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En las lecturas de la presente semana hay un cambio radical de orientación con respecto al evangelio de la semana anterior. Las lecturas del domingo precedente, sobre todo el evangelio, nos presentaron las parábolas de la misericordia; que ponen de manifiesto la misericordia del Padre y cómo e4ste Padre, Dios, tiene una pedagogía para que vivamos y comprendamos la misericordia que tiene para con nosotros. Como vemos la semana pasada, tanto la vida del hijo menor como la del hijo mayor eran “miserables” (sin gracia), porque tanto el uno como el otro, no sabían qué significaba vivir con el Padre de la Misericordia.
Las lecturas de la presente semana nos ponen de manifiesto la relación del hombre con el dinero. Esto ya nos está preparando a comprender la actitud y relación del hombre con aquello que Dios le ha dado para sustentar su vida. A continuación ofrecemos una pequeña reflexión bíblica sobre cada lectura y pasaremos luego al comentario final.
La segunda lectura ensancha nuestra perspectiva: la Iglesia debe orar también por el gran ámbito no cristiano, pues Dios los ha incluido también en su plan de salvación. La Iglesia no puede dedicarse a la política, partidaria, ni a dar recetas en asuntos prácticos de la economía nacional, pero debe hacer todo lo que esté en su mano para que la igual dignidad de todos los hombres, proclamada por Cristo, sea reconocida en todos los ámbitos. Como el plan divino de salvación incluye a todos los hombres, la Iglesia debe preocuparse de toda la humanidad. Pablo se denomina "... maestro de los gentiles..."; esto significa que no sólo pretende convertir a algunos de ellos a la fe, sino que quiere que las normas auténticamente humanas que resplandecen en la Nueva Alianza sean reconocidas también más allá de las fronteras de la Iglesia.
En la primera lectura se aborda el tema del "Mamón injusto" -que se continúa en el evangelio- de una manera que toda la injusticia se sitúa no en el dinero mismo, sino en el uso que los opresores hacen de él. No se trata sólo de ciertas manipulaciones sin escrúpulos en la vida económica: "... disminuís la medida, aumentáis el precio...", sino del fraude manifiesto: "... usáis balanza con trampa...", y esto unido a una valoración del pobre como pura mercancía: "... compráis al mísero por un par de sandalias...". Todo esto es un atentado contra la alianza con Dios, que no sólo condena la mentira y el robo, sino que pide amar al prójimo como uno se ama a sí mismo. En el pensamiento del mundo de fuera de la Alianza, muchos de estos hábitos pueden ser considerados "normales" (aunque también en él los hombres de Estado se hayan preocupado de promover la justicia para todos), y Jesús puede en el evangelio servirse de estos comportamientos "normales", calificados de "astutos", para su enseñanza.
Así en el evangelio leemos: "...Los hijos de este mundo son más astutos que los hijos de la luz...". El administrador que ha derrochado los bienes de su rico señor y al que éste le pide cuentas de su gestión, elige la estafa como salida "astuta" a su comprometida situación. Para él, ésa es la forma de salir del atolladero en el último momento. Su calculada astucia consiste en que, cuando se produzca el despido anunciado, espera encontrar acogida en casa de los deudores a los que ha perdonado parte de lo que éstos debían a su amo. Cristo (el "amo" del versículo 5), no alaba la estafa, sino la astucia, que en el ámbito mundano supera muy a menudo la astucia de los cristianos, incluso cuando se trata de su ser o no ser. Los cristianos deberían tomar alguna precaución para que en su día los "... reciban en las moradas eternas...", al menos dar limosna, repartir su dinero entre los necesitados, en vez de esperar como holgazanes a que llegue el juicio y se produzca el eventual despido.
Las sentencias de Jesús sobre los versículos 10-13 exigen formalidad en las cuestiones monetarias también en la Iglesia, y finalmente una clara decisión: Dios y el dinero son dos amos que no comparten su soberanía, por lo que nadie puede pretender servir a los dos a la vez.
El amo sabe que se está disipando su hacienda; el administrador no es honrado. Ahora se enfrenta a una crisis. Cien medidas de aceite, unos 4 000 litros por lo menos, el producto de unos 150 olivos. Cien medidas de trigo, el producto de unas 40 hectáreas.
Notemos como el narrador oriental se complace en la exageración, cosa que hemos observado en más de una ocasión. Elogió al administrador infiel: no se le condena. En este sentido nos recuerda al "juez infiel". Era "infiel" únicamente en cuanto que perjudicaba a la seguridad o riquezas del amo.
Probablemente lo que el administrador hizo fue cancelar los intereses excesivos que exigía en beneficio propio, "... por haber actuado con astucia...". Dio pasos decisivos en el momento de la crisis, previendo por anticipado lo que habría de hacer.
La primera moralización de la parábola cobra mayor relieve sobre el trasfondo del ingenioso administrador: "... hijos de este mundo..., hijos de la luz...", expresiones semejantes para designar a los buenos y a los malos. En griego el término riqueza es “mamón”; la única vez que aparece este término en el Antiguo Testamento es en Eclo 31, 8; probablemente procede de la raíz 'amán (ser firme); 'ma'món significa "aquello en lo que uno pone su confianza". El difícil versículo 9 podría explicarse así: usad prudentemente las riquezas que tenéis, a fin de asegurar vuestra situación en la última edad; recordad que la riqueza impulsa a los hombres hacia la falta de honradez. Cuando fallen los bienes terrenos, seréis bien recibidos en las tiendas eternas del Reino de Dios.
En esta segunda moralización (v. 10-12), el acento pasa de la edad escatológica a la fidelidad cotidiana. El cristiano debe usar los bienes terrenos con prudencia y moderación. La tercera moralización (v. 13), una sentencia procedente de Jesús, nada tiene que ver con la parábola.
Repite la idea de la entrega total que Jesús espera de sus seguidores. La palabra de engarce "fe", relacionada con el hebreo 'amán, une las tres breves aplicaciones y aparece en cada una de las moralizaciones al menos en alguna forma derivada. Mamón, de 'amán, un verbo que también puede significar "creer" o "ser fiel". (J. A. Fitzmyer).
Como lo ponen de manifiesto las palabras de Jesús en el evangelio de san Lucas, no se puede servir a Dios y al dinero. De esta manera el creyente está llamado a vivir como un administrador fiel a aquello que se le encomienda en cualquier tipo de orden. Por algo san Pablo dice a los esclavos: “… esclavos servid a vuestros amos no para agradarle a ellos, sino por amor al mismo Cristo…”. En este sentido incluso podemos entender las palabras de Jesús cuando dice: “…los hijos de este mundo son más astutos que los hijos de la luz…”. Así concluye al respecto un biblista, San Gregorio Magno, en su Regla Pastoral, 3, 21 dice: "Cuando suministramos, pues, algunas cosas necesarias a los indigentes, les devolvemos lo que es suyo, no damos generosamente lo nuestro. Satisfacemos una deuda de justicia más bien que realizar una obra de misericordia, y por eso la misma verdad, cuando habla de que se ha de practicar cautamente la misericordia, dice: Guardaos de hacer vuestras obras en presencia de los hombres, con el fin de que os vean (Mt 6, 1); y ensalzando esta doctrina, el Salmista dice: Derramó a manos llenas sus bienes entre los pobres, su justicia permanece eternamente (Sal 111, 9). Al hablar, pues, de esta largueza dispensada a los pobres, quiso ante todo llamarla, no misericordia, sino justicia, porque lo que da el Señor de todos sin duda es justo que quien lo recibe lo use como común. También por esto dice Salomón: El justo da y nunca cesa (Prov 21, 26)".
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