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Obispo del Callao celebró Solemnidad del Corpus Christi

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Monseñor Luis Alberto Barrera MCCI, Obispo del Callao, y Administrador Apostólico de la Diócesis de Tarma, presidió la Santa Misa en la Solemnidad del Corpus Christi, en la Catedral de Santa Ana en la ciudad de Tarma.


Luego de la ceremonia se llevó a cabo la procesión del Santísimo Sacramento por la plaza principal de Tarma. Compartimos parte de su reflexión en que ofreciera en la homilía del día jueves 3 de junio.


“Es muy importante que tomemos consciencia de la realidad de este sacramento. En la Eucaristía se hace presente el Señor como en ningún otro sacramento, por eso el Derecho Canóni

co lo define como el sacramento de los sacramentos. Porque en este sacramento Jesús mismo se parte y se reparte, para que vivamos plenamente. 


Dios da el primer paso para encontrarnos, pero a veces nosotros no nos dejamos encontrar, nos alejamos. ¿Cuántas veces hacemos propósitos y decimos “Señor te seguiré hasta la muerte”? Pero, basta que suceda un pequeño problema y nos derrumbamos. Peri Dios no nos deja, porque Dios es siempre fiel a su alianza.


Cuando nosotros recordamos el Corpus Christi, nos viene a la memoria lo que hemos escuchado en el Evangelio de Marcos, el comienzo de una nueva alianza, ya no sellada con sangre de animalitos, sino  sellada con sangre del cordero inmaculado: Jesucristo el Señor.
Solamente, Dios que da el primer paso envía a su hijo único para que se sacrifique, para que derrame su sangre para sellar la alianza nueva y eterna con él. De eso modo el Señor entra en nuestra historia.


Por eso los padres de la Iglesia nos recordarán el tema de la economía de la salvación. Dios ha pagado por nosotros, no en monedas, sino con la sangre de su hijo amado. Esto lo hace Dios, porque nos ama.
La Eucaristía que Jesús deja a la Iglesia el día de primera cena, se prolonga a lo largo de la historia de la Iglesia. Por eso nos dice “Este es mi cuerpo, este es mi sangre”. Él es vino de la alegría, de la esperanza, de la vida plena, del gozo eterno. Por eso, nos da de beber su sangre.


La Eucaristía nos cura, sana y purifica. El cuerpo y la sangre de Cristo, es ese sacramento que hace presente  a Jesús en la historia de cada momento, cuando el sacerdote repite las palabras “Hagan eso en conmemoración mía”. Jesús  ordena a su Iglesia que repita constantemente la Eucarística, no solamente como memoria, sino como acontecimiento redentor presente.


Jesús prolonga su presencia en el mundo, a través de la Eucaristía, pero también de nosotros bautizados, que somos piedras vivas de Iglesia, cuerpo de Cristo.
Alegremos de tener siempre la cena del Señor. Cuanta angustia sientes nuestros hermanos en este tiempo de pandemia, de no poder comulgar, y estamos aprendiendo a valorar aquel encargo tan bello que Jesús dio a la Iglesia, de hacer siempre memoria de este sacramento de la Redención.


Queremos adorar a Cristo en su cuerpo y en su sangre, en su cuerpo que es la Eucarística, y que también es el pueblo de Dios, que somos nosotros. Por eso el pobre, el indigente, el pecador, ese es el cuerpo herido de Cristo, que necesita de nuestra caridad, de nuestra cercanía, de nuestro amor, para que la redención acontezca hoy y siempre, para que la redención y la caridad de Cristo, llegue a todos los corazones.


Eucaristía significa también acción de gracias. Agradecer a Dios por todo lo que hace por nosotros siendo indignos siervos suyos.


La Eucaristía nos hace tomar conciencia de nuestro ser instrumentos frágiles en las manos del Señor”.