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Monseñor Robert Prevost presidió solemne Misa en honor a la Virgen del Carmen de la Legua

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Monseñor Robert Prevost O.S.A., Administrador Apostólico de la Diócesis del Callao, presidió la solemne Misa en honor a la Virgen del Carmen de la Legua, Patrona del Primer Puerto. Esta ceremonia se llevó a cabo en la Basílica chalaca, y fue concelebrada por un grupo de sacerdotes de la diócesis. En esta ocasión, dada la coyuntura sanitaria, la celebración fue transmitida por las redes sociales.

“Esta es la primera celebración que realizó en el Callao, desde que el Santo Padre me nombró Administrador Apostólico de esta diócesis. Les aseguro que el gran amor que Dios tiene para cada uno de ustedes está manifestado, a través de su iglesia. Este amor que también es manifestado por nuestra madre María”.

Más adelante, monseñor Prevost insistió en el cuidado que debemos conservar unos con otros. “Sabemos que esta Pandemia nos exige que mantengamos el mayor cuidado, usemos las mascarillas, respetemos el distanciamiento social. Es importante tomar con seriedad esas normas, que lo único que busca es cuidarnos. Es como lo que nos dice el evangelio, donde Jesús nos dice de María “Ella es tu madre” ¿Y qué es lo que hace una madre? Cuidar a sus hijos”.

Asimismo, en el transcurso de la homilía, el monseñor Prevost extendió el saludo del Papa Francisco a todos los fieles del Callao. “Sintámonos todos unidos a la Iglesia con el Papa Francisco, porque si no somos fieles al sucesor de Pedro, no somos fieles a Cristo…hoy celebramos esta fiesta, solemnidad del Carmen de la Legua, y este día nos llama a la reflexión acerca de nuestra fidelidad con Dios, al Dios creador, al Dios de la vida, al Dios de la alianza. Es imposible servir a Dios y al dinero, es imposible vivir en la falsedad y en la corrupción…”.

En otra parte de su reflexión, Monseñor Prevost explicó acerca de la figura de María y la trascendencia de la devoción y la relación que tiene esta con nuestro vínculo con la iglesia, cuerpo de Cristo.

“María es nuestra madre, y esa relación nos  une con Cristo, no podemos considerarnos devotos a María, sino estamos unidos a la Iglesia, al Papa Francisco…esa unión nace desde nuestro bautismo. No podemos llamarnos católicos sino estamos unidos al cuerpo de Cristo…Para nosotros estar unidos en la iglesia significa en vivir en armonía con que la iglesia enseña, en el Callao tenemos que ver cómo vivimos como miembros de una iglesia que tiene un rostro latinoamericano, que tiene una doctrina, enseñanzas, y una visión de iglesia que llama a todos nosotros, a la hermandad, a los bautizados, a los movimientos, a todos a vivir como iglesia en el mundo en que estamos”.

Monseñor Prevost, tomó a referencia algunos pasajes del documento de Aparecida, que un fue un encuentro en la que se exhortó a promover una Iglesia de comunión.

“Se habla en este documento de una conversión continua, que va de la mano con una conversión pastoral en nuestras parroquias, de nuestras experiencias de vida cristiana, y busca un nuevo ardor, haciendo que la Iglesia se manifieste como una madre que sale al encuentro de la casa acogedora, una escuela permanente de comunión misionera. Habla también de un proyecto pastoral de la diócesis, que debe ser una respuesta consciente y eficaz para atender las exigencias del mundo de hoy…Más adelante, el mismo documento, nos dice que los laicos deben participar en la toma de decisiones, la planificación y la ejecución. Hoy el Papa Francisco utiliza la palabra sinodal, una iglesia sinodal donde todos buscamos la verdad y la manera de ser iglesia en el mundo de hoy”.

Finalmente, Monseñor Robert animó a todos a imitar a María, como ejemplo del verdadero cristiano.

“Hermanos y hermanas, la belleza de esta fiesta de hoy, nos invita a llevar este mensaje que da vida, que renueva y que ofrece esperanza. Esa esperanza nos toca a nosotros llevar, no con la imagen de la Virgen del Carmen, que este año no podemos llevarla por las calles del Callao, como ya es tradición, sino la esperanza hay que llevarla con nuestro testimonio, en nuestra fidelidad con Cristo. Es esta belleza que acompaño a María, su docilidad a la Palabra de Dios, a su obediencia a la Palabra de Dios, su espíritu de oración y su fe inquebrantable. Ahí estaba María, al pie de la cruz de Jesucristo. Imitemos este ejemplo.