Mons. Prevost: “Tengamos paciencia para que el Señor actúe en nosotros con la semilla nueva”
Compartimos la homilía de la Santa Misa del domingo 19 de julio, presidida por Monseñor Robert Prevost O.S.A., Administrador Apostólico de la Diócesis del Callao.
Las lecturas de este domingo presentan algunas parábolas de Jesús, que nos ayudan a comprender su gran proyecto del anuncio del reino de Dios, que en muchos de sus aspectos ya está presente entre nosotros. Es difícil de entender en medio de este tiempo, de la pandemia, de tanto sufrimiento y dificultades de supervivencia. Jesús, en esta realidad que vivimos hoy, nos comparte su palabra para ayudarnos a comprender, como el reino de Dios nos está llamando a todos a participar.
Todos los días, como señal del cristiano, rezamos esa oración que Jesucristo nos enseñó: el Padre nuestro. Hay una frase que hemos repetido siempre, donde Jesús nos invita a hacer la voluntad de Dios. Conviene hacer una pausa en esa frase que siempre la repetimos. A veces hay la tendencia de atribuir a la voluntad de Dios lo que no es de Dios. O decir que esto es del demonio, cuando no es del demonio. Para eso es importante acudir a la sabiduría que viene de Dios, para discernir y comprender lo que es verdaderamente de Dios.
Para comprender la voluntad de Dios, las lecturas nos ayudan a tener una mejor visión. En la segunda lectura donde San Pablo a los Romanos habla de Espíritu que viene en nuestra ayuda de nuestra debilidad, porque nosotros no sabemos orar como es debido, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros. La oración es tan importante en la vida de todo cristiano. Quizá algunos de nosotros hemos redescubierto en este tiempo de la pandemia, cuanto es importante la oración. Por su parte Dios examina los corazones, intercede por los creyentes según la voluntad de Dios. Basta preparar el terreno, abrir el espacio en nuestras vidas, en todo lo que hacemos buscar aquellos espacios de tiempo, para dedicárselo a Dios.
El Evangelio nos da otro consejo, que nos puede ayudar a comprender tantas cosas que sucede en medio de nosotros. Es que vivimos en un mundo cada vez más acelerado, donde las respuestas pueden venir instantáneamente. Hoy los teléfonos inteligentes nos proporcionan información que necesitamos al instante. Eso va creando una actitud, que queremos respuestas inmediatas, pero muchas veces Dios no actúa así. Muchas veces Dios nos dice tranquilos, con paciencia, como sucede en estas parábolas que Jesús nos ha presentado. El sembrador siembra, es buena semilla. Pero, alguien, el enemigo, siembra también cizaña en medio del trigo y se marchó, no está ahí, pero los efectos de su presencia si están. Y los trabajadores preocupados, se ofrecieron para ir y arrancar la cizaña, pero el Señor, les pidió que no hagan nada, no vaya ser que al arrancar la cizaña arranquen el trigo. El Señor les dijo, que los dejen crecer juntos hasta la cosecha, “tengan paciencia”. Que importante es importante la paciencia entre nosotros en este tiempo, para permitir que Dios actué entre nosotros, que Dios siempre la semilla nueva, que Dios nos acompañe y en su momento Dios nos va a iluminar. Paciencia es una espera amorosa, donde la persona, donde la comunidad también puede vivir convencido, de que por medio de Dios, va a llegar la respuesta, va a llegar la solución. La fe en reino de Dios, nos pide tolerancia, paciencia. No es indiferencia, no es quedarnos con los brazos cruzados. Nosotros tenemos que participar en el proceso con la buena semilla escuchando la palabra, buscando actuar con responsabilidad, buscando vivir los valores del reino de Dios, buscando la justicia, siendo promotores de paz y amor en nuestras familias, con los vecinos, en nuestro trabajo. En el caso actual que vivimos significa cuidar la salud, usando mascarilla, lavarse la mano frecuentemente, cuidar la distancia social. Esos pequeños elementos hacen parte de lo que es nuestra responsabilidad en los tiempos en los que vivimos. Paciencia es amar a nuestra familia, amarlos como son. Hemos perdido la paciencia por la convivencia en la cuarentena, hemos faltado en la caridad. Ahí en las cosas personales tenemos que aprender a vivir, según ese Espíritu que Jesús nos enseñó.
Otra de las parábolas, que Jesús nos presenta en el Evangelio, es la semilla de la mostaza, tan pequeña. Cuantas veces pensamos que nuestra fe es tan pequeña, o que nuestra capacidad de orar casi no existe. Pero Jesús nos dice que basta con un poquito, un grano de mostaza, o la levadura que basta un poco para que se levante la masa. Dios con un poquito puede hacer maravillas, y lo puede hacer con cada uno de nosotros, con ustedes con sus familias, con nuestras parroquias, nuestra diócesis, con la Iglesia. Jesús empezó con 12 apóstoles, y uno lo traicionó. Cuánto más podemos conseguir nosotros, si somos fieles, si actuamos y buscamos con sinceridad lo qué es la voluntad de Dios. Que el Señor nos ayude y nos anime siempre y fortalezca con fe y que seamos nosotros signos de esperanza en el mundo que tanto necesita el mensaje del Señor.