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CALLAO-PERÚ, 20 de Abril del 2006 | Nº 247 |
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SEGUNDO
DOMINGO DE PASCUA |
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Hch 4, 32-35; Sal 117; 1Jn
5, 1-6; Jn 20,19-31 |
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Pbro.
Oscar Balcázar Balcázar |
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DESARROLLO DE LAS NOTICIAS: |
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CONVERSATORIO SOBRE LA V CONFERENCIA GENERAL DEL
EPISCOPADO LATINOAMERICANO Y DEL CARIBE |
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Organizado por la
Comisión Diocesana de Laicos |
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El sábado 22 de abril, la Comisión de Laicos de
nuestra Diócesis llevará a cabo un Conversatorio con
representantes de los Movimientos y nuevas realidades
eclesiales de nuestra Diócesis. El encuentro se
realizará a las 9:30 a.m. en el Seminario Diocesano
“Corazón de Cristo”.
En esta ocasión el conversatorio tomará como tema la V
Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y
del Caribe. Asimismo, se conversará acerca de las
Prioridades Pastorales Diocesanas para el presente
año.
Nuestra Diócesis cuenta con diversidad de carismas,
entre ellos están el Movimiento “Cursillos de
Cristiandad”, “Juan XXIII”, “Legión de María”,
“Renovación Carismática”, “María en Camino”, “Virgen
de los Pobres”, “Movimiento de Trabajadores
Cristianos”, “Shoenstantt”, “Koinonia” y el “Camino
Neocatecumenal”.
¿Cómo nace la idea de realizar la V Conferencia
General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe en
el Santuario de Aparecida?
Los Presidentes y los delegados de las Conferencias
Episcopales de América Latina y el Caribe, se
reunieron en el año 2001 en la XXVIII Asamblea
Ordinaria del CELAM. En ese encuentro se decidió
pedirle al Santo Padre Juan Pablo II que tuviera a
bien convocar una nueva Conferencia General del
Episcopado Latinoamericano. Su Santidad Juan Pablo II
acompañó los primeros pasos de su preparación y aprobó
la idea de celebrar una Conferencia General de nuestro
Episcopado.
Su Santidad Benedicto XVI, pocas semanas después de
haber iniciado su pontificado, se declaró plenamente
de acuerdo con la celebración de esta Conferencia
General. Es más, el día 7 de julio del presente año,
recibió al Presidente del CELAM en audiencia y le
entregó el tema de la V Conferencia General del
Episcopado Latinoamericano: “Discípulos y misioneros
de Jesucristo, para que nuestros pueblos en Él tengan
vida” “Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida” (Jn 14,
6)
Luego, a los pocos meses de su pontificado, el 15 de
octubre, recibimos la gozosa noticia que al Santo
Padre Benedicto XVI le parecía bien celebrar la V
Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y
del Caribe junto al Santuario Mariano de Aparecida, en
Brasil, e inaugurar allí la gran Asamblea durante el
mes de mayo del año 2007.
Así, la preparación de la V Conferencia General se
iniciaba con el impulso del Espíritu Santo que nos une
a Jesús y nos envía bajo la protección maternal de
María Santísima.
Este proceso se afianzará mediante una Gran Misión en
América Latina y el Caribe que los Obispos desean
convocar durante la celebración de la V Conferencia
General, a fin de que nuestra Iglesia se proyecte y
viva realmente con ardor misionero. |
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HACIA LA
V CONFERENCIA GENERAL DEL EPISCOPADO LATINOAMERICANO Y
DEL CARIBE
Diócesis del Callao pone en marcha actividades para
promover la participación de los fieles del Callao |
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El
martes 18 de abril se reunió el Comité Diocesano
elegido por el Obispo del Callao para coordinar las
actividades de nuestra Diócesis hacia la V Conferencia
del Episcopado Latinoamericano y del Caribe. El
encuentro fue presidido por Monseñor Javier Del Río,
Obispo Auxiliar del Callao.
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El trabajo propuesto por el CELAM para la preparación
de la V Conferencia consiste en que cada Parroquia,
Capilla, Movimiento, Comisión y Congregaciones
participen con sus experiencias, reflexiones,
ministerios y carismas haciendo llegar sus
aportaciones en base al Documento de Participación y
las Fichas de Trabajo elaborados con esa finalidad.
Con la ayuda de todas las aportaciones se elaborará un
documento de síntesis que cada Diócesis deberá
presentar a la Conferencia Episcopal Peruana y esta
transmitirá.
El Comité Diocesano del Callao está presidido por el
Obispo Auxiliar, Monseñor Javier Del Río y compuesto
por la Hermana María Victoria Campos, del Decanato 1;
Padre Alberto Guillén, del Decanato 2; Padre Víctor
Torres, del decanato 3; Padre Jorge Escorcia, Decanato
4; Srta. Ana Cecilia Carrillo, del Departamento de
Planificación Pastoral de la Curia Diocesana y Sr.
Martín Ríos-Casstell de la Secretaría General del
Obispado.
En su reunión del 18 de abril, el Comité decidió entre
otras actividades, realizar una Jornada Diocesana que
servirá de motivación y a la vez de información sobre
el informe final y los próximos pasos a seguir con
miras a la V Conferencia del Episcopado
Latinoamericano y del Caribe. |
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ENTREVISTA
“EL CATEQUISTA ES UN LLAMADO POR
DIOS”
Entrevista al Hermano Francisco Sáez |
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En la primera semana de abril, el Obispo del
Callao, Monseñor Irizar presidió la Misa inaugural
del año académico de la Escuela Diocesana de
Catequistas del Callao (EDICAT).
Numerosos alumnos de distintas parroquias chalacas
recibirán, a lo largo de este año, los cursos
referidos al área antropológica y social,
catequética, teológica, bíblica, litúrgica y
espiritual.
Al final de este año egresará la cuarta promoción
de catequistas formados en la Escuela Diocesana
del Callao, que es dirigida por el Hno. Francisco
Sáez de Maturana, quien en esta entrevista nos
revela la experiencia adquirida a lo largo de
estos años de formar a catequistas en nuestra
Diócesis. |
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¿Cuántos años de trabajo tiene la Escuela de
Catequistas en el Callao?
Este es el séptimo año, el tiempo de duración de
los estudios es de tres años, lo que quiere decir
que este año egresa la cuarta promoción. Son más
de 100 alumnos, entre adultos y jóvenes de nuestra
Diócesis, los que han sido formados en esta
Escuela.
¿Cuál es el perfil de un catequista de cara a la
Nueva Evangelización?
El catequista, en primer lugar, es un “llamado”…Es
decir, es una persona, hombre o mujer que se
siente llamado por Dios para que, juntamente con
los demás hermanos, contribuya a la misión de la
Iglesia, que no es otra cosa que construir el
Reino. El perfil de un catequista debería ser, el
de una persona que se ha encontrado con
Jesucristo, que ha experimentado la misericordia
en su vida y que siente la necesidad de ayudar a
otros a que también la descubran.
El catequista en el Callao y en cualquier lugar es
la persona que ayuda a otros a conocer mejor a
Jesús en la Iglesia, a fin de que vaya madurando
en la fe como persona y en medio de una comunidad
para que puedan ser cristianos significativos en
medio de este mundo plural complicado pero también
apasionante.
¿Qué tan importante es la formación de un
catequista?
Catequesis, en el sentido amplio es toda ocasión
que la Iglesia aprovecha para ayudar a conocer el
misterio cristiano. Catequesis, en sentido
explicito, es el proceso que sigue una persona
durante un determinado tiempo en su vida…Pero la
acción catequizadora de la Iglesia es muy amplia,
no se reduce solamente al tiempo de preparación de
los sacramentos. Hoy en día contemplamos la
catequesis mucho más amplia…El objetivo de la
catequesis es hacer cristianos maduros en la fe.
Entonces toda ocasión que sea para dar a conocer
el misterio de Cristo y para ayudar a crecer en la
fe, de algún modo es catequesis….Ahora bien, en
este tiempo concreto los cristianos y cristianas
siguen un itinerario fundamentalmente de
iniciación cristiana que comienza con el bautizo y
culmina con la confirmación.
Durante todos estos años de trabajo de
formación de catequistas en el Callao ¿Cuál es el
balance de su experiencia?
Ha sido una tarea muy grata trabajar con los
catequistas del Callao, a la par que ha sido un
llamado permanente a la conversión, porque el
ayudar a otros a crecer a la fe implica también
una revisión constante del propio itinerario de
fe…Creo que ha sido muy saludable y doy gracias en
primer lugar a Monseñor Miguel Irizar que me llamó
a esta tarea en la Diócesis, doy gracias a los
catequistas que me han acompañado, a los que yo he
podido ayudar, pero ellos también me han ayudado
mucho en mi crecimiento como cristiano y como
religioso.
Es un desafío permanente, porque cada año es
nuevo, cada año las personas son distintas, y los
retos que la sociedad nos presenta para anunciar a
Jesucristo dentro de esta área de la
Evangelización como es la catequesis, pues son
nuevos…Pero siempre animados por el Espíritu
salimos adelante.
No faltan también dificultades…yo echo de menos
también un apoyo mayor de los párrocos para los
catequistas…Los catequistas deben sentir el apoyo
de sus párrocos en muchos ámbitos y creo que en
bastante ocasiones no lo sienten. |
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FIELES
CHALACOS CELEBRARÁN LA FESTIVIDAD DEL SEÑOR DE LA
DIVINA MISERICORDIA
Mons. Juan de Dios Rojas celebrará Santa Misa en la
parroquia Santa Rosa del Callao |
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Cientos de fieles del Callao celebrarán este 23 de
abril, II Domingo de Pascua, la Solemnidad de la
Divina Misericordia con una Santa Misa y una procesión
que recorrerá parte de las principales calles
centrales de nuestra Provincia Constitucional.
La procesión se iniciará a las 10:30 a.m., desde la
“Cruz Blanca”, lugar de tradición en el mercado
central del Callao. Luego se dirigirá a la Parroquia
“Santa Rosa” (Av. Marco Polo 248) para la Misa central
a las 12 del mediodía.
La imagen de la Divina Misericordia nos muestra a
Jesús vestido de blanco levantando una de sus manos en
señal de bendición, mientras que con la otra toca su
vestido. Debajo de éste, y ligeramente dibujado al
lado del pecho, emanan dos grandes rayos, uno rojo, y
el otro de color pálido blanco
Con esta celebración se inicia el culto a esta sagrada
imagen, en unas de las parroquias más visitadas del
Callao. De esta manera los fieles chalacos se unen a
los hermanos de todo el mundo que le rinden culto a la
Divina Misericordia.
El Vaticano publicó el 23 de mayo del 2000 un decreto
en el que se establece, por indicación del Papa Juan
Pablo II, la fiesta de la Divina Misericordia en el
segundo domingo de Pascua. Esta celebración quiere
hacer llegar a nuestros corazones el mensaje de Dios,
que nos pide ser misericordiosos con el prójimo. |
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"PIDAN A
DIOS PARA QUE SIGA SIENDO UN PASTOR MANSO Y FIRME DE
SU IGLESIA", DICE EL PAPA |
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Ante más de 60 mil personas reunidas en la Plaza
de San Pedro con motivo del primer aniversario de
su elección como Sumo Pontífice, el Papa Benedicto
XVI pidió a todos los fieles que continúen
apoyándolo y que pidan a Dios para que le conceda
seguir siendo un pastor manso y firme de su
Iglesia.
Al iniciar sus palabras, el Santo Padre recordó el
día de su elección, aquel martes 19 de abril del
2005: “Quisiera junto con ustedes agradecer al
Señor que tras haberme llamado exactamente hace un
año a servir a la Iglesia como sucesor del apóstol
Pedro, no ha dejado de asistirme con su
indispensable ayuda”. |
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“Recuerdo con emoción –agregó– el primer impacto que,
desde el balcón central de la Basílica, tuve justo
después de mi elección con los fieles reunidos en esta
misma plaza”.
"Permanece impreso en mi mente y en el corazón aquel
encuentro, al cual siguieron muchos otros que me
dieron un modo de experimentar cuánto es verdad
aquello que dije en el curso de la solemne
concelebración con la cual inicié solemnemente el
ejercicio del ministerio petrino: ‘Siento viva la
conciencia de no deber llevar por mi cuenta aquello
que en realidad no podría llevar por mi mismo’. Y cada
vez más, siento que solo no podría llevar adelante
esta tarea, esta misión, mas siento también como
vosotros me ayudáis, y así estoy en una gran comunión
y juntos podemos llevar adelante la misión del Señor”,
manifestó el Papa.
Benedicto XVI agradeció "de corazón a todos aquellos
que de diversas maneras están cercanos a mí y también
a los que están lejos, pero cercanos espiritualmente
con su afecto y oración: a cada uno pido que continúe
sosteniéndome y pidiendo a Dios para que me conceda
ser un pastor manso y firme de su Iglesia”.
Al final, el Papa saludó a los visitantes de
Latinoamérica y de España, de modo especial a los
religiosos agustinos, a los seminaristas de Madrid y a
los numerosos grupos parroquiales y escolares
españoles, así como a los diversos peregrinos de
Argentina, Costa Rica, El Salvador y México.
"Que la Virgen María nos ayude a comprender este gran
misterio de amor que cambia los corazones y nos hacer
gustar la alegría pascual. Muchas gracias por vuestra
atención", finalizó el Santo Padre.
Participaron en la Audiencia General peregrinos
llegados desde Bosnia, Croacia, Ucrania, Alemania,
Francia, Estados Unidos, Australia, Canadá, México,
Costa Rica, Argentina, Irán, entre otros.
Finalizada la audiencia, el Santo Padre retornó en
helicóptero a su residencia de Castelgandolfo, donde
permanecerá hasta el próximo viernes. |
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SEGUNDO
DOMINGO DE PASCUA
Hch 4, 32-35; Sal 117; 1Jn 5, 1-6; Jn 20,19-31 |
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«Al atardecer de aquél día, el primero de la
semana, estando cerradas, por miedo a los
judíos, las puertas del lugar donde se
encontraban los discípulos, se presentó Jesús en
medio de ellos y les dijo: “La paz con
vosotros”. Dicho esto, les mostró las manos y el
costado. Los discípulos se alegraron de ver al
Señor. Jesús les dijo otra vez: “La paz con
vosotros. Como el Padre me envió, también yo os
envío”. Dicho esto, sopló y les dijo: “recibid
el Espíritu santo. A quienes perdonéis los
pecados les quedan perdonados; a quienes se los
retengáis les quedan retenidos”.
Tomás, uno de los Doce, llamado el mellizo, no
estaba con ellos cuando vino Jesús. Los otros
discípulos le decían: “Hemos visto al Señor”.
Pero él les contestó: “Si no veo en sus manos la
señal de los clavos y no meto mi dedo en el
agujero de los calvos meto mi mano en su
costado, no creeré”. Ocho días después, estaban
otra vez sus discípulos dentro y Tomás con
ellos. Se presentó Jesús en medio estando las
puertas cerradas, y dijo: “La paz con vosotros”.
Luego dice a Tomás: “Acerca aquí tu dedo y mira
mis manos; trae tu mano y métela en mi costado,
y no seas incrédulo sino creyente”. Tomás
contestó: “Señor mío y Dios mío”. Dícele Jesús:
“Porque me has visto has creído. Dichosos los
que no han visto y han creído”.
Jesús realizó en presencia de los discípulos
otros muchos signos que no están escritos en
este libro. Éstos han sido escritos para que
creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios,
y para que creyendo tengáis vida en su nombre».
Jn 20, 19-31 |
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En este segundo domingo de Pascua la Iglesia nos
sitúa en el cenáculo para que la vida de los que
creen en Cristo Resucitado esté llamada a arrojar un
primer signo que es la comunión entre los hermanos.
Ya la primera lectura nos presenta la dimensión
comunitaria de la primitiva Iglesia, la cual es el
signo de que vive y existe en la paz de Cristo. La
primera comunidad de creyentes vive en comunión por
la fe en el Resucitado, esta fe trasciende y se
manifiesta en un signo como indica en otro pasaje:
“...ponían todo en común, incluso sus bienes...”.
Porque muchas veces las delimitaciones de
propiedades, los conceptos de “mío” o “tuyo” son
causa de discordias y división, de falta de paz
entre los hombres. Por ello, la paz de la que se
habla tiene una motivación espiritual: “...nadie
llamaba suyo propio nada de lo que tenía...”. Pero,
¿por qué el hombre puede poner sus bienes al
servicio de los hermanos? Porque la vida en Cristo
lleva a descubrir que la vida no viene de las cosas
que se pueden tener o conseguir, sino que todo tiene
su sentido desde el propio Hijo de Dios. Ya el
evangelista Mateo, en el capitulo 6, da esta
afirmación: “... no se puede servir a Dios y al
dinero...” y, mas aún, toma una frase conclusiva:
“... Buscad el reino de Dios y su justicia y todo lo
demás se os dará por añadidura...”. Por eso tenemos
que remarcar que la vitalidad de las primeras
comunidades cristianas es la misma persona de Cristo
Resucitado en ellos.
La segunda lectura amplía la perspectiva de la paz
instaurada por Cristo, que ahora es llamada “amor a
Dios” y “fe en Dios”, porque esta unidad del amor y
de la fe es propiamente el don pascual de Cristo: la
instauración de la paz entre Dios y el mundo. En la
Iglesia este don se concretiza en los sacramentos
del Bautismo (agua), de la Eucaristía (sangre), y de
la Confirmación (Espíritu), y así, el que los recibe
en su sentido íntimo y los deja actuar en él, recibe
la paz de Cristo y la da a conocer en el mundo.
En el evangelio se describen las apariciones de
Cristo resucitado en la tarde del día de Pascua y
ocho días después: así lo que el Señor trae a su
retorno de la muerte en cruz, es la paz definitiva y
perfecta. Una paz no como la que da el mundo, sino
mucho más definitiva y perfecta. El evangelio
presente tres momentos o escenas, primero a Cristo
deseando la paz a los discípulos, paz que es Él
mismo, lo que testimonia mostrando sus heridas.
Sobre la muerte y el rechazo que los hombres le han
infligido funda la paz, no hay reconciliación con
los discípulos que le habían negado, todo queda de
lado ante el hálito de su amor que ha sido más
fuerte y duradero, es la gran paz que ofrece.
En segundo término, Cristo exhala su aliento sobre
los discípulos otorgándoles el Espíritu de su propia
misión, con el cual son autorizados a transmitir a
los hombres la paz que ellos mismos han recibido. El
don recibido de Jesús se les da para ser
transmitido: “... a quienes perdonéis los
pecados...”. Todo esto tiene que producirse en la
fe, entonces se presenta el tercer momento, el
episodio de Tomás. No ver, no querer experimentar es
el presupuesto para la recepción de la paz. La fe es
la condición de toda recepción de los dones divinos.
Cuando el hombre duda y no quiere entregarse a
Cristo, no puede tener paz. Para tener debe decir en
la fe: “...Señor mío y Dios mío...”
Por eso, la fe cristiana no es una adhesión a un
conjunto de doctrinas sino es, fundamentalmente, el
encuentro existencial profundo del hombre con Cristo
mismo. Es verdad, no se puede negar que por estudio
se sistematice la presentación de la vida cristiana
y los misterios de la fe que debemos abrazar; pero
esto no suple la fe en la cual debe vivir todo
creyente.
En muchos episodios en los cuales Jesús se encuentra
con sus discípulos se desvela una relación personal
y estrecha. Por eso, un discípulo es aquél que sigue
a su maestro porque ha llegado a comprender que el
maestro posee la verdad.
Esta segunda semana de Pascua de Resurrección, la
Iglesia, a través de esta liturgia, nos invita y nos
llama, a todos los creyentes, a vivir en el amor y
la unidad porque en Cristo, como dice San Pablo:
“... el mismo odio que separaba a los dos pueblos, a
través de la cruz de Cristo ha sido destruido...”.
Por esto, la vida cristiana está llamada a reflejar
el amor del Padre a los hombres, que no hace
distinción ni excepción con ninguno y donde todos
somos hermanos en Cristo.
San Agustín, al respecto, en su Discurso 88 dice:
Cristo muestra sus cicatrices a Tomás no sólo para
curar su incredulidad, sino la incredulidad de
aquellos que vendrán después de él; entonces el
sentido de las cicatrices de Cristo, para nosotros,
debe significar que Aquel que tomó la naturaleza
humana y curó nuestras heridas, no podía resucitar
sin las cicatrices de las heridas curadas a la
humanidad. De esta manera en Cristo no hay
enfermedad de la cual no pueda curarnos y
redimirnos.
San Cirilo de Jerusalén dice que el hecho que Cristo
se presente dando la paz, es que Él mismo es nuestra
paz, y es una paz que sobrepasa todo límite al cual
el hombre puede llegar por sí mismo, por eso San
Pablo dice: “... ya no vivo yo sino es Cristo que
habita en mí...”; porque sólo en Cristo podemos
llegar a la plenitud de la vida.
Pbro. Oscar Balcázar Balcázar.
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