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Oficina de Prensa de la Diócesis del Callao
Informativo Semanal

7 de abril de 2004

Titulares

MILES DE CHALACOS CELEBRARON DOMINGO DE RAMOS EN ASENTAMIENTOS HUMANOS DE PACHACÚTEC (VENTANILLA)
* Peregrinación se realizó en arenales de Ventanilla hacia la denominada “Catedral en el Desierto”
CELEBRACIONES DE SEMANA SANTA EN EL CALLAO
* De la Misa Crismal a la Resurrección de Cristo.

Reflexión de la Semana
CELEBRACIÓN DEL GRAN TRIDUO PASCUAL

Desarrollo de las Noticias

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MILES DE CHALACOS CELEBRARON DOMINGO DE RAMOS EN ASENTAMIENTOS HUMANOS DE PACHACÚTEC (VENTANILLA)

* Peregrinación se realizó en arenales de Ventanilla hacia la denominada “Catedral en el Desierto”.

Recordando la entrada de Jesucristo en Jerusalén, el domingo 4 de abril el Obispo del Callao, Monseñor Miguel Irizar, inició la Semana Santa con la celebración del Domingo de Ramos. Miles de fieles de todas partes del Callao se congregaron en los asentamientos humanos de la Ciudad Pachacútec, en Ventanilla, para participar, junto a Monseñor Irizar, el inicio de la Semana Santa.

La celebración comenzó a las 10:00 a.m. en la Plaza Principal del Asentamiento Humano “Hiroshima”, donde se llevó a cabo la bendición de los Ramos. Desde este lugar, con un sol resplandeciente, el Obispo, los sacerdotes, seminaristas y los fieles partieron en procesión hasta la Parroquia “San Gabriel de la Dolorosa”, conocida como la ‘Catedral en el Desierto’, para celebrar la Eucaristía..
El perímetro del templo lució repleto de fieles, que con palmas en mano llegaban gozosos para sumarse a la procesión. Los cantos y alabanzas por las calles arenosas de Pachacútec hicieron que muchos más fieles se unieran, tanto así que al llegar al templo no hubo lugar para más personas. Gracias a los parlantes parlantes colocados fuera de la parroquia, todos pudieron seguir la Misa con devoción.
Durante la homilía, Monseñor Irizar resaltó que la Semana Santa no debe limitarse sólo a un “recordar”, sino que es un vivir, contemplar ese rostro de Cristo en la Cruz. “Cristo no se quedó en la muerte, sino que resucitó para que tengamos vida eterna. “¡Bendito el que viene en el nombre del Señor, Aleluya!”, exclamó el Obispo del Callao, junto con cientos de niños que ocuparon un lugar preferencial dentro de esta celebración.
Casi 20 años han pasado desde que los arenales vieron emerger, por primera vez, a decenas de hombres, mujeres y niños en el A.A. H.H. Hiroshima, Ciudad de Pachacútec, Ventanilla. La mayoría de ellos, sin embargo, llegaron en febrero de 2000, cuando el Gobierno de entonces reubicó a miles de habitantes en este lugar. En la actualidad, la gran mayoría de pobladores son familias que viven en extrema pobreza..
CELEBRACIONES DE SEMANA SANTA EN EL CALLAO

* De la Misa Crismal a la Resurrección de Cristo.

Los fieles chalacos se reunirán este Jueves Santo, junto al Obispo del Callao, Monseñor Miguel Irizar, para participar en la celebración de la Misa Crismal. La Eucaristía, que será concelebrada por todos los sacerdotes de la Diócesis chalaca, se llevará a cabo a partir de las 9:30 a.m. en el Monasterio de la “Sagrada Familia” de las Madres Carmelitas Descalzas (Ex Fundo Oquendo, Alt. Km. 7.5 Av. Nestor Gambeta, Callao).

Dentro de la celebración eucarística, todos los presbíteros chalacos renovarán sus promesas sacerdotales y participarán en la consagración de los santos óleos, que serán utilizados durante todo el año en la administración de los sacramentos. .
Este Santuario forma parte del Monasterio de las Madres Carmelitas Descalzas, a quienes Monseñor Irizar suele llamar “la fuerza oculta de la misión”.
El Jueves Santo, la celebración de la Cena del Señor (y el Lavatorio de pies) se realizará a partir de las 7 de la noche en la Iglesia Matriz – Catedral del Callao.
En la misma Catedral, Monseñor Irizar presidirá la celebración de la Muerte del Señor, el viernes Santo a las 5:00 p.m. , después de lo cual se conmemorará el Vía Crucis, en la Plaza Gálvez, con participación de fieles de todas las parroquias del Callao.
Finalmente, Monseñor Irizar presidirá la Vigilia Pascual, en la Iglesia Matriz Catedral del Callao, el Sábado Santo a las 9:00 p.m.; y el Domingo de Resurrección presidirá la Misa en la Parroquia de “La Resurrección de Cristo”, a las 10:00 a.m.
 

CELEBRACIÓN DEL GRAN TRIDUO PASCUAL.

 

Con la misa vespertina del Jueves Santo se inicia el Santo Triduo Pascual, llamado así de una manera antigua desde san Agustín; porque en estos tres días la liturgia nos invita a celebrar con corazón inflamado y fervoroso, y con profunda alegría, la obra que Cristo por amor a los hombres lleva a su cumplimiento: "... Padre que no se haga mi voluntad sino la tuya..." La voluntad del Padre era que en Cristo todas las promesas del Antiguo Testamento se dieran cumplimiento en el Hijo Amado para salvación de nosotros los hombres, y por eso, estos tres días expresan la realización de esta voluntad del Padre, cumplida en el Hijo, por la cual surge el nuevo pueblo de los redimidos. A continuación, como un servicio a las celebraciones de estos días, daré algunos alcances sobre cada una de ellas, para que en este humilde servicio puedan encontrar algunos elementos que ayuden a celebrar el memorial de nuestra salvación y regreso a la casa del Padre ("... y entrando en sí mismo se dijo: ‘regresaré a la casa de mi Padre; ... he pecado contra ti y contra Dios...’").

JUEVES SANTO.

Ex 12, 1-8.11-14; Sal 115; 1Co 11, 23-26; Jn 13, 1-15

 

Cuando se lee en el evangelio la institución de la Eucaristía, muchas veces quedamos sorprendidos de la simplicidad de los gestos y las palabras de Jesús para expresar tan grande misterio que es, al mismo tiempo, inabarcable para la mente humana. Haciendo una lectura superficial, podría parecer pobre de contenido. Pero, indudablemente, a los ojos de la fe que busca llegar a Jesús, la persona divina, las palabras más simples aparecen con una profundidad tan grande, que se esconden y al mismo tiempo nos invitan a descubrirlas en toda su profundidad.
Tomar el pan, lo que hizo Jesús en la Última Cena ante los apóstoles, no es nada extraordinario, porque es lo que usualmente realizamos nosotros los hombres para poder comer los alimentos. Con mucha frecuencia, en otros momentos Jesús había realizado el mismo gesto (por ejemplo en las bodas de Caná, cuando va a la casa del fariseo, etc.). Pero, un elemento que tenemos que rescatar en un primer momento, es que cuando Jesús comía con sus discípulos, ya les iba dejando en la impronta de su conciencia, que Él era el Maestro que rompía el pan para dárselo a ellos; gesto tan característico y tan original que los discípulos, que iban por el camino de Emaús, por esto reconocen al Cristo resucitado, cuando al sentarse a la mesa con ellos partió el pan y según dicen las escrituras: "... se les abrieron los ojos y lo reconocieron...".
Por consiguiente, revelándose como Hijo del Padre, Jesús había dado a este gesto un nuevo significado. Aquel que es Dios ha venido a la tierra a comer con sus hijos; y en esto a todos nosotros nos ha expresado un acto de amor que va más allá del significado de un simple alimento que los hombres pueden comer en común.
Estos alimentos son asumidos en el misterio de la Encarnación: "... el Hijo del hombre come y bebe con los pecadores...". El hecho de que el Dios hecho carne se ha puesto a comer y a beber, ha originado que de lo ordinario podamos pasar a una dignidad divina. El pan que Cristo aquella noche tomó no es el pan que aquellos discípulos recibieron de parte del Padre como alimento, sino aquel del que el Hijo de Dios dijo: “esto es mi cuerpo” y comió con ellos, y de la bebida: “ésta es mi sangre que se derrama por vosotros”. De esta manera, en la Última Cena, Jesús inaugura el inicio de la participación del nuevo alimento, pues a través del pan expresa el don más grande de sí mismo. La Eucaristía para nosotros hoy, creyentes cristianos, es el alimento que nos ha procurado Dios y nos ha provisto para saciar nuestra hambre y que, por lo tanto, Dios en el cuerpo glorioso de Cristo nos concede este don inabarcable en la experiencia de cada hombre.
Este paso, que rompe con todo significado anterior, nos manifiesta una novedad grande y originaria que no se repetirá más, pues en este pan de vida eterna y en esta bebida de vida eterna, que expresan al mismo Cristo, que se dona por nosotros, se expresa este amor redentor con el cual Cristo se ha ofrecido al sacrificio voluntariamente y ha querido redimir, por voluntad del Padre, a toda la humanidad . Por eso, estas palabras simples: "... esto es mi cuerpo, ... esta es mi sangre..."; quieren significar esta soberanía creadora y absoluta del don de sí de Cristo en la obra de salvación.
Aquellos que participan de este alimento eucarístico, participan del misterio de la redención y de la nueva creación, así lo expresa san Pablo en la Carta a los Corintios cuando dice: "... cada vez que comemos de este pan y bebemos de este cáliz anunciamos la muerte del Señor hasta que venga... (1Co, 11,26)".
Este pan convertido en el cuerpo de Cristo y este vino que es la sangre de Cristo, no solamente transforman nuestra naturaleza humana y no sólo la enriquecen, sino que la elevan a una participación íntima con la persona de Cristo (gran misterio: "...quien come mi carne y bebe mi sangre mora en mí y yo moro en él... Jn 6, 56"). Por lo tanto, la eucaristía introduce al ser humano a la más grande intimidad del hombre con Dios mismo.
Entonces en esta unión íntima con Dios, todos aquellos que participamos de este único pan y de esta única bebida de salvación, nos unimos y participamos de un solo amor que surge como de una fuente con la participación del único banquete: "...aunque siendo muchos somos un solo cuerpo por la participación del único pan... 1Co 10, 17". Así el único pan nos ayuda a superar y a que se disipen todas las divisiones y diferencias entre nosotros los hombres, llevándonos a la verdadera y única unidad que, a través de Cristo, Dios nos concede vivir como hijos.
El Jueves Santo, por lo tanto, toda la Iglesia centra su mirada en el momento excepcional, celebrando el memorial de Jesús, nuestro Buen Pastor, cuando toma el pan. Y por este gesto, que luego este pan y este vino se convertirán en prenda de nuestra salvación, los creyentes a una sola voz darán gracias a Dios por tan grande don que se concretizará en el amor mutuo a semejanza del amor que Cristo al entregarse por nosotros nos ha manifestado.

VIERNES SANTO

Is 52, 13-53,12; Sal 30; Hb 4, 14-16; 5, 7-9; Jn 18, 1-19, 42.

Jesús en la Última Cena alude a su sacrificio, manifestando que tiene que ser este camino, porque el Padre así lo ha señalado: "...nadie tiene un amor más grande que éste: dar la vida por los propios amigos... Jn 15, 13". Él da a comprender de esta manera a sus discípulos que el sufrimiento por donde tendrá que pasar lo acepta con gozo: "...Padre su para esto he venido, glorifica tu nombre...".
Se hubiese pensado que este amor por los amigos sería la única intención de la pasión. Pero las primeras palabras pronunciadas sobre la cruz nos muestran que el sacrificio de Cristo se ofrece sea por los amigos que por los enemigos: "...Padre, perdónalos porque no saben aquello que están haciendo... Lc 23, 34". Palabras sorprendentes de Jesús, porque con esta claridad no había hablado en discursos anteriores y por eso estos beneficios son para todos, para los amigos y enemigos, y de esta manera todos aquellos que quieren llamarse hijos de Dios, por lo tanto, no sólo son invitados sino llamados a amar a los enemigos. Por eso, el mismo Jesús, cuando se revela que Él es Hijo del Padre y sabiendo que eso lo llevaría a la muerte, está manifestando este amor a sus enemigos, y este amor de Cristo es para que conozcamos el amor del Padre, por eso Él dice: "...quien me ha visto a mí ha visto al Padre... Jn 14, 19".
Cristo, luego de ser clavado en la cruz no reclamará al Padre una justa sanción por el crimen del cual es víctima, ni pone condición alguna al perdón. De esta manera, manifiesta la disposición fundamental que anima su donación. Así, se dirige al Padre con una ardiente súplica a favor de aquellos que lo han crucificado. A veces las palabras: "no saben lo que hacen", han sido interpretadas como si estuvieran dirigidas sólo a aquellos que materialmente han crucificado a Cristo. Pienso que los soldados en este caso no entendían verdaderamente aquello que hacían, porque como soldados solamente ejecutaban órdenes recibidas. Pero como dice san Pedro, al inicio de su discurso, en el capítulo segundo de los Hechos de los Apóstoles: "pecasteis por ignorancia" y también como dice san Pablo: "Dios encerró a todos en el pecado para usar de todos nosotros misericordia".
De esta manera, si con la petición de Cristo sólo hubiesen alcanzado el perdón aquellos que lo estaban crucificando, no hubiese alcanzado al género humano para reconciliarnos con el Padre. Es por ello que, lo que nos ayuda a comprender que esta frase nos alcanza a todos nosotros, es que cada vez que nosotros, las personas, pecamos (cuyo sentido cada vez se pierde más porque lamentablemente no se habla del sentido del pecado), se está corroborando la necesaria muerte de Cristo en la cruz, pues Cristo ha entrado en la cruz para llevarnos nuevamente hacia el Padre, porque nuestras actitudes personales, como las de Pilato, los escribas, los fariseos, los sacerdotes del pueblo de Israel, de Judas y de los demás apóstoles, nunca se hubiesen orientado hacia el Padre sino fuese por la muerte de Cristo. Porque el pecado sólo encamina al hombre hacia la muerte eterna, y Cristo en su muerte de cruz, asumiendo esta muerte, que era el fin de toda la humanidad, nos ha introducido nuevamente por su muerte hacia la vida
y hacia el retorno al Padre.
Retomando por eso las palabras dichas por Jesús: "...no saben lo que hacen...", Cristo aquí no está condenando a nadie, pero sí está expresando la ceguera en la cual la humanidad se encontraba inmersa por consecuencia del pecado, y tan grande era esta ceguera que incluso el pueblo de la primera alianza, en vez de en la alianza encontrar la fidelidad de Dios, encontraba un yugo pesado. Por eso, Cristo ya en esta expresión misma está manifestando que por amor a nosotros, y siendo consciente de nuestra ignorancia asume el momento, “la hora” que el Padre había señalado para que la humanidad entera en el Hijo amado sea liberada. De esta manera, Jesús nos anticipa a través de esta expresión el perdón. Por eso, este grito de Cristo: "...Dios mío, Dios mío por qué me has abandonado...", no es un grito de desconfianza sino que Cristo está pidiendo que aunque es inhumano el momento por el cual Él pasa, la indulgencia del perdón nos alcanza. De esta manera, la cruz es el signo del perdón definitivo ofrecido a toda la humanidad. Por eso hermanos, esta cruz por la cual Cristo nos ha redimido también está significando que en cada uno de nosotros hay una cruz que nos puede aplastar si es que no dejamos que Dios nos ayude a llevarla, y por consiguiente, si dejamos que la cruz de nuestra vida la lleve Dios, esta cruz nos llevará a la vida eterna, y cada uno de nosotros tendremos que llevarla por toda nuestra vida hasta que el Padre nos llame a su presencia. Sin cruz no hay cristiano y sin la cruz gloriosa de Cristo no podemos llegar al cielo.

SÁBADO DE GLORIA.

Gn 1, 1-2,2; Gn 22 1-18; Ex 14, 15-15,1; Is 54, 5-14; Is 55, 1-11;
Ba 3, 9-15.32-4,4; Ez 36, 16-28; Rm 6, 3-11; Lc 24, 1-12

Desde la celebración del Viernes Santo hasta el Sábado en la noche la Iglesia invita a un recogimiento profundo, a meditar en el descenso de Cristo a los infiernos, como dice en el Credo: "y bajó a los infiernos", porque en la muerte de Cristo en la cruz, el Señor de la vida ha bajado a despertar a todos aquellos que en esperanza aguardaban al Mesías-Salvador. Por eso, en el arco del término de la Adoración de la Cruz, hasta el inicio de la Santa Vigilia Pascual, en toda la Iglesia no hay ningún tipo de celebración.

Según las normas litúrgicas, la Santa Vigilia Pascual se puede celebrar:
1. Con cinco (5) lecturas, si la realidad sugiere que por la no preparación de los fieles no se pueda celebrar toda la noche; y a esto las normas y las     prenotandas del Misal Romano llama razón pastoral.
2. La celebración que implica nueve (9) lecturas, y es lo que la tradición de la Iglesia sugiere que sea toda la noche.

Estos dos tipos de liturgia pueden celebrarse según la situación de cada lugar. Pero en los dos tipos de liturgia obsérvese toda la celebración de la Vigilia Pascual, esto es:
a) Todo el rito de la bendición del fuego;
b) La Liturgia de la Palabra;
c) La Liturgia bautismal, o si no hubiesen bautismos la renovación de las promesas bautismales;
d) Como sigue la Liturgia Eucarística.
Nota: Anúnciese que toda la semana después de Pascua es como si fuera todo un domingo donde la Iglesia celebra el acontecimiento del Señor resucitado.
La celebración de la Vigilia Pascual del sábado es una celebración que, si ha estado bien preparada, toda ella es catequética, instructiva por todos los ritos que se siguen. Pues todos los signos hablan del Señor resucitado. Por eso las moniciones, las peticiones como la homilía deben estar centradas en este acontecimiento: Cristo nuestra esperanza ha Resucitado; pues esta es la novedad en la vida cristiana y esto es lo que caracteriza y diferencia sustancialmente al hombre creyente del no creyente, al hombre de fe del que no tiene fe: la esperanza, y por lo tanto no es cualquier esperanza, porque esta esperanza es puesta en este Cristo resucitado; da sentido a la vida del hombre, recrea su existencia, da al hombre una vida nueva, sana las heridas más profundas de odio y resentimiento del corazón del hombre, concede la gracia al hombre para amar a aquellos que no lo aman; etc. En otras palabras, hace del hombre que ha puesto su esperanza y confianza en Cristo, otro hijo de Dios a su imagen y semejanza.<

Creo que con estas líneas dejo en libertad para que la homilía la podamos preparar según como Dios nos vaya regalando esta vivencia de que Él es nuestra esperanza, es el Señor de la historia, Él es el Señor que disipa la oscuridad con su luz.

DOMINGO DE RESURRECCIÓN.

Hch 10, 34. 37-43; Sal 117; Col 3, 1-4; Jn 20, 1-9

La resurrección de Cristo hace del cristianismo no una religión de la muerte sino de la vida. Cristo que tenía afirmada con insistencia la necesidad de la cruz y que en el curso de su existencia terrena tenía anunciado el camino de su Pasión, al mismo tiempo predicaba siempre la resurrección. Él mostraba que el horizonte no era el calvario; porque al tercer día después de su muerte estaba ya anunciado por los profetas su tiempo glorioso. Por eso cuando Cristo sube a la cruz y da cumplimiento a la voluntad de su Padre, no está indicando solamente que la voluntad del Padre era que muriera en la cruz y allí terminara todo, sino que a través del instrumento de la cruz sería el camino hacia la eternidad, en otras palabras, la cruz es el camino necesario para retornar a la comunión con el Padre.
Por eso, la resurrección no se debe tomar como una continuación del paso al más allá de la muerte, sino como la inauguración y llegada de una cosa muy diversa. Es el principio de una vida nueva que comienza a transmitirse a toda la humanidad. La vida espiritual divina, que animó el cuerpo de Jesús, está destinada a hacernos partícipes de esta nueva vida, si acogemos este mensaje con fe y confianza en el Cristo resucitado.
La fiesta de Pascua que celebra la Iglesia es la fiesta de la vida nueva que debe animar a todos los creyentes. La expresión “vida eterna” podría indicar una vida antigua como algo inamovible-antiguo. Pero no, el acontecimiento de la resurrección nos muestra la fuerza de esta vida que brota de tal manera que hace resurgir a las personas, recreándolas y dándoles una nueva vida. Este resurgir significa una continua renovación, porque cada instante de la vida eterna es expresión de este amor de Cristo que se dona en toda su plenitud.
En Cristo la Pascua introduce al género humano a una vida abundante y plena. Sobre todo, El quiere que esta vida sea esencialmente expresión de un amor sincero, profundo, lleno de caridad y generosidad. Es una vida que es capaz de cambiar el rostro del mundo y de vencer todo poder de egoísmo, toda tentación de violencia.
Mirando al Cristo del evangelio de hoy comprendemos esto que debemos vivir solo en Cristo y, por Cristo podemos vivir una vida nueva, donde la experiencia de este amor de Cristo transformará nuestra vida. ¡Aleluya, aleluya el Señor ha Resucitado!

Pbro. Oscar Balcázar Balcázar
 


Boletín Semanal de Noticias de la Diócesis del Callao
N# 146 Emitido el el 7 de abril de 2004

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