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Salió Jesús con sus discípulos hacia los pueblos de Cesarea de Filipo,
y por el camino hizo esta pregunta a sus discípulos: “¿Quién dicen los
hombres que soy yo?” Ellos le dijeron: “unos que Juan el Bautista; otros,
que Elías, otros que uno de los profetas” Y él les preguntaba: “Y vosotros,
¿quién decís que soy yo?”. Pedro le contesta: “Tú eres el Cristo” Y les
mandó enérgicamente que a nadie hablaran acerca de él. Y comenzó a enseñarles
que el Hijo del hombre debía sufrir mucho y ser reprobado por los ancianos,
los sumos sacerdotes y los escribas, ser matado y resucitar a los tres
días. Hablaba de esto abiertamente. Tomándole aparte, Pedro se puso a
reprenderle. Pero él, volviéndose y mirando a sus discípulos, reprendió
a Pedro, diciéndole: “¡Quítate de mi vista, Satanás! Porque tus pensamientos
no son los de Dios, sino los de los hombres” Llamando a la gente a la
vez que a sus discípulos, les dijo: “Si alguno quiere venir en pos de
mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame. Porque quien quiera salvar
su vida la perderá; pero quien pierda su vida por mí y por el Evangelio,
la salvará...”». |
| Siempre
es importante retomar algunas líneas de las lecturas del domingo
anterior, pues la Iglesia en su misión de docencia, a través
de la Liturgia de la Palabra, ejerce su continua misión evangelizadora
sobre nosotros, que por la gracia de Dios concurrimos cada domingo a la
celebración de nuestra fe: el Misterio Pascual de Cristo. Tenemos
que tener en cuenta esta pedagogía de la Iglesia, sobre todo los
ministros que han sido investidos con el orden sagrado.
No
por casualidad el evangelio de la semana pasada hablaba de la curación
del sordomudo, pues para ser discípulo de Cristo necesitamos
que Él nos abra el oído para proclamar sus grandezas y
ser instrumentos y portadores de Cristo.
En
el presente domingo Isaías ya no se dirige a los de corazón
cansado (Is 35). En esta liturgia la Iglesia nos presenta al siervo
doliente, a uno a quien Dios le ha abierto el oído para que pueda
llevar a cabo la misión que se le encomienda y por eso dice:
... y no me he rebelado.... Si a esta lectura la enlazamos
con el evangelio en el que Jesús increpa a Pedro, podemos comprender
por qué Cristo llama a Pedro Satanás.
Satanás
-que significa adversario, acusador- es el enemigo del hombre que quiere
impedir que Dios realice su obra en el hombre. Lo vemos de manera significativa
cuando Cristo es tentado en el desierto. Lo vemos nuevamente en esta
actitud de Cristo hacia Pedro, cuando rechaza el engaño que Satanás
quiere hacer para alejarlo de su misión. Al respecto, podemos
decir que en nuestra vida cotidiana tenemos que pedirle a Dios que nos
ayude a poder discernir estas influencias satánicas para que
nuestra vida no salga del amor de Dios.
En
el penúltimo párrafo, aparece Cristo como el siervo que
profetiza Isaías. Sabemos que este siervo doliente se ha revelado,
se nos ha dado a conocer: Cristo sin resistirse al mal ha entrado en
su pasión con una obediencia hasta la muerte, como expresión
de la sumisión al Padre, pues el Padre había escogido
el camino de la cruz para redimir al hombre. Por eso se presenta el
escándalo de Pedro que también será nuestro escándalo
cotidiano de no creer que la vida que Dios quiere regalarnos, y que
es vida eterna, pasa por la negación de nuestro yo. Una negación
que se debe expresar en la renuncia de nuestros proyectos, ilusiones,
para que en toda su plenitud se realice el diseño de Dios en
nuestra vida.
Por
eso, retomando el inicio del Evangelio Cristo pregunta: ... quién
dice la gente que soy yo.... De esta manera pedagógica
Cristo trata de que sus discípulos comprendan quién era
Él en realidad, el Salvador, el Redentor, y que a través
de una acción inigualable e inimaginable salvaría y se
ofrecería la regeneración a todo hombre.
La
segunda lectura de la liturgia de este domingo, que da la impresión
que tendría que ser el centro de toda nuestra reflexión,
puede tener un gran peligro en cuanto a su interpretación, sobre
todo, en la siguiente frase: ... la fe sin obras está muerta
por dentro.... El Cardenal Ratzinger en el libro Ser cristiano
en la era neopagana, traducido al español en 1965, hace presente
y pone al descubierto la equivocación en la cual incurren muchos
fieles al equiparar la evangelización-predicación con
el activismo. En este sentido, podemos solamente reducir nuestra fe
una serie de actividades u obras de caridad. Por consiguiente, tendríamos
que preguntarnos en que se diferenciarían nuestras obras (hablando
como cristiano) de aquellos que no son cristianos. Dicho de otra manera,
si solamente la vida cristiana se reduce a una asistencia humanitaria,
entonces la obra de Cristo ¿qué trascendencia tendría
en el hombre?
Por
eso, es importante el evangelio de este día porque nos pone de
manifiesto el sentido de la obra de la fe, que no se debe reducir a
las ofrendas que daban los fariseos en el templo de Jerusalén
y como decía Cristo ... dan de lo que les sobra...
Sino que la obra de la fe del creyente y toda obra del creyente debe
estar marcada como la obra que Cristo ha realizado para salvarnos: una
renuncia a sí mismo. Pues la obra de Dios por amor al prójimo,
... a todos los hombres..., ha sido la de darnos a su Hijo
por amor a nosotros. Por eso la obra de la fe no se puede desligar o
separar de esta gratitud de amor hacia Dios que se expresa en el hermano;
porque hoy nuestra vida, aunque no este rodeada de lujos ni de grandes
comodidades, aunque tenga sufrimientos, tiene un sentido profundo por
el hecho de que Cristo la anima, porque Él es nuestra esperanza:
nuestra obra debe ser como un gesto de gratitud a Dios traducido
en amor para salir a socorrer a nuestros hermanos.
Ahora
podemos entender la frase de Santiago que nos dice que la fe sin obras
es muerta, porque si realmente creemos que Cristo es nuestro Salvador
esta fe en Cristo debe causar efecto en nuestra vida. Un efecto que
se traduce en obras, en gestos de amor y caridad, pero teniendo como
fuente y como fuerza dinámica de nuestro actuar a la obra y al
amor de Cristo en nosotros. Porque Él, por amor a nosotros, aceptó
obediente la voluntad de su Padre: la muerte en cruz..
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