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Luego del Tiempo Pascual en que la Iglesia nos ha concedido celebrar los misterios de nuestra fe que ha concluido con la solemnidad de Pentecostés; indudablemente la Trinidad en Persona: Padre-Hijo-Espíritu Santo, prolonga su presencia en la humanidad a través de la Santa Madre Iglesia que se funda, como nos lo dice San Mateo en el evangelio: “...Pedro esto no te lo ha revelado ni la carne, ni la sangre sino mi Padre que está en el cielo, ... sobre esta fe edificaré mi Iglesia...”.
Pero la fiesta de Pentecostés también nos ha hecho presente, como lo dice San León Magno: “... ya no es la ley recibida en el Sinaí, sino la Ley inscrita en el corazón de los hombres por el poder del Espíritu Santo...”. Por eso, estas lenguas de fuego no solamente hacen presente el Espíritu que impulsa a la Iglesia a la misión sino que primeramente recrea al hombre, lo hace un hombre nuevo a imagen del Hijo; y por eso la misión es realizada por los hombres renacidos por la Gracia y el Espíritu.
A continuación damos algunos elementos de teología bíblica sobre las citas correspondientes a la celebración de esta Solemnidad de la Santísima Trinidad. En la primera lectura se nos señala que el misterio trinitario de Dios está impreso desde el principio en toda su creación. Antes de la existencia de lo primero existía la Sabiduría de Dios, que aquí es designada como su hijo, y que en otros pasajes le ayuda a proyectar la creación, una Sabiduría que en la Antigua Alianza puede simbolizar tanto al Hijo como al Espíritu, algo divino y a la vez distinto del Creador paterno, de modo que toda criatura lleva impresa una huella de la entrega y de la fecundidad divinas. Cristo y el Espíritu Santo enviado por Él no son sólo la revelación de un misterio extraño y totalmente nuevo, sino al mismo tiempo son el desvelamiento para la criatura de su propio ser y de su sentido último.
La segunda lectura subraya que: "... el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones con el Espíritu Santo...", está verdad es una vez más señalada. Con su Pasión y muerte, Jesús ha realizo plena y finalmente el amor de Dios hacia nosotros y por nosotros, amor que no es sino su propio amor trinitario, pues Dios no nos ama de una forma distinta a como se ama en sí mismo. Nosotros podemos tener acceso a este amor, confortados en las tribulaciones y perseverando en la paciencia, con la esperanza de participar en este amor, es decir: el que el sufrimiento en este mundo no nos aleje de Dios sino que nos acerque a El, y que esto se convierta en nosotros en certeza, se lo debemos al Espíritu del amor de Dios que ha sido derramado en nuestros corazones. Gracias a este Espíritu nosotros mismos quedamos incluidos en la corriente del amor divino.
Es así que en el evangelio de san Juan, Jesús promete a sus discípulos el Espíritu Santo, que los guiará hasta la verdad completa. Esta totalidad es el misterio íntimo de Dios, su esencia, una esencia que sólo Él conoce: porque así como solamente el espíritu del hombre conoce la intimidad del hombre, así también, y mucho más aún, la intimidad de Dios nadie la conoce, si Él mismo no nos la da a conocer y no nos hace partícipes de ella. Esta apertura de Dios hacia el hombre, es también la "verdad plena" pues tras la verdad de Dios o más allá de ella no puede haber ninguna otra verdad, y toda verdad contenida en el mundo creado no es sino un reflejo y una imitación de la verdad divina. Pero la verdad íntima de Dios es que es Dios en cuanto origen y Padre que se comunica ya desde siempre total e incondicionalmente a su Palabra, que es engendrada en esta entrega total, se trata de un acto del amor más original al que solo se puede corresponder con un amor recíproco igualmente total e incondicional. Pero cuanto más incondicional sea el amor, tanto más fecundo será: no es simplemente un "yo-tú", porque esto se agotaría en sí mismo, el encuentro es al mismo tiempo la producción de un fruto que, tal como un niño que es fruto del encuentro de sus padres; testimonia el encuentro eterno del Padre y el Hijo. Los seres del humanos son seres yuxtapuestos, se aman, se engendran y dan a luz en el amor; pero el ser infinito, que es Dios, sólo puede ser único: los que se aman en Él sólo pueden existir el uno en el otro. Cuando el Hijo se hace hombre, no puede revelarnos otra cosa que el amor del Padre y su amor al Padre, y el amor de ambos por nosotros. Pero nosotros sólo podemos comprender este misterio y participar de él, si el Espíritu se derrama sobre nosotros. Si la revelación del Hijo ha dado a conocer el amor divino hasta el extremo, y este extremo se alcanza con la muerte y resurrección, lo que comunique el Espíritu será tan ilimitado como lo que ha enseñado el Hijo.
Podemos decir algunas palabras directamente en torno a esta gran Solemnidad de la Iglesia que es la celebración de la Santísima Trinidad. Quizás esta expresión Santísima Trinidad, para nuestra cultura moderna, puede dar a entender a un Dios inaccesible, lejano a la realidad del hombre. Por eso, el Papa Juan Pablo II habla con mucha frecuencia del Dios Comunión, del Dios Amor, el Padre de la Divina Misericordia. Pues gracias a este Dios Trino: Padre-Hijo-Espíritu Santo, tres personas que inhabitan en una perfecta comunión, es que el hombre secularizado puede abrir su corazón por los efectos o la manifestación de este Dios Trino, es decir, a través de la experiencia del perdón, del amor, del sentirse aceptado en toda su realidad, en no sentirse dejado de lado porque este Dios es un Dios que ama sin acepción de persona, ni de cultura, ni de raza.
Por eso no podemos dejar de citar el libro del Deuteronomio, porque es importante hacer presente en esta fecha el mandato de Israel: “... Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente ...”. Al inicio se hizo mención de la fiesta de Pentecostés porque solamente pueden amar de esta manera aquellos que han sido regenerados y recreados por este don del Espíritu Santo. Pues aunque muchos han comparado al cristianismo con el servicio militar, al mismo tiempo hay una gran diferencia entre un servicio y el otro. Mientras que el servicio militar se realiza por un mandato de la autoridad y una sumisión por parte del subordinado sin contar con su libertad y su aceptación. El servicio entendido en la vida cristiana se realiza por un amor a la autoridad-Dios-, pero este amor es como una respuesta a la gratitud de todos los beneficios recibidos por parte de este Dios Amor.
Otra idea que podemos ofrecer, que estas tres personas en un mismo ser se presentan como un reto a la razón humana, habitada a considerar a los seres según la medida de la experiencia humana. Bajo esta visión, Dios se ha revelado a través de muchos modos, pero esto para demostrar que es Dios, superior al hombre. Esta afirmación se ha debido realizar tantas veces, porque en el transcurso de los tiempos ha habido algunas tendencias teológicas que por querer expresar el Misterio de Dios se han alejado de su fuente y sentido correcto.
Lo que sí podemos decir es que Dios es comunidad, Dios es amor, y para amar se necesita vivir dentro de un continuo intercambio de relación. Serían innumerables los textos bíblicos al respecto, pero los más saltantes podemos decir: “... hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza...; ... el Padre y Yo vendremos a ser morada en él...; ... el Padre enviará en mi nombre el Espíritu de la Verdad, para que os conduzca a la verdad plena...; ....Yo me voy al Padre pero no os dejaré huérfanos os enviaré el Paráclito...; etc.”
Debemos concluir afirmando que el cristianismo es una religión monoteísta, pues creemos en un solo Dios, pero en tres personas distintas que han actuado en la historia de la salvación y en la vida del hombre en una comunión perfecta. La Solemnidad de este día nos invita, por lo tanto, a proclamar nuestra fe cristiana cimentada en el Dios único y verdadero, que se ha revelado a través del Misterio Pascual de Cristo Muerto y Resucitado por nosotros.
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