Homiía Misa Te Deum 193° Aniversario de la Proclamación de la Independencia Nacional
Queridas autoridades: Dra. Ana Victoria Bejarano, Presidente del Gobierno Regional, Dr. Juan Sotomayor, Alcalde de la Provincia Constitucional del Callao, señores Alcaldes Distritales, señores Congresistas, autoridades del Poder Judicial, autoridades militares y civiles:
¡Felices Fiestas Patrias!
Nuestras instituciones saben bien que la misión de la Iglesia, no es política sino religiosa, pero saben también que de ésta se derivan funciones, luces y energías que pueden servir para establecer y consolidar la comunidad humana para ser más felices según la ley divina.
Hoy los enemigos de Dios, más que atacar de frente al Autor de la creación, prefieren herirlo en sus obras, especialmente en el hombre que es el culmen y la obra más importante de la creación. Las plagas que en nuestros días pretenden destruirlo provienen de ciertas ideologías contrarias al verdadero bien del hombre, que buscan ser sutilmente impuestas en nuestro país, atacando en primer lugar y directamente la realidad del ser humano.
Lamentablemente, casi sin que nos demos cuenta, en el Perú se va introduciendo un proceso de deconstrucción de nuestra cultura y de nuestra identidad. Este proceso tiene su origen en países del hemisferio norte y, a través de una revolución casi silenciosa, pretende imponernos una cultura global y una supuesta ética mundial, según las cuales la cuestión sobre Dios debe ser recluida en la esfera de lo privado y no debe influir en la vida pública.
Esta nueva ética mundial no sólo no responde a los valores que siempre han caracterizado a nuestra nación, sino que ni siquiera concuerdan con la ley natural inscrita en el corazón de los hombres. La ignorancia de lo que realmente está en juego – en términos sociopolíticos, culturales y antropológicos – es realmente alarmante. A través de nuevos conceptos, elaborados por pequeños grupos de poder en las últimas décadas, se está llevando a cabo un proceso de radicalización ideológica, cuyas primeras víctimas son nuestros jóvenes. Se pretende hacer del relativismo el fundamento filosófico de la democracia, como dijo el Papa Benedicto XVI, es casi como si fuera una religión.
Negando la posibilidad de conocer la verdad y, en consecuencia, desconociendo toda exigencia proveniente de la misma. Según esta concepción una sociedad liberal sería una sociedad relativista, y sólo con esta condición podría permanecer libre y abierta al futuro. Sin embargo, la negación de la existencia de una verdad absoluta asequible al hombre y, por lo tanto, de la posibilidad de formular normas éticas universalmente válidas, termina llevando, por su misma lógica interna, a admitir la inmoralidad como algo moralmente aceptable, y a despreciar el juicio de la misma razón natural, dejando como última medida del bien y del mal sólo al propio yo y sus antojos. Todo queda entonces a merced de la fuerza de los votos, de las presiones de los lobbies, de intereses de grupos, y el triunfo pertenece a la razón de la fuerza y no a la fuerza de la razón. Por tanto, vivimos para lo exterior y no para una sana libertad de vida interior.
Esta violencia ideológica que se ejerce a través de mecanismos que corrompen las costumbres y dañan en la propia raíz la dignidad de la persona. Se ha puesto en marcha una escalada de atentados contra la vida, el matrimonio y la familia, no de manera aislada sino mediante una estrategia que consiste en inyectar en las venas y arterias de nuestra sociedad lo que se ha llamado residuos espirituales tóxicos exportados por el primer mundo. Un aspecto particularmente inicuo es que esa estrategia global se presenta como si fuera aliada del bien del hombre, de su libertad y su desarrollo. Las nuevas ideologías buscan ir debilitando la familia para que quede reducida a una institución puramente formal de individuos autónomos. Es así que la familia queda reducida a una institución puramente formal, residencia de individuos autónomos.
Este laicismo que pretende apartar a Dios de la vida de las personas y de la sociedad es un fuerte aliado del materialismo, propagando con fuerza y con astucia en no pocos ámbitos educativos, políticos y de comunicación social, que imponen nuevas escalas de valores paganos y en el fondo materialistas, marcados por el consumo y el espectáculo. Estas ideologías falsifican el concepto de realidad, al prescindir de la realidad fundante, y por esto decisiva, que es Dios. En consecuencia, se termina en caminos equivocados y con recetas destructivas. Quienes imponen esta ideología tienen la errónea convicción de ser los únicos autores de sí mismos, de su vida y de la sociedad.
En el ámbito sociopolítico, comenzamos a ser testigos del peligro de la alianza entre democracia y relativismo ético, que quita a la convivencia civil cualquier punto seguro de referencia moral, despojándola más radicalmente del reconocimiento de la verdad.
La ideología de género, tan difundida ampliamente en programas de “educación sexual” o “salud sexual y reproductiva”, va siendo adoptada sin caer en la cuenta de sus implicaciones antropológicas, éticamente inaceptables. Dicha ideología, que parte de una visión sexo-céntrica del ser humano, promueve comportamientos meramente hedonistas e irresponsables, que banalizan la sexualidad y llevan a la persona a tratarse a sí misma y a los demás como simples instrumentos de placer pasajero y vacío. Corrompiendo la verdadera definición de libertad, y presentándola como una fuerza autónoma de autoafirmación egoísta, a las nuevas generaciones se les llega a adoctrinar en los llamados “derechos sexuales”, que incluirían el “derecho al placer” y a lo que llaman “libertad sexual”, para promover la promiscuidad entre los adolescentes, deformando el verdadero sentido de la sexualidad humana.
Los jóvenes y adolescentes, que constituyen la gran mayoría de la población del Perú, son las principales víctimas de esta “cultura posmoderna” que tiene una fuerte carga de alienación. La permeabilidad del joven a las formas nuevas de expresiones culturales, le hace vulnerable a la afectación de su propia identidad personal y social, que le lleva, en no pocos casos, a sacrificar la propia dignidad y comprometer su futuro. Presentan la autoridad de los padres como una imposición que impediría el desarrollo del niño o adolescente. Así, por ejemplo, se promueven leyes que en nombre de la salud sexual del adolescente excluyen a los padres de las decisiones que sus hijos menores de edad tomen sobre su vida sexual.
La familia ha constituido siempre una especie de ecosistema natural para la acogida, protección y defensa de la vida, un ecosistema fundado en el amor del hombre y de la mujer, que crea en torno a sí un ámbito de intimidad, necesario para el nacimiento y para la formación de los hijos. Pero la mentalidad anti vida (anticonceptiva, abortiva), vinculada al hedonismo, también está logrando penetrar en la familia impidiendo que ésta cumpla su misión de servir a la vida.
Las dificultades que experimentan los padres en el cumplimiento de sus deberes educativos, les llevan a sentir la tentación de abdicar de su responsabilidad de educar a los niños y jóvenes, y corren el riesgo de terminar sin comprender cuál es la misión que les ha sido encomendada. La debilidad que se ha causado a la familia la lleva muchas veces a delegar a otras estructuras (escuelas, instituciones sanitarias, etc.) su misión educadora, lográndose de este modo que acepte ser suplantada en la transmisión de valores y pautas de comportamiento.
Por tanto, el verdadero desarrollo debe ser integral, lo que implica respetar y perfeccionar la naturaleza y todas las dimensiones del ser humano. Si esto no se consigue, quedaremos condenados a vivir en un permanente subdesarrollo moral.
La historia demuestra que el humanismo que excluye a Dios se transforma siempre en inhumano. Sólo Dios es el garante del verdadero desarrollo del hombre. Nuestras instituciones saben que el ser humano está condicionado por la estructura social en que vive, por la educación recibida y por el ambiente, y que estos elementos pueden facilitar u obstaculizar su vivir según la verdad.
La igual dignidad y responsabilidad del varón y la mujer. El matrimonio es el “lugar” privilegiado que hace posible esta donación total de la persona. Por eso, no dejaremos de anunciar que el matrimonio no es una construcción sociológica casual, fruto de situaciones históricas, religiosas o económicas particulares, sino que hunde sus raíces en la esencia más profunda del ser humano.
Del mismo modo, la apertura moralmente responsable a la vida es una riqueza social y económica. Ningún país del mundo, ningún sistema político puede pensar en el propio futuro, si no es a través de los niños. La solicitud por el niño, desde el primer momento de su concepción y, a continuación, en los años de la infancia y de la juventud, es la verificación primaria y fundamental de la relación del hombre con el hombre.
Educar en la responsabilidad, corresponde primordialmente a los padres, a quienes compete transmitir convicciones y educar en las virtudes; enseñar a pensar, a luchar, a sufrir y a amar. Es la forma de inculcar la verdad al ciudadano chalaco de hoy.
Tenemos que comprometernos, la Iglesia, que somos todos los cristianos a:
1. NOS COMPROMETEMOS A REZAR, porque el desarrollo integral de nuestro país necesita la ayuda de Dios que es nuestra primera tarea.
2. EL DERECHO Y RESPETO A LA VIDA, es fundamental que la sociedad y el Estado reconozcan y defiendan el valor y la inviolabilidad de toda vida humana, desde su concepción hasta su extinción natural, así como el derecho de toda persona a una vida digna. No podemos aceptar una norma, una guía para matar niños. Por esto tenemos que hacer una Cruzada Nacional contra el aborto, ya que el 87% de peruanos no votaría por un candidato que apoye el aborto (Cfr. Ipsos Perú Julio 2013), porque las consecuencias del aborto son la droga, el alcohol, la violencia, la delincuencia, el suicidio, etc.… la destrucción de la sociedad.
3. LA LIBERTAD RELIGIOSA, derecho que todos debemos respetar, pues la búsqueda de Dios, el destino trascendente del ser humano, el desarrollo y fortalecimiento de la vida espiritual contribuyen decididamente a la convivencia pacífica y al logro del bien común y de la justicia social.
4. LA DEFENSA Y PROMOCIÓN DEL MATRIMONIO Y LA FAMILIA, el matrimonio, conformado por un varón y una mujer unidos de modo estable, así como la familia que de él deriva, constituyen la célula básica de la sociedad, ya que el 55% de peruanos está en contra del aborto terapéutico (Cfr. DATUM Julio 2014) y el 68% de peruanos está en contra de la Unión Civil (Cfr. DATUM Mayo 2014).
5. EL DERECHO A LA EDUCACIÓN, es cada vez más urgente que nuestros niños y jóvenes reciban una adecuada y oportuna educación integral, que incluya el desarrollo del conocimiento, la formación espiritual y física del educando, respetando siempre el legítimo e inalienable derecho de los padres sobre la educación de sus hijos. Quiero hacer presente que cerca de 30,000 jóvenes del Callao, ni trabajan, ni estudian. No olvidemos que el 83% de peruanos está de acuerdo que la Iglesia opine sobre educación; el 79% sobre el aborto; el 75% sobre sexualidad; el 60% sobre la unión civil entre personas del mismo sexo (Cfr. CPI Julio 2014)
Concluyendo
Esta forma de compromiso es la forma de combatir contra el egoísmo y la difusión de un confuso relativismo cultural y de un individualismo utilitarista y hedonista, debilita la democracia y favorece el dominio de reducidos grupos de poder. Hay que recuperar y vigorizar de nuevo una auténtica sabiduría política y afrontar la realidad en todos sus aspectos, como hemos dicho los obispos peruanos en el mensaje de las fiestas patrias de este año: "Frente a los intereses internacionales y económicos quieren destruir la imagen de familia, como célula básica de la sociedad; del matrimonio como un sacramento entre un hombre y una mujer; y sobre todo acabar con la vida de peruanos indefensos que se forman en el vientre materno".
Hace falta una verdadera revolución del amor. Las nuevas generaciones tienen delante de sí grandes exigencias y desafíos en su vida personal y social.
Quiero señalar que la Familia es escuela de humanidad porque enseña lo humano y educa conviviendo. De esta forma veremos un nuevo Callao.
Muchas gracias.
+ José Luis del Palacio Pérez-Medel
Obispo del Callao