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En
esta presente semana hacemos un paréntesis a la secuencia de
las lecturas que se han estado escuchando en las liturgias dominicales,
pues hoy la Iglesia nos invita a unirnos fraternalmente en una fiesta
que debe expresar la comunión en una misma fe; pues hoy celebramos
la dedicación a la Basílica de san Juan de Letrán
sede del Obispo de Roma, en este caso el Papa, o como formalmente tendríamos
que llamarle la sede del que ocupa la sucesión del Primado de
la Iglesia como Obispo.
Quizás
convendría hacer una sintética aclaración, la ciudad
del Vaticano o como suele llamársela la Santa Sede, es el lugar
de donde el sucesor de Pedro gobierna la Iglesia Universal, donde tiene
su cátedra, su sede, pero la Basílica de san Juan de Letrán
simboliza la comunión de todos los obispos con el sucesor de
Pedro, esto quiere decir que según la tradición que en
la Iglesia se sucedió, luego de la muerte de san Pedro, es que
en la práctica quien ocupaba la sede de la Basílica de
Letrán era considerado el sucesor de san Pedro y cabeza de la
Iglesia; por eso que el Papa es el Romano Pontífice de la Iglesia
Universal y Obispo de la Diócesis de Roma (Italia) porque ocupa
la sede de Letrán.
Luego
de hacer esta breve aclaración histórica e ilustración,
abordaremos el sentido de esta fiesta, que aunque no sigue la secuencia
de las lecturas de los domingos precedentes es de una gran riqueza;
pues se habla del templo, indirectamente de la cátedra y de otros
elementos más que iremos presentando.
El
Papa Juan Pablo II en el año 1992, en la Solemnidad de la Anunciación
del Señor, publicó una exhortación apostólica
que llamó Pastores dabo vobis, cuyo contenido hace mención
de la formación de los futuros sacerdotes y sobre todo remarca
cómo dicha formación debe ayudar a los candidatos para
que se vayan conformando según el corazón del Buen Pastor,
Cristo Nuestro Señor, porque Dios, ya lo había anunciado
por medio del profeta Isaías: ... quitaré de las
manos de estos malos pastores a mi pueblo, los arrancaré de sus
manos y les daré pastores según mi corazón ...
Por el momento nos quedamos aquí.
Un
elemento importante que destaca el evangelio de este día es el
templo. Son uno de los pocos pasajes en que el evangelista Juan, como
en otros evangelios podríamos mencionar no narra con tanta claridad
gestos de Jesús enfadado, como lo expresa el presente evangelio;
pues el hacer un lazo para coger a todos a chicotazos (por decirlo de
una manera sencilla), no es la actitud de una persona que está
alegre y satisfecha con lo que está sucediendo a su alrededor.
Tampoco podemos decir que Cristo estaba indignado o colérico,
pero sí es importante destacar la frase que pone el evangelista
en boca de los discípulos: ... el celo de tu casa me devora...;
aquí tenemos elementos de los cuales vamos a hacer un alto para
la presente homilía: templo, celo, vendedores y echarlos fuera.
El
contexto que nos presenta el evangelio y la intención que quiere
transmitir el evangelista es que la vida religiosa del pueblo de Israel
había llegado a su más alto ritualismo y pobreza espiritual.
Esto debe cuestionarnos a nosotros, porque deberíamos pensar
en cómo están nuestras Iglesias (Parroquias Diócesis),
que es lo que predomina más en ellas, lo ritual cultual,
la actividad por la actividad; o la preocupación en que nuestros
hermanos vivan con fidelidad la vida cristiana. Porque la actitud de
trasfondo de Cristo, expresa este rechazo por sólo una preocupación
de mantener un culto, en lugar de que éste culto exprese la fidelidad
a la Alianza y el amor a Dios y al prójimo.
Por
eso, retomando el sentido de los pastores según el corazón
de Dios, hoy para nosotros debe ser una preocupación y un rogar
a Dios que los obreros de su mies estén llenos del celo de la
casa del Señor, porque este celo por la casa del Señor
mantendrá puro el culto, esto quiere decir que habrá pastores
que realmente vigilen los pasos de sus ovejas, las defiendan de los
lobos rapaces y no sean como los asalariados, que como los describe
el evangelio cuidan de sus intereses permitiendo que el templo sea profanado,
en otras palabras esté lleno de todo menos de la presencia de
Dios.
Cristo
en el evangelio por eso dice que ... destruirá este templo
y construirá otro en tres días ... Esta cita la
podemos enlazar con aquella cuando David promete construir el templo
de Dios y el profeta Nathan, luego de una visión que Dios le
permite, le responde diciendo que él no construirá el
templo. Pues, Dios no construye su templo por un deseo humano sino que
este templo es una obra de Dios y por eso Cristo el Buen Pastor es el
nuevo templo de la nueva alianza; como le responde a la samaritana:
... ni en Jerusalén ni en Garizin se adora a Dios sino
que los verdaderos adoradores de mi Padre serán aquellos que
lo adoren en espíritu y en verdad ... (Jn 4).
El
celebrar la dedicación a la Basílica de san Juan de Letrán,
como al inicio se ha expresado, es unirnos a aquel a quien Dios ha puesto
como nuestro Pastor Supremo, aquel que representa con su vida por la
elección de Dios a Cristo, Buen Pastor, lleno del celo por la
casa del Padre y que en el nombre de Cristo echará fuera, por
la autoridad que la Iglesia le concede, todas aquellas doctrinas y corrientes
de pensamiento que quieran viciar la casa del Padre. Por eso, el celo
de nuestro Supremo Pastor nos confirma en la fe, en la única
fe en la que Cristo ha edificado su Iglesia y que ni los poderes de
la muerte tendrán poder: ... Pedro, esto no te lo ha revelado
ni la carne ni la sangre sino mi Padre que está en el cielo...
Por
eso, que a través del bautismo, el Señor no sólo
nos ha incorporado a su pueblo santo, sino que nos ha hecho templo de
Él y este templo permanecerá santo si somos dóciles
a la vida de la Iglesia y a la autoridad de los pastores que Dios elija
y constituya para su Iglesia. Por tanto, unámonos todos en una
única oración para que la nueva evangelización
que significará la reconstrucción de tantos templos vidas
de tantos hermanos nuestros golpeados por el pecado o esclavos de los
mismos-, a través de los pastores según el corazón
de Dios, sean retornados al redil de la Iglesia y participen del único
banquete, pan y alimento de vida eterna.
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