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Mons. Robert Prevost: “Jesús nos incluye en la misión de la Iglesia”

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Compartimos la homilía correspondiente a este domingo 2 de agosto. Celebración presidida por Monseñor Robert Prevost O.S.A., Administrador Apostólico de la Diócesis del Callao.
Cuánto nos hace falta escuchar textos del Evangelio como el de hoy. Jesús por un lado con la tristeza de la muerte de Juan el Bautista, se alejó a un sitio tranquilo, quizás en su naturaleza humana buscando un lugar donde estar en paz, donde rezar, vivir un tiempo este dolor que también muchos de nosotros estamos viviendo. Pero al llegar Jesús y viendo a la muchedumbre que se reunía, nos dice el evangelio, Jesús sintió compasión de ellos y curó a los enfermos. Luego Jesús dice: “vayan denles ustedes de comer”. Los discípulos sorprendidos expresan que   solo tienen cinco panes y dos peces. Jesús con esos pocos panes y peces hace el gran milagro, la multiplicación de los panes y peces para dar de comer a los hambrientos.
Qué hermosa enseñanza para todos nosotros signo expresión de esperanza y también expresión de lo que todavía está por venir en la vida de Jesús en sus enseñanzas. Hoy propone para nosotros a esta imagen de la inmensa generosidad de Dios, su bondad frente a nuestra pobreza y sufrimiento.
La Biblia revela un Dios compasivo, de misericordia, que se compadece con la persona humana, porque ama a la persona, ama a cada uno y a todos nosotros y sabe estar al lado del ser humano, del humillado, del enfermo.
La primera lectura que hemos escuchado tomadas del libro del Profeta Isaías nos presenta este mensaje de tanta esperanza. La compasión se muestra con una imagen muy sencilla de un vendedor ambulante, todos conocemos esta imagen. Es que ofrece su mercancía, trigo, agua, vino y leche. Lo ofrece a las personas hambrientas y sedientas y dice que esos productos son para todos, son gratuitos, el único requisito es tener necesidad de comer y beber. 
San Pablo en la segunda lectura, la carta a los romanos de texto que escuchamos, nos invita a tener una confianza en Dios, confianza inquebrantable que debe ser el fundamento de nuestra seguridad de nuestra fe y nuestra vida humana y espiritual.
Dios compadeciéndose nos sostiene y fortalece frente a todas las dificultades que hay en la vida. Y llegamos al Evangelio, este texto de la multiplicación de los panes y peces. Los discípulos cuando llega final de la jornada dicen a Jesús, pues que despida la gente, que ellos vayan a buscar algo para comer. Los discípulos no eran insensatos, no eran fríos e indiferentes, más bien se preocupaban. Pero en esos términos humanos Jesús  invita a ellos, invita a todos a ver la realidad de otra forma, otra lógica. Porque Jesús hijo de Dios y también nuestro hermano, sabe muy bien lo que puede hacer. Este hermoso milagro que hace posible que todos tengan para comer y beber, para vivir. Jesús lo hace a través de esas palabras: “denles ustedes de comer”. Una frase que ojalá despierte algo en nosotros, y decir también que estamos llamados a colaborar en este gran fuerza que viene de Dios. Es una propuesta que no nos excluye, sino más bien nos incluye en su gran misión de dar a los demás, dar de comer a los hambrientos.
Ver cómo de Dios sentir esa generosidad, esa compasión como lo siente Dios y Jesús quiere que sus discípulos también vivan con esa misma sensibilidad. Jamás abandonar a la gente, jamás decir la gente busque en otro lugar porque aquí no hay. No es fácil. Por un lado me acuerdo de un sermón de San Agustín en circunstancias parecidas decía la gente, mucha gente, decía para mí darles de comer a todos darles de comer a todos es algo que no puedo hacer. Pero la palabra es su porción. Desde el altar la Palabra de Dios si les puedo dar, para alimentar, darles fuerza. Ahí sí hay una gran enseñanza que puede acompañarnos e iluminarnos también en este momento. Pero también hay otra dimensión, ustedes todos los domingos, quizás con más frecuencia están participando viendo la misa por las redes sociales y ven que la iglesia es verdad sigue presente ofreciendo la Eucaristía, acompañando en oración. Pero a veces no vemos muchas otras cosas que hace la iglesia en todo este tiempo: Cáritas Chiclayo, Cáritas a nivel nacional e internacional, que están con mucho sacrificio repartiendo canastas y donaciones que reciben para la gente más necesitada eso también es iglesia.
Ahí estamos todos nosotros, démonos cuenta que este milagro de Jesús, que era un gran milagro sobrenatural la multiplicación de los panes y peces, tiene que seguir realizándose de otra forma, con nuestra solidaridad, con gran generosidad los hambrientos reciban algo, que tenga algo para comer. La multiplicación de los panes y los peces es una expresión muy concreta muy real de lo que nos espera en el futuro en el reino de Dios. Pero Jesús al invitar a todos a recibir este milagro, tiene una expresión muy interesante. Les dice pues que se sientan en grupos, que formen pequeñas comunidades, que va a bendecir el pan. Es una alusión a nuestras comunidades cristianas católicas. Nos reunimos como comunidades, como familias para recibir la bendición de Dios, para compartir lo que el Señor nos da, para recibir el pan de la vida, que es la Eucaristía.  Jesús convierte lo que es poco en abundancia, ese es el gran milagro de la multiplicación de los panes. Es una señal de la vida que ha venido a traer Jesús al mundo, una vida abundante.
Hermanos y hermanas, Jesús nos ofrece a nosotros también esta vida, esa plenitud, esa abundancia, es la salvación. Lo ofreció a estos cinco mil hombres, como dice el evangelio, sin contar mujeres y niños, miles de personas. Jesús ofrece la salvación a todos, sin exclusión invitando siempre a todos, y dice que la salvación de Dios pues tiene que llegar a todos. El primer paso para gozar de la vida es tener pan para comer, para poder mantenerse en la vida. Por eso la iglesia de hecho, sí se preocupa por los pobres, los más necesitados y por eso pedimos a ustedes su generosidad en sus donaciones, pues también ayuda a que la iglesia pueda acompañar también a esta gente más pobre que más necesita recibir esta bondad.
Jesús quiere darnos su reino, invitarnos a participar y comienzo de este anuncio es dar de comer. Todos vamos a ser saciados con la abundancia, que sólo Jesús los puede dar.