Joan Ojeda: “Nunca vi mi enfermedad con tristeza”
La Pastoral del Diezmo del Callao cumplirá 15 años. Durante estos largos años esta pastoral ha obtenido muchos los frutos, motivando la corresponsabilidad de los fieles chalacos en cada una de sus parroquias.
Durante varios años, la Pastoral del Diezmo estuvo bajo la dirección de las Hermanas de la Fraternidad Mariana de la Reconciliación, quienes entregaron con cariño y dedicación la misión encomendada, donde llegaron a cada parroquia. La innovadora metodología de esta pastoral animó, incluso a otras jurisdicciones eclesiásticas dentro y fuera del país, a conocer la experiencia y los resultados que se alcanzaron aquí en el Primer Puerto del Perú.
Hoy, un equipo nuevo está asumiendo el reto de dar continuidad a la pastoral, bajo la responsabilidad del Sr. José Yamahuchi, y la colaboración de un equipo de laicos. A este equipo se ha unido como co-responsable Joan Ojeda, quien a su vez viene desempeñándose como Director de la OMP Callao.
Joan Ojeda, asume con alegría está nueva responsabilidad, que como nos cuenta en esta entrevista, no es nada más que hacer la voluntad de Dios.
Joan desde muy joven sintió el llamado de servir a la Iglesia, empezó como acolito, luego como catequista, e incluso tuvo un corto paso por el seminario, pero finalmente discernió su vocación como un laico comprometido. Su vida ha estado muy ligada a la misión, e incluso en carne propia sufrió un gran acontecimiento que marcó y reafirmó su deseo de entregar su vida por la Nueva Evangelización.
1. ¿Por qué es importante para el cristiano trabajar por y para la iglesia, o esa misión es sólo exclusividad de sacerdotes y religiosos?
Nunca estuvo en mis planes trabajar en una jurisdicción eclesiástica, tengo la certeza que Dios quería que despertara y descubriera a pesar de mis torpezas y de mis debilidades, la vocación al servicio hacia los demás, porque ser parte de un obispado y estar a cargo de un Obispo, es solamente entrar en obediencia y dejarse llevar a la misión que le ha sido encomendada. Por eso, no es exclusividad de sacerdotes o religiosos trabajar por y para la Iglesia, si no que todos, desde los más pequeños hasta los adultos debemos estar involucrados a esta llamada que Dios nos hace para evangelizar y trasmitir visiblemente nuestro testimonio de que Dios nos ama.
Por eso estoy muy contento de ser parte de esta Iglesia particular y misionera, porque me enseña y me sostiene a no ser indiferente a sus necesidades.
2. Cómo has asumido el reto de dirigir la OMP Callao, cuáles son las expectativas que tienes. Qué trabajo se viene realizando desde que asumiste la dirección.
Cuando asumí las Obras Misionales Pontificias en el Callao, por encargo de Monseñor José Luis, tenía dudas y muchas preguntas. En principio, sólo atine a que me bendiga y dejarme llevar por el Espíritu Santo, porque como muchos, pensé solamente sentarme en una oficina, contestar el teléfono y decir: ¡buen trabajo..! ¡Sigue adelante!.. La OMP es mucho más que eso, es una Institución de la Iglesia Universal, que ayuda a infundir en los católicos, desde la infancia, el sentido misionero.
En un despertar a ese ser generoso que llevamos dentro, para la ayuda de tantos misioneros que llevan con alegría la Palabra de Dios en el corazón… Y eso motiva, contagia, a no solamente es recibir y recibir, sino a dar con generosidad, el tiempo, los temores, los miedos, etc. En este tiempo dentro de las Obras Misionales se viene desarrollando, la Pastoral Juvenil Misionera "Jóvenes sin Fronteras" y "La Santa Infancia y Adolescencia Misionera".
Poco a poco se va avanzando y formando tal y como enseña la Madre Iglesia. Tanto en los jóvenes para que descubran realmente lo que es animar a otro joven que no comprende ni se da cuenta de lo importante que es estar en la Iglesia; y a los niños misioneros que este año se vestirán de polo verde para ser solidarios con los niños del África y ofrecerán sus oraciones y sus trabajos a este continente donde hay tantos hermanos que sufren.
3. Ahora, estaás asumiendo una nueva responsabilidad como co-responsable de la Pastoral del Diezmo, cómo recibes esta nueva misión.
En la Pastoral del Diezmo, ahora como parte del equipo, me encomiendo a Nuestra Madre la Virgen María, bajo la advocación de Ntra. Sra. De Guadalupe, como imagen ligada a la Pastoral desde que se dio el lanzamiento un 12 de diciembre del año 1999; por las Hermanas de la Fraternidad Mariana de la Reconciliación y por la generosidad y entrega de tantos hermanos que agradecen a Dios por los dones recibidos; y se sienten corresponsables con la labor evangelizadora y misionera de la Iglesia. Ahora, lo único que nos corresponde hacer es seguir animando a los fieles, su fidelidad con Dios dando su diezmo para atender las necesidades en sus parroquias.
Estar en la Iglesia realmente es como, dice Santa Teresa de Calcuta: “Nuestros sufrimientos son caricias bondadosas de Dios, llamándonos para que nos volvamos a Él, y para hacernos reconocer que no somos nosotros los que controlamos nuestras vidas, sino que es Dios quien tiene el control, y podemos confiar plenamente en Él”.
4. Luego de la dura experiencia de la enfermedad, ¿tu visión sobre la vida ha cambiado? Cuéntanos un poco sobre lo que te sucedió a modo de experiencia y cómo te ves ahora en esta nueva etapa.
En el 2013, me diagnosticaron el síndrome del Guillian Barré, este síndrome se caracteriza por causar adormecimiento, hormigueo, debilidad o parálisis de las piernas, los brazos, los músculos respiratorios y el rostro, prácticamente lo único que hacía era mirar de un lado a otro. En esos duros días de la enfermedad, en la que estuve internado cerca de un mes y otros tres meses en casa, me encomendé a estos tres hombres santos: San Francisco de Asís, Padre Pío de Pietrelcina y al Beato Juan Pablo II, que dentro de poco será canonizado. Allí postrado en la cama, lo único que pude percibir era cuán grande es el amor de Dios, que a través de tantos hermanos, me manifestaron su cariño…muchos rezaron por mí. Ya cuando caía la noche con mi brazo derecho que apenas podía movilizarlo, me persignaba y ofrecía mis dolores por las misiones, orando un Padre Nuestro y unas diez avemarías, porque de tanto medicamento y anestesia no recordaba los misterios del Rosario.
Nunca vi mi enfermedad como una tristeza, al contrario, lo único que me preguntaba era que hubiera pasado si no estuviera en la Iglesia, tal vez hubiera preferido no seguir viviendo, ya que lo único que mis ojos podían observar eran todos los implementos conectados a mi cuerpo que hacían que aún me mantenga vivo.
Ahora aquí llevando la enfermedad en señal de un Dios que me ama, sigo trabajando para el bien de la Iglesia que nos necesita, despertando a tantos hermanos que aún siguen dormidos en la indiferencia y el egoísmo.