Obispo del Callao presidió celebraciones del Triduo Pascual
Con una gran participación, la diócesis del Callao, a través de toda su comunidad de fieles, vivió con devoción y especial recogimiento el triduo pascual.
El Triduo Pascual es la celebración más importante para los cristianos, pues recordamos los misterios de nuestra salvación: la muerte y la resurrección de Jesús.
A continuación compartimos algunos pasajes y reflexiones de nuestro obispo. Mons. Luis Alberto, durante estas celebraciones.
Jueves Santo
Es así el Obispo del Callao, Mons. Luis Alberto Barrera, MCCJ; comenzó las celebraciones el jueves santo, con la Misa Crismal, donde acudió todo el clero chalaco, a la Basílica de Nuestra Señora del Carmen de la Legua. El gesto litúrgico de ese día, consistió en la consagración del crisma, la bendición de los óleos para los enfermos y para los catecúmenos. Además, se realizó la renovación de las promesas sacerdotales. En la homilía, el obispo chalaco envió un mensaje a los sacerdotes, recordándoles su misión como pastores.
“En nuestro ministerio sacerdotal tenemos que ser fieles, en primer lugar fieles a Jesucristo, el Señor; y también a la Iglesia, del cual somos ministros. Si de algo se nos juzgará será ¿Cuán fiel has sido al Señor y a la Iglesia, entendida como pueblo de Dios? A lo largo de nuestra vida sacerdotal, vienen también los desencantos, los momentos de prueba y oscuridad. No todos los días es como el primer día de nuestra primera misa. Algunas veces la casulla pesa ¿o no? Algunas veces ese pueblo que hemos idealizado, es también un pueblo que tienen sus bemoles, al cual tenemos que acompañar y amar. En ese momento de dificultad, tenemos que renovar constantemente el llamado gratuito que nos ha hecho Dios y la unción que hemos recibido de la Iglesia para el servicio del pueblo de Dios. Nuestro sacerdocio no viene de una casta sacerdotal. Nosotros somos sacerdotes, según el corazón de Jesús. Él que nos ha llamado a participar de su único sacerdocio, haciéndolo presente a su pueblo, mostrando su rostro misericordioso en medio de su pueblo, haciendo presente que Jesucristo que sana, que libera, que corrige y nos ama…”.
Más tarde, en la Iglesia Matriz, Catedral del Callao, se llevó a cabo la celebración de la Cena del Señor, en donde además se realizó el rito del lavatorio de pies.
En esa noche, monseñor Luis Alberto, reflexionó acerca de la eucaristía y el servicio.
“Hacemos un memoria de la institución de la eucaristía. Con esta Misa se conmemora tanto la institución de la Eucaristía, o sea el memorial de la Pascua del Señor, por la cual el sacrificio de la nueva ley se perpetúa entre nosotros bajo los signos del Sacramento, como también la institución del sacerdocio, con el cual se perpetúan en el mundo la misión y el sacrificio de Cristo; asimismo, la caridad con la que el Señor nos amó hasta la muerte. Entre los detalles que hacen diferente a la Misa de la Celebración de la Cena del Señor a otras misas durante el año, es que en esta se incluye una parte donde se lavan los pies a los apóstoles representado por doce hermanos de la comunidad. En esta parte de la misa resalta la importancia tan grande que tiene el servicio al prójimo. Esto es que la eucaristía se muestra en su doble dimensión, en su dimensión celebrativa, de memoria y en una segunda dimensión de servicio”.
Viernes Santo
En la mañana del Viernes Santo, Mons. Barrera, visitó el Penal “Sarita Colonia”, en donde los internos realizaron una escenificación de la Pasión de Jesús, en su recorrido por las 14 estaciones. Aquí también el obispo chalaco, acompañó la procesión por los diversos ambientes y pabellones del centro penitenciario.
“Dios es el único que nos ama sin ningún interés, y que derrocha su amor y su gracia para cada uno de nosotros, sin juzgarnos, sino más bien por puro amor. El amor de Dios es un regalo infinito que no tiene límite, no nos margina, más bien nos ama, y ese amor nos cura, nos libera, nos sana. Por eso, me acercó en nombre del Señor Jesús, en este viernes santo, a este lugar en donde muchos de ustedes viven experiencias difíciles. A veces la justicia de los hombres es diferente a la de Dios. Siéntanse amados siempre por el Señor, pongan su confianza en el Señor, él les abrirá nuevos caminos para sus vidas…”.
En horas de la noche, se continuó con la celebración de la liturgia del viernes santo, en la Iglesia Matriz, Catedral del Callao. El comienzo de esta celebración es en silencio. El obispo y los sacerdotes concelebrantes se postran frente al altar, con el rostro en tierra, recordando la agonía de Jesús.
“En este día toda la iglesia contempla lo inaudito, el silencio de Dios, la muerte de Dios en la Cruz, por la ingratitud de la humanidad. El crucificado devela la maldad humana, cuán malo podemos ser. De tal modo que hemos matado al justo, hemos crucificado al hombre bueno por excelencia. No nos gusta que Jesús en su mensaje nos cuestione, ponga al descubierto nuestro doblez, nuestra vida, muchas veces inclinada al pecado. Jesús quiere ser solidario con toda la humanidad. Asume en él, como dice el profeta Isaías, la maldad humana, asume en él todo el sufrimiento, el de la humanidad. En él podemos ver la humanidad desfigurada a causa del pecado, esa humanidad maltrata, sin rostro, abusada por aquellos que tienen poder. Jesús fue condenado, acusado por la masa, por el mismo pueblo que lo recibió en su entrada a Jerusalén. Pero ese pueblo esta manipulado, como ocurre muchas veces con aquellos que gobiernan las naciones. Ellos manipulan a las masas y al pueblo, y el pueblo grita lo que quieren escuchar los otros. El poder político, el poder religioso se han unido a aquellos que no eran amigos, como Pilatos, los sumos sacerdotes, los judíos, los romanos. Todos se juntan para deshacerse del justo, para matar a Jesús. Eso devela la maldad humana. ¿Cómo el poder político puede manipular a las masas, cómo puede actuar de manera injusta, cuando tiene que custodiar la justicia y el bien común? Jesús es una de las víctimas por una sociedad manejada por un poder político ambicioso, que busca poder, que no sirve al pueblo. Es víctima de una tradición mal interpretada, a él lo eliminan del mundo como lo hicieron a los demás profetas. Desde lo alto de cruz, Jesús expresa una vez más su sed de justicia social, grita en el nombre de tantos hombres y mujeres, que son víctima de esa injusticia, grita en nombre de toda la humanidad oprimida, aplastada y manipulada por el poder político. Quisieron enterrar la luz, pero esa luz venció…”.
Sábado Santo
La Vigilia pascual es una celebración litúrgica que conmemora la Resurrección de Jesús. Es la celebración por excelencia de la victoria definitiva de Cristo sobre el mal, el pecado y la muerte. Esta se realizó en la explanada de la Parroquia “De la Sagrada Familia”, en el Bellavista.
Durante la Vigilia Pascual se realizaron tres símbolos importantes. El primero es la celebración de la luz o lucernario. El obispo bendijo la fogata ardiente, que estaba ubicada a pocos metros del lugar. Luego tomando fuego de esta, se pasó a encender el cirio pascual, símbolo de Cristo. Luego, se entonó el Pregón Pascual. De esa manera se prosiguió con una secuencia de siete lecturas en las que se recuerda la historia de la salvación, desde la Creación del mundo hasta la Resurrección del Señor.
Finalmente, en un tercer momento se produjo la renovación de las promesas bautismales, renunciando a Satanás, a sus seducciones y obras. Esto se llevó a cabo frente a la pila bautismal, en la que dos personas recibieron el sacramento del bautismo.
“Esta es la noche santa, en la que el señor vence a la muerte, vence a la oscuridad. Esta noche la vigilia pascual, es la única vigilia, las madres de todas las vigilias, no hay una noche más importante que esta. Hemos iniciado hoy meditando lo primero, la creación. Dios como un artesano fue haciendo todo aquello que nuestros ojos ven. Dios no creo a su imagen y semejanza, que bello saber que hemos sido modelados por la mano de Dios…Que bello el mensaje de la Pascua, un mensaje que nos abre un tiempo de la esperanza, el tiempo de la vida plena, de la alegría, el gozo. Esa pascua interior que tiene que hacer brotar en nosotros, lo mejor que Dios nos ha regalado, para ser lumbreras en medio de la oscuridad, iluminar como este cirio pascual, que nos acompañará durante estos 50 días, para manifestar que Cristo ha vencido a la muerte. El ser humano, con la muerte de cristo en la cruz, ha suido redimido. Dios ha pagado un precio caro por nosotros y nos ha comprado con la sangre de Cristo. El único sacrificio perfecto, el sacrificio por excelencia. Ningún otro puede igualar el sacrificio de Jesús, asumiendo todos nuestros pecados y miserias. Por eso que nos alegramos, y somos personas libres. En esta noche santa nos alegramos con toda la iglesia y cantamos aleluya, verdaderamente ha resucitado el Señor.
Yo quisiera que se lleven a sus hogares la alegría de haberse encontrado con Cristo resucitado, Cristo ha vencido a la muerte”.
Domingo de Resurrección
Finalmente, el Domingo de Resurrección celebra el regreso a la vida de Jesús. Tras el martirio vivido por Cristo que acabó con su crucifixión, el Señor regresó de la muerte cumpliendo el mandato divino de Dios, probando así que era el salvador de la humanidad.
Mons. Luis Alberto Barrera, presidió la Santa Misa de la Resurrección de Jesucristo, en horas de la mañana en la Parroquia “La resurrección de Cristo”, y en horas de la noche en la Iglesia Matriz – Catedral del Callao.
“Que Jesús haga arder en nuestros corazones, así como a los discípulos Emaús. Que nos devuelva, en esta pascua la alegría, el gozo, que muchas veces nos es robado por las preocupaciones de la vida. Dios tiene la última palabra y no los hombres y ni siquiera la muerte” expresó el obispo del Callao.
