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La
problemática de las sectas se ha convertido en los últimos
años en una de las grandes lacras sociales, aún pendiente
de solución. Y es que cualquiera, independientemente de la raza,
cultura o estrato social, puede caer en las redes de estas agrupaciones.
Por ello, con el objetivo de tratar temas relacionados a la doctrina
eclesial y sectas, este miércoles 22 octubre los integrantes
del equipo diocesano del área de la Pastoral Socio Caritativa
del Callao, se reunirán a las 5 p.m. en el local de la Escuela
de Líderes Sociales Sembrador de Paz. El encuentro
será dirigido por el Apostolado de la Palabra, y en él se tendrá la
exposición titulada: “Cristiano, defiende tu fe”, a cargo del P. Víctor
Torres.
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| «Se
acercan a él Santiago y Juan, los hijos de Zebedeo, y le dicen: "Maestro,
queremos que nos concedas lo que te pidamos." Él les dijo: "¿Qué queréis
que os conceda?" Ellos le respondieron: "Concédenos que nos sentemos en
tu gloria, uno a tu derecha y otro a tu izquierda." Jesús les dijo: "No
sabéis lo que pedís. ¿Podéis beber la copa que yo voy a beber, o ser bautizados
con el bautismo con que yo voy a ser bautizado?" Ellos le dijeron: "Sí,
podemos." Jesús les dijo: "La copa que yo voy a beber, sí la beberéis
y también seréis bautizados con el bautismo con que yo voy a ser bautizado;
pero, sentarse a mi derecha o a mi izquierda no es cosa mía el concederlo,
sino que es para quienes está preparado." Al oír esto los otros diez,
empezaron a indignarse contra Santiago y Juan. Jesús, llamándoles, les
dice: "Sabéis que los que son tenidos como jefes de las naciones, las
dominan como señores absolutos y sus grandes las oprimen con su poder.
Pero no ha de ser así entre vosotros, sino que el que quiera llegar a
ser grande entre vosotros, será vuestro servidor, y el que quiera ser
el primero entre vosotros, será esclavo de todos, que tampoco el Hijo
del hombre ha venido a ser servido, sino a servir y a dar su vida como
rescate por muchos."» |
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En
el evangelio de la semana anterior un joven rico preguntó a Jesús
qué debía hacer para tener vida eterna. En el evangelio
de hoy no hay una pregunta sino una petición: "... que uno
se siente a tu izquierda y el otro a la derecha ..."
Así
como la semana pasada los bienes y el desprendimiento marcaban la orientación
en las lecturas, en la presente semana a través de una cercanía
al poder, se busca sutilmente un bien. Hablando en un sentido sencillo,
el estar cerca de aquel que cuenta con el poder, nos hace poderosos,
importantes, como que su poder nos transmite un poder del cual nos revestimos.
Esta explicación sobre todo la podemos comprender mejor en el
aspecto político, especialmente en nuestro país, donde
muchas veces los políticos luego de haber recibido los apoyos
necesarios para alcanzar el poder, cuando lo llegan a tener, revisten
de poder a otras personas.
Jesús
en el evangelio hace como una aclaración: "... mi cáliz
lo beberéis y podréis ser bautizados con el bautismo que
yo voy a ser bautizado; pero el sentarse a mi derecha o izquierda ..."
La
primera lectura nos relata el famoso cántico de Isaías,
que es como una profecía de la vida de Cristo, porque Cristo
es el siervo de los siervos. Él es el siervo de Dios, como Él
mismo en el evangelio dirá: "... el siervo no es más
que su amo ..."; y como Él mismo sostendrá repetidas
veces en el evangelio de san Juan: "... yo he venido a cumplir
la voluntad de mi Padre..."
Con
esto Cristo está indicando que el sentido de su presencia entre
los hombres (misterio de encarnación, entrada en la historia),
es para llevar a cumplimiento el designio del Padre, es decir: Cristo
es el pleno cumplimiento de las promesas del Padre a los hombres y la
concretización de este amor misericordioso con el cual nos ha
redimido y rescatado. Y para esto no se necesitaba un hombre que irradie
poder o dominio, sino un siervo, uno que como un niño obedeciera
a su Padre.
En
este sentido, la carta a los Hebreos nos presenta a Cristo como Sumo
Sacerdote que, a diferencia de la antigua alianza, no tiene necesidad
de ofrecer constantemente sacrificios de purificación, ni por
sí mismo, ni por el pueblo, sino que Cristo Sumo y Eterno Sacerdote
se ha dado todo en su pasión y muerte de cruz (derramamiento
total de su sangre), de una vez para siempre por nosotros.
San
Juan Crisóstomo identifica este padecimiento de Cristo con el
beber del cáliz y ser bautizado (Homilía 7); pues cada
cristiano está llamado a vivir la vida de Cristo. San Pablo dice:
"... en nuestro cuerpo se completan los padecimientos de Cristo..."
Pues así como Cristo al encarnarse se ha despojado de sí
mismo, según la Carta a los Filipenses, Dios, a través
de los padecimientos en nuestra vida, que serían los sufrimientos,
o las correcciones de Dios, tiene que ir despojándonos de nuestro
hombre mundano, de este hombre que quiere abusar del poder, del prestigio,
de la soberanía para construirse, porque cree que en ese construirse
se encuentra la vida.
Tenemos
que decir con mucha claridad y sin ningún afán de crítica,
que a cualquiera de nosotros nos podría suceder, incluso a los
ministros de la Iglesia, que podamos caer en este afán de acercarnos
al poder para sentirnos importantes. Cristo nos ha enseñado a
ser siervos para los hombres. Pero tantas veces nos cuesta porque hemos
invertido la escalera. Nuestra vida está llamada a ser un descendimiento
para que en nosotros vaya dándose la naturaleza del hombre celeste.
Sólo
de esta manera podemos entender la misión de Cristo que ha venido
a cumplir la voluntad del Padre, y nosotros los bautizados, que por
el sacramento recibido somos hijos de Dios, nuestra vida no puede ser
distinta a la de Cristo y por consiguiente, estamos también llamados
a ser siervos de Dios, pues en cada uno de nosotros quiere reproducir
la imagen y la vida de su Hijo. Nuestra vida no es un azar ni es un
proyecto que tenemos que planearlo y desarrollarlo por nosotros mismos.
Como dice la Constitución Pastoral Gaudium et spes
del Concilio Vaticano II: "Cristo es la revelación del misterio
de la vida del hombre" (GS 12-14).
Concluyendo,
beber del cáliz de Cristo y ser bautizados con el bautismo de
Cristo es participar de la vida de Cristo, que ha venido a este mundo
no para hacer su voluntad sino la voluntad del que lo ha enviado; y
en esto consistirá la santidad, no sólo vivir una vida
llena de gracia, sino la gracia que Dios nos da, que es para vivir y
realizar su voluntad, y así como Cristo revelar y dar al Padre
a los hombres.
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