Mons. Robert Prevost: “Escuchando la Palabra de Dios, descubriremos nuestra vocación”
Compartimos la reflexión de Mons. Robert Prevost, O.S.A., Administrador Apostólico de la Diócesis del Callao, que ofreciera durante la homilía de la Santa Misa, que presidió este domingo 17 de enero.
Las lecturas que hemos escuchado en esta misa del segundo domingo del tiempo ordinario, nos invita a volver al principio de nuestra vida de fe, para ver un poco cómo estamos viviendo nuestra relación con Jesús.
Jesús en el evangelio empieza un diálogo con una pregunta y dice a esos discípulos de Juan Bautista que después van a seguir a Jesús. Les dice ¿Qué buscan?
¿Qué buscas tú, qué busco yo? Son las primeras palabras de Jesús en este texto del Evangelio. Podemos decir que ese encuentro con Jesús empieza con una pregunta ¿Qué buscamos de la vida? ¿Qué buscamos de Jesús? La respuesta de estos dos discípulos dice: ¿Maestro dónde vives? Como decir ¿Dónde te podemos buscar?
Esa pregunta es muy importante nuestra vida, quizás más que nunca en este tiempo, cuando tenemos que buscar al Señor y vivir nuestra vida de fe en maneras nuevas.
Esa pregunta ¿dónde te podemos encontrar, dónde vives? Expresa, manifiesta un deseo que está en los corazones de todos nosotros, de todo ser humano, por lo menos de los que buscan algo más de lo superficial. Que quiere entender cuál es el verdadero sentido de la vida y quiere encontrarse con Dios, porque siente la necesidad, esa inquietud, ese deseo de vivir unido con el Señor. Y así nace una relación del maestro, del Rabbí; y el discípulo, el seguidor. Nosotros somos siempre discípulos, jamás maestros. Nosotros siempre seguimos y buscamos a Jesús.
Con esa pregunta ¿Dónde vives, dónde te podemos encontrar, qué podemos hacer para conocerte? Pues en la fe cristiana vemos que es en primer lugar, no simplemente cumplir con algunas normas o preceptos; es más bien y en primer lugar esta relación de ser discípulo, de llegar a ser amigo con Jesús, que nos llama a una nueva manera de vivir, a un nuevo encuentro con Él, a un nuevo servicio con Él, con los más necesitados y los pobres.
Aquí estoy Señor tú me has llamado. La primera y lectura hemos escuchado de Samuel, que escucha la voz del Señor y dice “Aquí estoy”. Pero él se equivoca y piensa que le está llamando Elí. Elí muy sensato le dice, yo no te he llamado, vuelve a acostarte. Pero Samuel sigue escuchando esta llamada, es esta invitación del Señor que nace en el silencio, en el corazón, en la profundidad de cada ser humano que quiere escuchar a Dios. Finalmente, cuando el Señor llamó a Samuel por tercera vez y Elí dice, aquí estoy vengo porque me has llamado. Elí comprende que es el Señor y llama al muchacho. Hay personas de nuestra vida también que cumplen ese servicio, igual que Elí. Ahí es donde nosotros también como comunidad, ustedes en familia, los papás con sus hijos, pues pueden también ayudar al otro a comprender como discernir, cómo detectar, escuchar la invitación del Señor.
¡Escucha! el Señor te hablará. La respuesta nuevamente de Samuel: “Habla Señor que tú siervo escucha”. Pues, eso es lo que todos queremos vivir, pero a veces es muy difícil. Es verdad, a veces hay tantas cosas alrededor que no escuchamos la voz del Señor, o estamos distraídos con otras cosas. El Señor sigue invitándonos, sigue llamándonos.
Jesús a responder a la pregunta de estos dos discípulos: ¿Dónde vives?, Él responde, “Vengan y verán”.
El Señor nos llama a seguirlo, y si nosotros lo seguimos veremos de verdad maravillas, aún en medio del sufrimiento y el dolor de tantas dificultades. El Señor nos invita a quedarnos con Él, igual que hizo con estos discípulos de Juan. Estos discípulos descubren en Jesús que es el cordero de Dios, la plenitud de la verdad. Por eso, Andrés, el hermano de Simón Pedro, cuando se da cuenta que ahora sí ha encontrado al Mesías va y busca a su hermano y le llama también, y le dice: “Hemos encontrado al Mesías”. Es ahí que Pedro también llega a conocer a Jesús.
Que hermoso es que cuando cada uno de nosotros en familia entre amigos, quizás en las comunidades, en el grupo de jóvenes, de tantas maneras, pues uno y otro puede ser Andrés que llama a su hermano, lo invita a seguir al Señor. Ahí también nace una verdadera vocación y tal vez este sería un bonito momento para invitar a todos a seguir rezando por las vocaciones, especialmente a la vida sacerdotal, a la vida consagrada, pero también ayudar a cada uno a examinar su corazón, a comprender que el Señor llama a cada uno de nosotros a servir de distintas maneras en la iglesia. A responder con generosidad, con amor a este llamado que el Señor ofrece.
Queremos nosotros vivir con Cristo, seguir su ejemplo que vino para servir y no a ser servido. A vivir la fe especialmente desde esta experiencia de un encuentro con Cristo, con su Palabra, leyendo la Palabra de Dios, pidiendo al Señor que nos ilumine, que nos deje de verdad esa capacidad de escuchar su voz, a través de la Palabra y otras personas que también nos acompañan en nuestro caminar.
Cada uno de nosotros es llamado a servir, a cumplir una misión, a cumplir nuestra vocación. Es cuando escuchamos la Palabra de Dios, ahí podemos descubrir de verdad cuál es nuestra vocación, nuestro servicio en la iglesia.
El Señor nos ayude a cumplir, a ser fiel, a vivir este compromiso que el Señor nos ha pedido. Que seamos fieles cristianos, dando buen testimonio de nuestra vida, porque ya hemos encontrado a Jesús y quiere llamarnos una vez más a aceptar esta invitación ¿Dónde vives? Pues, ven y verás.