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En la quinta semana de Pascua, las lecturas que la Iglesia nos ofrece están centradas en el mandamiento nuevo de Cristo: "... amaos como yo os he amado...". Para seguir profundizando en esta expresión, es oportuno remitirnos al Evangelio del domingo anterior que al final terminaba diciendo: "... Yo y el Padre somos uno...". Y en esta unidad y comunión podremos amar a los hermanos como Cristo nos ha amado.
La segunda lectura, del Apocalipsis, cuando San Juan comienza diciendo: "... vi un cielo nuevo y una tierra nueva..." inmediatamente tendríamos que decir que este cielo nuevo y esta tierra nueva, San Pablo nos lo expresa con la siguiente frase: "... llegada la plenitud de los tiempos...". Esto quiere decir que el hombre nuevo participa de la Vida Nueva por el Misterio Pascual de Cristo. Los cielos nuevos y la tierra en consecuencia nos hablan del hombre nuevo, y así todo lo creado en Cristo es recreado.
En nuestros días, nuestra sociedad moderna intenta ingenuamente, por decirlo de una manera, cambiar el orden social y proponer normas justas para la convivencia humana, pero se encuentra con una gran dificultad, tanto para aquellos que elaboran las leyes como para aquellos que tienen que cumplirlas: no hay hombres nuevos, hombres alcanzados por la obra redentora de Cristo y por eso las normas dictadas tantas veces son injustas, porque aquellos que tienen que cumplirlas están incapacitados de asumirlas. De esta manera es muy remota la posibilidad de un orden social nuevo, si el hombre en lo más profundo de su ser no es recreado por la Gracia y el Amor de Dios manifestado en Cristo Nuestro Señor.
Si hacemos una pequeña vuelta al pasado, aquello que se vivió entre las décadas de 1920 al 1990, donde se quisieron imponer sistemas ideológicos de pensamientos, que a su vez originaron estructuras sociales concretas; lo que hoy comprobamos en las sociedades es el resultado de este pasado social. Por lo que hoy podemos ver un rechazo frontal a éstos sistemas que bipolarizaron el mundo en orden a lo social, económico y político.
Haciendo una lectura cristiana de estos hechos lo que como fundamento no tuvieron fue poner en primer lugar a la persona humana, como causa y principio de su inspiración. De aquí las palabras de Cristo en el evangelio de hoy, que son una respuesta para nuestra realidad presente: "...amaos como yo os he amado...".
Esta expresión de Cristo en el Evangelio de hoy: "... como yo os he amado...", ya en el libro del Levítico capítulo 19, versículo 18, se da como un precepto que debía observarse y vivirse; pero esto a su vez nos ayuda a comprender que aún no se había revelado su significado y comprensión. Indudablemente, nadie puede dar aquello que no ha recibido, por eso en la frase: "... como yo os he amado..." está contenido en su significado la vida misma de Cristo, y sobre todo lo que el Señor en su vida pública realizó con palabras y hechos. Sobre todo su Pasión que nos reveló plenamente el rostro misericordioso del Padre.
Entonces este mandamiento del amor no lo reduzcamos a un solo sentimiento amoroso-afectuoso, o de compasión hacia nuestros semejantes que no conocemos. Pues tantas veces en el orden de las obras de caridad piadosa, pensamos que nuestra limosna es una expresión de amor al prójimo; que en el sentido correcto la caridad significa hacer partícipes a los pobres de los bienes con los cuales Dios nos bendice y nos da.
La expresión: "... como yo os he amado...", Cristo, está queriendo decirnos que el actuar de nuestra vida debe transmitir este amor que es una entrega y donación de mi persona al hermano. Pues Cristo, según nos lo dan a conocer los evangelios, en cada paso de su vida ha manifestado este amor que era una entrega total de Él hacia sus oyentes y en esta donación de su persona nos ha revelado el amor fiel del Padre del cielo hacia nosotros. El sentido antropológico correcto del significado del hombre; como dice el magisterio de la Iglesia: “la persona se realiza en la medida que es un don de sí”. Varias catequesis del Papa Juan Pablo II en relación al tema del matrimonio, realizadas entre los años 1979 al 1984; hacen referencia a este don de sí entre los esposos, para significar que el matrimonio es un bien querido por Dios desde el principio: "... los creó varón y mujer...".
De esta manera: "... como yo os he amado...", Cristo, en esta expresión, está haciendo presente que en este amor que se ha manifestado en su muerte de cruz ha recreado la humanidad entera reconciliando al hombre con su Creador. Y esto ha significado recuperar al hombre, por medio de Cristo, como la creación que hizo Dios desde el principio: "... hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza...". Entonces el hombre ha sido creado desde el principio para la comunión por Dios, o sea para el amor y para ser un don de sí para el otro; entonces, en esta frase de Cristo: "... como yo os he amado...", el hombre pasa de la ley a la gratuidad, porque el amor manifestado en Cristo, nos recrea, y al recrearnos, nosotros los hombres recobramos en Cristo nuestra condición de ser imagen del Padre de la Misericordia. Como dice San Agustín: “...este mandamiento es nuevo porque nos despoja del hombre viejo y nos reviste del hombre nuevo...”.
Importante la primera lectura, pues al final dice: "... como había abierto a los gentiles las puertas de la fe...". Es indudable que para aceptar la persona de Cristo en nuestra vida, la Buena Noticia del Evangelio, debe darse previamente una preparación, que sería la predicación; porque la fe dicho de manera sencilla es la confianza y el abandono de una persona a otra, y es lo que Jesús dice sobre el centurión: "... no he encontrado en Israel una fe tan grande..."
Concluyendo en esta frase de Cristo que es el mandamiento nuevo: "... como yo os he amado...", no debemos tomarlo como un compromiso que tenemos que asumir, pues es la fe en el Hijo de Dios, en Cristo Resucitado que ha transformado nuestra existencia y ha hecho de nosotros Hombres Nuevos, haciéndonos: un don de sí para el otro-hermano, amando a los hombres sin distinción. Las siguientes palabras de San Pablo, con respecto a lo que hemos expuesto, nos ayudan a comprender y a vivir este amor de Cristo: "... tanto en la vida como en la muerte somos del Señor...".
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