Mons. Robert Prevost: “Ahí donde hay fe, Jesús actúa”
Compartimos la reflexión de Monseñor Robert Prevost O.S.A., Administrador Apostólico de la Diócesis del Callao, correspondiente a la Santa Misa del Domingo XX del Tiempo Ordinario.
Antes de comentar las lecturas quiero mencionar también que hoy es el Día del Niño, y si algunos de ustedes nos acompañan con sus hijos en ese día, pues espero que les den un abrazo, un beso, un signo del amor de cariño que seguramente ustedes tienen para con sus hijos.
Es muy importante que este tiempo que ayudemos a los niños, especialmente en medio de días de confinamiento absoluto, en tiempos cuando no pueden ir al colegio cuando están encerrados, cuando deben proteger su salud y la de los mayores, los abuelitos.
Hay una gran responsabilidad que los padres tienen. Comparto este breve párrafo de un mensaje que fue publicado en ocasión de este día, por el presidente de la Conferencia Episcopal Peruana y presidente de la Conferencia de Consejo Episcopal de América Latina: “Los padres y las familias en su conjunto, tienen una gran responsabilidad para mantener un ambiente sano, saludable, sereno y seguro, dentro de los hogares, para que nada afecte el desarrollo de los menores. Asimismo, la sociedad en su conjunto debe apoyar todas las iniciativas para lograr este fin como nos lo pidió el Papa Francisco, no dejemos de dar un gesto de ternura hacia los niños. Feliz día a los niños a las niñas en este día es un día.
En la primera lectura que hemos escuchado encontramos al pueblo de Israel después de volver, después del exilio. Recordemos que, según la ley del pueblo de Israel, se excluía del culto comunitario a los extranjeros. Que no podían pertenecer como miembros a la asamblea del Señor. Ahora el pueblo judío ha vuelto del destierro de Babilonia y se pregunta por las nuevas leyes Cómo debemos hacer, cómo va hacer, porque al volver de pueblo de Israel, de este destierro, también les acompañan mucho extranjeros, y el profeta como hemos escuchado en la Primera Lectura quiere aclarar sus dudas, quiere responder a estas preguntas y hace un llamado a toda la comunidad para quitar de ellos algunas actitudes, que a veces son excluyentes y que no son de Dios. Y él advierte que el pueblo debe cumplir el derecho y la justicia, y en qué consiste esto, pues liberar al oprimido, no explotar a los marginados. Por otro lado, el pueblo reaccionaba en contra de los extranjeros, no querían verlos en la comunidad. Pero el profeta con mucha valentía, anuncia que, pues la voluntad de Dios, hay que reunir a todos los hombres de todas las tierras, a todos el Señor les invita a la salvación.
Cuántas veces son nuestras actitudes parecidas a las de pueblo de Israel que queremos excluir, miramos mal, pensamos mal, y en lugar de promover el derecho y la justicia, como nos pide el profeta, a veces nosotros también caemos en esta tentación de excluir al extranjero, al oprimido, en vez de ser una comunidad, que de verdad acoge, recibe, ayuda.
El Evangelio en parte tiene este mismo mensaje, vemos que Jesús va a los confines Israel, al norte de Galilea. Un territorio que estaba habitado por pagamos, gentiles, hasta por enemigos del pueblo de Israel, de los judíos. Jesús va hacia las fronteras, ahí mismo vemos un modelo también. Cuántas veces escuchamos al Papa Francisco que nos habla, nos anima a mirar más allá de nuestras fronteras, de saber anunciar la Palabra de Dios a todos sus pueblos, de vivir la caridad, sin hacer distinciones por raza, por nacionalidad, por color de la piel, por religión o por tantos otros motivos.
Aquí encontramos esta escena muy interesante, Jesús que se acerca ese territorio pasando por ahí, pues viene tras él esta mujer Cananea que, pues los judíos no habrían querido aceptar y ella empieza a llamar, a gritar a Jesús, ¡por favor ayuda a mi hija! Una extranjera y habla con Jesús, dandole, digamos este reconocimiento, con ese título de "hijo de David" y lo que pide a Jesús no es para ella, sino para alguien a quien ella quiere más que a ella misma, no es por sí misma, es por su hija. Quizás nos llama la atención la actitud de Jesús, una actitud que en el fondo es para enseñarnos a nosotros, enseñar a sus discípulos. Porque Jesús en un principio no responde, sigue su camino. Este silencio nos llama la atención y quizás hasta los discípulos también les sorprendía, pero no tanto por lo que podría ser un deseo de que Jesús haga para ella ese milagro, sino porque ellos estaban preocupados por el bien de Jesús, por su tranquilidad. ¡Jesús Respóndele mejor, que respondas, que está haciendo tanta bulla! Cuando ella se postra delante de él, pues Jesús no tenía otra opción, sino escucharla, pero su primera respuesta también es dura. Una forma de rechazar con frases de verdad hirientes, ¡cómo es posible, pues yo he venido para el pueblo de Israel, no se puede dar el pan que es para ellos, a los extranjeros!. Pero la mujer postrada ante él, una postura donde ella prácticamente tiene que humillarse, pero que también reflexiona algo de su adoración, reconociendo a Jesús, pues eso aparentemente cambia su respuesta, y la mujer pagana inclusive cuando Jesús responde pues, "que no vamos a tirar a los perros lo que es para los hijos de Israel", ella replica que le de las migajas, ese poquito que sobra. Jesús que no pudo hacer milagros en Nazaret, si nos acordamos Jesús que decía, aquí hay tan poca fe, encuentra en esa mujer extranjera una fe grande, una apertura a la grandeza de Dios, al poder de Dios manifestado en Jesucristo. “¡Qué grande es tu fe mujer!”. Una frase que ya cambia, podemos decir, muchas actitudes en el pueblo de Israel y quizás en los primeros cristianos que abre una puerta y que nos obliga a pensar en otra forma, porque a partir de ahora para ser discípulo de Jesús, para recibir la gracia de Dios, a través de Jesucristo, ya no es no es esencial que seas miembros del pueblo de Israel, de los judíos, y Jesús comunica que de verdad de Reino de Dios, la salvación, el pan del cielo, lo que Jesús quiere dar a todos, es para todos, y lo que es importante es que haya fe. Ahí donde hay fe, Jesús actúa.
Este encuentro que vive Jesús con esa mujer, hay muchas cosas que podemos pensar nosotros. Cómo responder al extranjero que está en medio de nosotros, cerca de nosotros, cada vez que en la calle, en distintos lugares, que están luchando también para sobrevivir, para ayudar a sus familias. ¿Con qué actitud caminamos, pasamos, pensamos, respondemos? Jesús Llama a todos los cristianos a vivir como miembros de su cuerpo, es decir, ser nosotros también igual que Jesús, miembros de su cuerpo, viviendo según nos enseña. Entonces, pues creo que es importante que también crezcamos en la fe, crezcamos en la caridad, en el amor hacia los demás, sean miembros de nuestra comunidad o no sean, peruanos o no, sean quienes sean, aprender a recibir del otro y también a dar al otro, abrir nuestros corazones, nuestras mentes, a formar, a invitar a otros a formar parte de nuestra comunidad. Para Jesús, cuando uno tiene fe, él puede y quiere manifestar una obra grande, hace grandes milagros. Cuando tenemos fe nosotros, en nuestra oración, nuestra forma de suplicar a Dios, también podemos vivir un encuentro con Jesucristo. Jesús nos llama hoy quizás a romper un poco más barreras, cosas que nos separan, a ver cómo podemos todos nosotros fortalecer los lazos de amor de fraternidad, de comunión entre nosotros, como comunidad con Dios y desde nuestra comunidad hacia los más necesitados.
Aprovecho este momento para agradecer a todos los que están haciendo grandes cosas en este tiempo. Cáritas, movilidad humana, personas individualmente singularmente o quizás con otros en los distintos lugares de nuestra ciudad y territorio, buscando cómo ayudar a los más necesitados. Esos son los signos de la presencia de Jesucristo hoy. Jesús nos llama una vez más a vivir como hijos de Dios y a manifestar con nuestras vidas, con nuestro amor. Que la fe en Dios nos fortalece y hace posible de verdad hacer grandes milagros.