorado de sus fieles. Al relatar la historia de su arribo a Pachacútec, un brillo de entusiasmo resplandece en sus ojos. Esta es su tierra prometida, donde Dios hace caer el maná y las aves del cielo, donde brota el agua de las piedras. Es Pachacútec, donde Dios puso sus ojos y a su hijo San Gabriel de la Dolorosa con el corazón abierto a los pobres.


Boletín Semanal de Noticias de la Diócesis del Callao
N# 49 Emitido el 11 de enero de 2002

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