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Mons. Prevost: “Redescubramos el sentido radical de nuestra vida personal, de fe y social”

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Compartimos la reflexión que ofreciera, Monseñor Robert Prevost O.S.A., Administrador Apostólico de la Diócesis del Callao, durante la homilía de este XXX Domingo del Tiempo Ordinario.

El Papa Francisco, en esta última encíclica dedica un espacio hablando de la enseñanza que nos da Jesús hoy, la importancia del amor al hermano, y de amar a Dios sobre todas las cosas.

¿Cómo uno puede amar a quien nos ha hecho daño? Ahí viene una de las dificultades más grades en nuestro día a día, de nuestra vida cristiana. Sabemos lo que nos enseña este Evangelio, pero ponerlo en práctica cuando nos encontramos frente a las dificultades, es muy difícil. No es fácil amar y perdonar en esas circunstancias. Sin embargo, Jesús nos pide con esa radicalidad del reino de Dios, de sus discípulos, que demos testimonio de Dios.

Lo que hemos repetido en el salmo responsorial: “Yo te amo Señor, tu eres mi fortaleza”. Es ponernos de verdad en la presencia del Señor, abrir este espacio en nuestro corazón.

A todos los que nos vienen siguiendo desde sus casas, con sus familias, reconocer también el amor de Dios. Si estas solo en este momento, mira en tu interior, siente la presencia de Dios.

En la siguiente lectura le preguntan a Jesús, ¿Cuál es la ley más importante? Y Jesús responde citando un pasaje del antiguo testamento: “Escucha Israel, el Señor nuestro Dios, es nuestro único Dios. Ama al Señor tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con todas tus fuerzas…”.

Jesús coloca a un mismo nivel el precepto del amor al prójimo, declarando que ambos preceptos son inseparables, y constituyen un mismo centro, una misma ley. Lo más importante, es amar a Dios y al prójimo.

Para Jesús, este mandamiento es el centro de todo, de todas las normas, de todas las enseñanzas. Si perdemos de vista esta enseñanza, vamos a perder el camino. Y Jesús, en esta forma,  nos invita a abrir nuestra mente y corazón, a darnos cuenta que el prójimo no es solo aquel que está a mi lado.

En el tiempo de Jesús rechazaban esa idea, al extranjero, no lo consideraban prójimo,  y el pagano peor aún.

Jesús nos invita  a entrar en esta nueva mentalidad, este corazón nuevo, amando a Dios y al prójimo.

Es lo que el Papa quiere enseñarnos en esta carta encíclica.  Justamente, quiero compartir con ustedes una reflexión sobre el tercer capítulo de esta carta encíclica “Fratelli tutti”, donde habla precisamente del amor.

Dice que el amor se manifiesta como la condición de nuestra propia existencia. Cito textualmente: “Hechos para el amor, hay en cada uno de nosotros una ley de éxtasis: salir de sí mismo para hallar en otro un crecimiento de su ser. Por ello «en cualquier caso el hombre tiene que llevar a cabo esta empresa: salir de sí mismo”. Es un amor sin frontera que nos pone en tensión hacia la comunión universal.

Es el único que nos posibilita, que nos permite hablar de amistad social, mundo abierto, sociedad fraterna.

Vemos que el Papa nos está llamando a ir mucho más allá del amor a nuestros amigos y familiares. Nos llama a comprender que estamos llamados todos a amar a todos, entrar en dialogo con todos y buscar cómo construir un mundo nuevo y solidario.

¿Quién es el prójimo para nosotros? Así nos pregunta el Papa. ¿Qué reacción podría provocar hoy esa narración, en un mundo donde aparecen constantemente, y crecen, grupos sociales que se aferran a una identidad que los separa del resto? ¿Cómo puede conmover a quienes tienden a organizarse de tal manera que se impida toda presencia extraña que pueda perturbar esa identidad y esa organización autoprotectora y autorreferencial? En ese esquema queda excluida la posibilidad de volverse prójimo, y sólo es posible ser prójimo de quien permita asegurar los beneficios personales. Así la palabra “prójimo” pierde todo significado, y únicamente cobra sentido la palabra “socio”, el asociado por determinados intereses.

El Papa nos está invitado a comprender el amor con esa lógica de Jesús, y no mirar al prójimo solo como aquel que nos conviene, o con quien me llevo bien. Jesús nos llama a considerar esa amistad universal con el extranjero, con aquel que profesa otras religiones. Estamos llamados todos a vivir un nuevo tipo de amistad y de fraternidad en el mundo.

El camino de esta amistad social, de este amor al prójimo fundamentada en el amor, que el Papa nos propone, no es un camino abstracto. Su intención es ayudarnos a redescubrir el sentido radical de nuestra vida personal, de fe y social.

Cuando tomamos en serio nuestra vocación fundamental de amar, nos abrimos a la auténtica fraternidad, y de ese modo  formamos con bases sólidas una genuina promoción de la persona, del bien moral y del bien común, con esas dimensiones universales.

Hemos escuchado una vez más en el evangelio, el mandamiento más grande: Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente. El segundo es semejante a éste: Amarás a tu prójimo como a ti mismo.

Busquemos unir estos dos mandamientos en el único mandamiento de amor.

Amemos a Dios, busquemos amar al hermano, aun cuando es muy difícil.

Aprendamos a imitar este ejemplo de Jesús, sabiendo que es Dios quien nos amó primero, y es Él quien de verdad puede cambiar nuestros corazones.