|
"Entre
todas las obras de asistencia intereclesial, las OMP deben ocupar siempre
el primer puesto por dos razones: en primer lugar, porque se dirigen
a todos los bautizados, a todas las comunidades cristianas y se preocupan
de las necesidades de todas las Iglesias de misión: son el seno de la
Iglesia, la expresión del sentido católico y de la comunión universal;
en segundo lugar, porque las OMP tienen la finalidad de cooperar al
anuncio del mensaje evangélico, que es el deber prioritario de la Iglesia"
(Est. OMP Cap I N° 8b). Nacidas de particulares iniciativas carismáticas,
las OMP se han desarrollado con el apoyo de la Santa Sede que, seguidamente,
las hizo organizaciones pontificias para asegurarles mayor eficacia
y un carácter universal. La fecha para este encuentro será del 25 al
30 de noviembre del 2003.
|
|
Nos
acercamos al término del año litúrgico, y después
de una interrupción de dos domingos -que coincidieron con las
solemnidades de los Difuntos y la Dedicación de la Basílica
de San Juan de Letrán- la liturgia nos presenta nuevamente el
evangelio de san Marcos, el cual nos ha acompañado durante todo
el año. En estas últimas semanas del tiempo ordinario,
es característico que se nos presente un mensaje sobre el fin
de los tiempos, la segunda venida del Señor y el destino definitivo
de cada uno de nosotros.
Las
lecturas de este domingo, con un lenguaje misterioso, nos preanuncian
tiempos difíciles de batallas y enfrentamientos entre el bien
y el mal, grandes tribulaciones y catástrofes cósmicas,
pero no por ello nos quieren transmitir una sensación de miedo;
muy por el contrario nos hacen anhelar la serenidad de los tiempos cuando
se afirme el dominio de Jesús sobre el mundo y la historia: ...
verán venir al Hijo del Hombre sobre las nubes con gran poder
y majestad... para reunir a sus elegidos... .
Es
por ello que este evangelio, del fin del mundo, es complejo y heterogéneo.
No se trata de un reportaje sobre los acontecimientos venideros, sino
de un texto que reúne ciertos aspectos que nosotros no acertábamos
a conciliar sin la ayuda de la revelación. Primero, el anuncio
del fin de los tiempos, presentado con descripción de desastres
y catástrofes terribles, y después la venida del Hijo
del Hombre para el juicio, razón por la cual los ángeles
reunirán a los elegidos, sólo a ellos. También
nos hablan de los signos o señales precursoras, aquellas que
se irán sucediendo previamente como indicadores de que el fin
está cerca, que es inminente; pero inmediatamente después
se dice que ... de aquel día y hora, nadie sabe nada, ni
los ángeles en el cielo, ni el Hijo, sino sólo el Padre.
Y sin embargo las palabras de Jesús sobrevivirán a la
destrucción del cielo y de la tierra.
Por eso, es necesario poner atención a que este tiempo y esta
espera, para el cual vivimos preparándonos, se nos anuncia pero
no sabemos cuándo llegará. Jesús no nos reveló
el tiempo de su venida, quiso ocultarnos esto para que permanezcamos
en vela y para que cada uno de nosotros pueda pensar que ese acontecimiento
se producirá durante su vida. Entonces, es fundamental que dirijamos
nuestra mirada a los acontecimientos últimos, no necesariamente
a los del fin del mundo, sino a nuestra muerte personal y a los momentos
de gracia que Dios nos concede diariamente, y que muchas veces no sabemos
captar porque estamos dormidos a la realidad o encerrados en la soledad
que produce la vida en pecado. Es importante y sabio evaluar nuestro
camino, descubrir los signos, si estamos construyendo o no un futuro
de salvación y victoria unidos a Cristo. Esto va con relación
a estar atentos a los signos de los tiempos, saber discernir la presencia
de Dios en nuestra historia; quien está atento a los signos que
Jesús ha anunciado podrá deducir que el fin está
cerca.
En el mismo sentido, la primera lectura nos expresa la angustia y al
mismo tiempo la protección del pueblo de Dios, manifestándose
también aquí una separación: los elegidos y los
que no lo son; los primeros resucitarán para la vida eterna y
los segundos para perpetua ignominia. Daniel preanuncia que el hombre
podrá incluso ver a Dios, oír su palabra y recibir la
gloria: ...los que hayan entendido, brillarán como el resplandor
del firmamento, y entre muchos justos como las estrellas en el firmamento
por los siglos y aún más.... El profeta manifiesta
una llamada de atención a las conciencias sobre una última
decisión del hombre por Dios y de Dios por el hombre.
Por eso es importante, siguiendo la segunda lectura, ver que más
allá de toda incertidumbre en la que se ha de dejar necesariamente
al hombre que debe permanecer realmente en vela; la única certeza
aparece en esta lectura, la certeza de que Jesús ha ofrecido
el sacrificio único, irrepetible y perpetuo por los pecados del
mundo; una certeza que sin embargo nosotros no podemos manipular. La
acción sacrificial de Cristo es hasta tal punto única
e irrepetible que se puede hablar de su: ... espera... hasta que
sus enemigos sean puestos como escabel de sus pies.... Y sin embargo,
se nos priva de cualquier tipo de acomodo, de toda seguridad adormecedora,
pues se nos dice claramente que este sacrificio que basta para siempre,
es ofrecido por los que van siendo consagrados: se puede decir que es
por los que van dejando realizarse en ellos la consagración por
la acción amorosa de Dios y no se resisten a ella. De este modo
se nos concede una auténtica esperanza cristiana si es
que sabemos reconocer la acción sacrificial de Dios- una esperanza,
pero no una certeza, pues ésta no es conveniente para el hombre
peregrino en la tierra.
Por
eso la misión de la Iglesia como la de Cristo, es la de llevar
al hombre a prepararse al encuentro con su Salvador, encuentro que se
dará en un tiempo no revelado porque: ...si el tiempo de
su venida hubiera sido revelado, vano sería su advenimiento y
las naciones y siglos en que se producirá ya no lo desearían.
Ha dicho muy claramente que vendrá, pero sin precisar en qué
momento. Así, todas las generaciones y todas las épocas
lo esperan ardientemente (San Efrén, Comentarios sobre
el Diatesaron 18, 15).
|