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Mons. Luis Alberto Barrera presidió ceremonia en honor al Señor del Mar

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El obispo del Callao, Mons. Luis Alberto Barrera, MCCJ; presidió la Santa Misa en Honor a nuestro patrón chalaco, el Señor del Mar. La Eucaristía se llevó a cabo en la Parroquia Santa Rosa, y concelebraron el párroco, P. Juan de Dios Rojas, y algunos sacerdotes de la diócesis.

Además, de celebrarse su fiesta central en el mes de octubre, también se rinde culto el día 24 de mayo. Este día fue instituido debido al terremoto del 24 de mayo de 1940.

Al arruinarse el Callao aparece el Señor del Mar, como para recordarles a sus hijos los humanos que: "Él, es el Salvador que calma las tempestades". Por eso el pueblo del Callao, en cada uno de los recorridos de su santo patrono, sale a las calles a agradecerle de corazón todas las bendiciones que, a través de sus manos extendidas, obtiene para su pueblo.

Compartimos parte de la reflexión que diera Mons. Luis Alberto en la homilía de ese día.
“Estamos al final del tiempo pascual, la eucaristía nos recuerda la presencia de Jesús que vence a las tinieblas y se aparece a sus apóstoles. La vocación a la cual todos estamos llamados, a ser discípulos y misioneros de cristo el Señor. Siguiendo las huellas del maestro.


En el tiempo pascual que dura cincuenta días, cuando llegamos a los cuarenta, la liturgia nos ayuda a vivir el misterio de la ascensión del Señor. Ese misterio que habla de la cercanía de Dios a la humanidad.
Nosotros lo confesamos con fe verdadera y aparece en el credo, que es la carta de identidad de todo creyente. Subió a los cielos y está sentado a la derecha del padre.
Por eso nuestra esperanza se acrecienta cada vez más, sabiendo que como el entraremos a la gloria de Jesús. 


Hoy estamos recordando al Señor del Mar, devoción tan querida en este pueblo chalaco, y quien recordamos además que es el Señor que calma las tempestades, los terremotos.  
Pero hay otros terremotos que azota nuestra sociedad chalaca, no solo del movimiento de la tierra, sino que hay uno más fuerte como el de la inseguridad ciudadana, con el aumento del sicariato, la violencia en las calles, que pone en zozobra el corazón de las personas. Ese tipo de terremotos se puede calmar si el ser humano se deja encontrar con Jesucristo y aprenda amar el don de la vida.


Cuando visito Pachacutec, Ventanilla, Mi Perú, me pregunto si esos rincones donde van naciendo nuevos asentamientos humanos, tienen las mismas oportunidades para salir adelante, para vivir dignamente. Todo es resultado de la división que crea el maligno en la sociedad y en el hombre. Esa división crea caos y una perdida del sentido de la vida.


Tener mucho cuidado, hoy hemos escuchado en la lectura hemos escuchado la oración de Jesús hacia el Padre, en la que le dice: “Te pido por estos (sus discípulos) para que sean uno”. La unidad es algo que debemos cuidar mucho. Por eso Pablo, nos dice que estemos vigilantes.


Las hermandes deben permanecer vigilantes. Cuiden que no entre el mal disfrazado de bien. Sería bueno recordar que las hermandades naces de un grupo de personas piadosas, que para ponerse el hábito antes, debías estar confesados, en gracia, participar en sus novenas religiosamente. Lamentablemente, algunas veces las hermandades se han convertido en clubes sociales, usando las imágenes sagradas con otros propósitos. La responsabilidad de todo esto también recae sobre los sacerdotes, quienes tenemos la misión de acompañarlos, educarlos y formarlos en la fe. Importante volver a Cristo, a lo esencial. Lo único e indispensable para nosotros es la fe en Jesucristo, lo que nos hace grande y plenitud es la fe en Jesucristo, todo lo demás es superficial, como decía Santa Teresa de Jesús: Quien a dios tienen nada le falta”.