Crónica "Un Viernes Santo tras barrotes".
Existe un lugar donde el aire pierde su libertad y hacia ahí nos adentramos. De muros altos, paredes grises y hombres de rostros desencajados por el tiempo. La alegría no es una compañera habitual, al contrario la tristeza y la soledad son extensiones de la piel de cada uno de ellos.
Un fuerte golpe a la puerta de metal autoriza nuestro ingreso, efectivamente el aire empieza a escasear. Voces de todos lados y guardias por doquier. Los rostros tienen formas de manos que agitadas aparecen entre los barrotes. Ya estamos en el penal “Sarita Colonia”.
Ya dentro, como quien cruza un portal, nuestra travesía se vuelve dura al igual que la realidad de hombres peruanos y extranjeros que purgan penas por los delitos cometidos. No sabemos sus historias, pero éstas se ven dibujadas en sus frentes.
Al parecer hoy es un día muy especial, los internos parecen estar muy entusiasmados. La llegada del obispo chalaco les alegra. Vestidos todos con atuendos propios de la época de Jesús de Nazareth se preparan para representar la Pasión de Cristo, a través del vía crucis.
Con una capa roja y la mitra propia de los obispos, monseñor José Luis se abre paso entre los pasillos de este penal, conoce muy bien el camino, pues éste es como su segundo hogar, sus visitas a este reciento suelen ser muy frecuentes, es por eso que conoce del sufrimiento de estos hombres y de sus necesidades.
El camino de la cruz, es cada vez más estrecho, en cada estación Monseñor José Luis lanza una reflexión, mientras que al mismo tiempo pasa Cristo cargando la cruz, escenificado por un interno, quien con rostro compungido se aferra al madero, recibiendo insultos y escupitajos del pueblo penitenciario.
Conforme avanza “el cristo chalaco”, a duras penas logra contener la cruz, pero aun así continúa su recorrido. Esta vez llega a un pabellón, donde internos observan en silencio el paso del cristo sufriente. El ambiente se vuelve surrealista. Cual tendedero olvidado, aparecen pantalones, calzoncillos, toallas, sábanas, frazadas, que ondeados y desordenados se asoman por las ventanas presidiarias.
Cada vez la multitud se fue aglutinando y es ahí que nos dimos cuenta que el hacinamiento no era solo una palabra. Por un momento la escenificación del vía crucis y la realidad del penal no se diferenciaba en nada.
Jóvenes y adultos mezclados en un espacio cada vez más enrarecido, miradas desconfiadas, penetrantes y un lamento interminable en sus gargantas. Una posta de salud por ahí, bodegas repletas de insumos allá. El caos en medio de un Cristo ensangrentado y de un obispo que exhorta a los internos a cambiar de vida.
El obispo chalaco lanzó una interrogante “Ustedes no son menos de los que están allá afuera… ¿saben cuál es la diferencia entre ustedes y los que estamos afuera? Los presos responden sorprendidos que ¡No! El obispo les dijo: “¡La única diferencia es que a ustedes los han encontrado y a nosotros no!”. Con esa respuesta, muchos se dieron cuenta que el pecado no distingue condición social, nacionalidad, nivel económico, etc., que cualquiera puede ser cegado por la ambición y la ira.
Giuseppe Mengoni Calderón, ítalo-peruano, de 45 años es quien interpreta a Jesús. Él llegó a este penal por la ruta del tráfico ilícito de drogas. Giuseppe cuenta los días para salir del encierro y volver a su carrera de cantante y actor. Casi como resignado dice estar acostumbrado a los azotes.
Mientras tanto, los pasos del cristo de “Sarita Colonia” seguían su recorrido por las celdas, y en el camino rostros desesperados buscaban la mano del obispo para ser bendecidos. Ese pequeño gesto esperanzador para muchos, denotó el deseo de un milagro llamado libertad.
El recinto fue construido para albergar 572 reos, pero en realidad viven más de 2,500, literalmente como sardinas. En medio de esta población marginal la pastoral de la esperanza hace su misión. Justamente, el vía crucis penitenciario ya es una tradición gracias a esta pastoral. Pero ¿quién dirige todo este movimiento de participación de fe, quién es la que en medio de la desesperanza siembra la esperanza?
Aunque quiere pasar desapercibida, e intente escabullirse entre los internos, la hermana “Meche”, como la llaman cariñosamente, lleva más de 30 años trabajando entre los penales “Sarita Colonia” y ahora también en “Piedras gordas”. En el penal chalaco, durante este tiempo, ha entregado su vida por los que viven privados de la libertad y, haciendo honor al nombre de su pastoral, les ha devuelto la esperanza a cientos de internos que, aceptando su falta han vuelto su rostro al Cristo misericordioso y hoy viven alegres. Y aunque esa alegría no es completa sin la libertad, asumen con valentía el tiempo que les toca vivir y ayudan a otros a sobrellevar la pena.
La escenificación del vía crucis culminó, pero continúa para los que se quedan adentro, pues una vez cerrada la puerta tras nuestra salida, quedan en nuestras memorias de muchos ellos, jóvenes víctimas de la ambición y del dinero fácil que cayeron con drogas, ancianos olvidados y desvanecidos, internos enfermos, reclusos sin sentencia, enfermos y extranjeros sin visita.
La pastoral de la esperanza viene a la ayuda de estos hermanos, que si bien es cierto cometieron delitos, no se les puede despojar la dignidad de ser humano. Toda esta pastoral encierra una frase: “Estuve preso y me visitaste”.