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En las lecturas del domingo pasado hemos visto a los apóstoles, alegrarse por los padecimientos que sufrían por confesar el nombre de Cristo. En el evangelio, la triple pregunta de Cristo a Pedro y la respuesta de Pedro: “…Señor tu lo sabes todo…”. Estas frases nos ayudan a entrar en la imagen del Buen Pastor; con la cual la Iglesia expresa el amor de Cristo hacia su rebaño.
La figura de la Iglesia como rebaño de Dios conducido por Cristo significa que: “ no existe la Iglesia sin pastor, pues es el pastor quien congrega a las ovejas, y es con su presencia que las ovejas se sienten pertenecer a un mismo rebaño”.
En nuestros días se vive muchas veces una antitesis con respecto a la relación entre pastor y oveja. Si Dios hubiese tenido una imagen diversa para expresar cómo el hombre puede realizarse en toda su plenitud como persona humana en este mundo y, por consiguiente su transito a la eternidad, nos hubiese proporcionado una imagen diversa a aquella del “pastor y las ovejas”.
La antitesis que vive el mundo secularizado se sintetiza, fundamentalmente, en una ruptura con cualquier tipo de relación en la que el hombre pueda tener una necesidad de dependencia. Esta autonomía aísla al hombre del propio sentido de su vida y de la relación con sus semejantes.
La autonomía en la cual el hombre quiere vivir, es el origen y la causa que incapacita al hombre a una relación de vida en común, porque falta una realidad que ayude a las partes a relacionarse, y a vivir en una identidad mutua. Esta realidad, que hoy está en crisis, es la familia, Iglesia doméstica.
En la sociedad en la cual vivimos, llena de valores nominalistas, lo que hoy se propone como válido, mañana se desecha y se propone otro tipo de valor. Como consecuencia, se crea un estado profundo de inestabilidad en el cual la persona inconscientemente concibe la vida como que todo es mutable y, por lo tanto, no hay verdad sólida y consistente en la cual pueda fundamentar su vida. Así, te crea una serie de corrientes de pensamientos en la cual la persona humana puede elegir según su conveniencia o según la influencia que la mayoría puede ejercer sobre él.
El tiempo pascual nos invita de una forma particular a expresar y vivir que Cristo es nuestra paz, a diferencia de una paz sin contenido y superficial que tantas veces el mundo moderno nos ofrece. Por eso vivir y pertenecer a la Iglesia significa identificarnos, unirnos, a la persona de Cristo. Por eso el Sacramento del Bautismo nos hace participes de la vida de nuestro “BUEN PASTOR”.
Este Buen Pastor nos dice en el evangelio: “…mis ovejas escuchan mi voz…yo soy la puerta del rebaño,…yo doy la vida por las ovejas…”. El ser oveja de Cristo significa vivir bajo esta verdad del pastor. La relación con los demás miembros del rebaño se realiza por el amor del pastor y en la comunión que yo tenga con el pastor. Por eso, el mismo Cristo en la última cena dice a sus discípulos: “…amaos los unos a los otros como yo os he amado…”.
Si queremos subrayar estas palabras podemos decir que el amor al cual estamos llamados los cristianos es amarnos como Cristo nos ha amado, y el amor de Cristo lo hemos experimentado en principio a través del perdón de nuestros pecados. Esto quiere decir que este amor del Buen Pastor se debe expresar entre nosotros, primeramente, a través del perdón; pues si yo no perdono a aquel que me ha ofendido ¿cómo esta persona podrá creer que la amo?.
Hoy en la Iglesia celebramos el día de las vocaciones para pedirle a Dios que envié: “obreros a su mies”. La Iglesia siente la necesidad de vocaciones, no solo por Ella, sino también por la humanidad entera, por que si falta la figura del pastor, simplemente no hay rebaño, y sin la figura del pastor que congrega al rebaño, se diluiría la esperanza de la vida del hombre, porque carecería de un el pastor que la condujera. Es oportuno mencionar las palabras de la Constitución Pastoral “Gaudium Et Spes”, del Concilio Vaticano II: “en el misterio de Cristo, se revela-desvela la vida del hombre”.
Unámonos a la oración de la Iglesia universal, concientes de la necesidad de sentirnos pastoreados hasta la vida eterna por el Buen Pastor, Cristo, para que, el dueño de la mies siga alimentando a su Iglesia, a la humanidad, de pastores según su corazón.
La autoridad, figura necesaria par el orden social y el bien común de la Iglesia y de la humanidad tiene que ir de la mano con lo que Cristo dice: “yo no he venido para ser servido sino para servir”, esto significa ser el Buen Pastor.
El Señor nos conceda a todos una obediencia amorosa a nuestros pastores (sacerdotes, obispos, Santo Padre) que hoy encarnan para nosotros la imagen del Buen Pastor y recemos por ellos, para que en el ejercicio de su ministerio vivan según el corazón de Dios.
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