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Monseñor Prevost: “Pidamos el don de la sabiduría”

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Compartimos la reflexión de la Santa Misa de este domingo 26 de julio, presidida por Monseñor Robert Prevost O.S.A., Administrador Apostólico de la Diócesis del Callao. 

Me da gusto compartir una vez más la Palabra de Dios, a pesar de la distancia, pero con la cercanía espiritual. Este domingo día del señor, queremos celebrar nuestra fe, buscamos en la celebración esa fuente de vida y esperanza. Los signos y los gestos son todos muy importantes, especialmente en este tiempo de la pandemia por el distanciamiento social, que si por un lado no podemos estar juntos en la asamblea, como comunidad de Dios, hay otros símbolos y manifestaciones que expresan la presencia de Dios con nosotros. Esto nos ayuda a comprender lo que significa estar en el reino de los cielos, formar parte de la iglesia, reconocer que este gran proyecto de Jesús. El reino de los cielos, que no es de este mundo pero que sí comienza en el nuestro.
Igual que el domingo pasado, hoy Jesús nos habla en parábolas para darnos una idea de lo que significa ser parte de esta gran familia, de ser invitados a dar todo para formar parte del reino de los cielos.
Jesús comenzó su vida pública en Galilea anunciando el reino de Dios, proclamando su venida, y con el Evangelio, Jesús nos ayuda a preparar el terreno. Dios es el sembrador y la semilla son sus palabras, sus enseñanzas, cae en la tierra, en nosotros. 
Encontramos también otras palabras que nos ayudan a acercarnos más al Señor, para ver cómo vamos nosotros en este camino, invitados todos invitados todos a entrar a formar parte de su reino. En nuestra forma común de hablar a veces decimos tu hijo o tu hija es un tesoro o decir a una persona muy querida, eres un tesoro. Tesoro es algo o alguien de gran valor en nuestra vida. Y así manifestamos que esa persona, quizás es todo para nosotros en la vida. Por supuesto no estamos hablando de un valor económico o material, sino el valor que da vida, algo mucho más grande, más profundo más significativo. Usar esta expresión entonces significa manifestar la estima el amor que sentimos a esta persona y que estamos dispuestos a dar todo, a entregar nuestra vida, porque sentimos la felicidad, el entusiasmo, el deseo de dar todo por este tesoro.

En esa misma idea pues, es lo que Jesús nos propone en dos de las parábolas que hemos escuchado de un tesoro importante y de la respuesta de quién encuentra ese tesoro, la perla fina, un tesoro escondido en el campo. Pues vende todo para poder ir y comprar el campo, o la perla preciosa. Está dispuesto a perder todos los bienes materiales, dar todo para conseguir ese tesoro. Yo creo que Jesús hoy día quizás podría preguntar a nosotros ¿Cuál es el tesoro más importante de tu vida? Una persona, una situación. Ojalá para unos es Jesús mismo, es participar en la vida de la iglesia. Es dar la vida para servir en el proyecto de reino de los cielos. Nosotros para comprender estas parábolas, quizá tenemos que tomar en cuenta lo que hemos escuchado en la primera lectura, hablando de Salomón, que cuando Dios se le aparece en los sueños dice: “Pídeme lo que quieras”. ¿Qué cosa pediríamos nosotros? Creo que nosotros tenemos que pedir el don de la sabiduría, que nos ayude a comprender lo que Jesús nos dice, lo que el Señor quiere nosotros. Ya el domingo pasado hablamos un poco de la voluntad de Dios, que es entrar en este gran misterio de amor Dios.

Dios nos ama y Dios nos llama amar y en ese mismo espíritu entonces pidiendo la sabiduría podemos comprender quizás como los profetas, los hombres sabios que en la Biblia encontramos. Son los que saben escuchar a Dios, tienen el buen sentido primero de querer escuchar a Dios de leer su palabra.

Las personas a las que saben escuchar a Dios, encontrar  y reconocer los signos de la presencia de Dios en su vida, pues saben ser humildes, saben que uno mismo no es el más importante en la vida. Sabe descubrir también en otras personas la presencia de Dios, los signos de su amor, y también en el dolor del otro, descubrir las heridas de Jesucristo, y sentirse llamado también a amar como nos ama Dios. Como nos amó Jesucristo, desde la cruz. 

Yo creo que todos nosotros queremos encontrar ese tesoro, queremos sentir de verdad, especialmente en ese tiempo la esperanza de saber que también hay es perla escondida, ese tesoro escondido que podemos encontrar nosotros. Pero no es sólo conseguir un objeto, eso es muy importante, porque las parábolas que nos presenta Jesús, esas comparaciones, no son que el reino de Dios, el reino de los cielos es una cosa un objeto que podemos conseguir y tener para nosotros. Es todo una acción o movimiento, con actitud de vida, una forma de vivir y en ese sentido el reino de los cielos se hace presente entre nosotros, cuando podemos vivir con esa anticipación y esa esperanza de encontrar el tesoro de gran valor y vender todo para conseguir esto.

Estar totalmente dispuestos a poner como prioridad el reino de los cielos fuente de vida. Así también podemos entender esas palabras de Jesús que escuchamos hace un par de semanas, cuando Jesús dice “que quien ama más a su propio padre, su madre y hermanos, más que a mí, no es digno de mí”. Jesús nunca ha venido a dividir la familia, decir que no tienes que amar a tu familia. Lo que nos quiere decir que en primer lugar tiene que estar Dios, está la vida eterna. Y cuando ponemos en orden nuestra vida en ese sentido, todo lo demás pues encuentra su sitio y vemos que nosotros también podemos amar a los demás, pero con un amor libre auténtico y generoso como Dios nos ama a nosotros.


Jesús a decir sus parábolas nos invita a nosotros también a participar en este gran proyecto, en esa gran tarea que al final es gracia de Dios. No somos nosotros, es gracia de Dios que actúa, que guía e ilumina. En ese gran proyecto Dios pide nuestra participación.

Lo mismo con la parábola de la semilla, Dios es el sembrador, pero tenemos que preparar el camino y el terreno, pues también con estas parábolas del Reino de Dios nosotros tenemos que responder a la generosidad de Dios, diciendo sí señor doy mi vida, sí señor estoy dispuesto escuchar tu Palabra y hacer lo que es tu voluntad 

Jesús es este gran tesoro, es la perla de gran valor y nosotros a descubrir a Jesucristo sentimos de verdad esa gran alegría que sólo nos puede venir en la fe. Que Jesucristo nos ayude a vivir con esta alegría, a pesar del dolor, llevando la cruz cómo nos enseña el mismo, sintiendo en nuestro corazón, a pesar de todas las dificultades estamos acompañados sostenidos y fortalecidos por Jesús esto mismo por su palabra y por su presencia. Que descubramos cada día más lo que significa y cómo participar en este gran tesoro del reino de los cielos.