Obispo del Callao presidió la Misa de Noche buena de Navidad
El obispo del Callao, Mons. Luis Alberto Barrera, MCCJ; presidió la Santa Misa de noche buena, o tradicionalmente conocida como Misa del Gallo, en la Parroquia Matriz, Catedral del Callao. Concelebró el párroco, el P. Joaquín Olortegui, y los sacerdotes, P. Edgar Merel y P. César Landa.
En la homilía el obispo chalaco nos hablo del verdadero sentido de la celebración de la natividad de nuestro Señor Jesucristo:
“Escuchando la palabra de Dios, nos alegra sobre manera el profeta Isaías, que nos ha acompañado durante el adviento, y que en esta celebración nos habla de este gran día, en que se convierte la noche, en la cual caminaba el pueblo de Dios, el pueblo que caminaba en tinieblas, vio una gran luz. Las tinieblas son siempre fruto del pecado, la oscuridad en el mundo es producida siempre por la intervención humana que se aleja de Dios. Hoy también no es diferente al contexto social en que nació Jesús, hoy también las guerras en las diferentes partes del mundo, las situaciones de violencia, de injusticia, la corrupción que oscurece el ambiente de la sociedad del mundo. En medio de esta desesperanza, para nosotros brilla una gran luz, Jesús es esa luz que viene a disipar las tinieblas, para que de esa luz podamos nosotros irradiar paz, justicia, amor, en medio de un mundo repleto saciado, desabrido, un mundo muchas veces de espaldas a Dios. Esa luz que brilla en medio de las tinieblas viene como la misericordia como la ternura de Dios, para poder curara las enfermedades de la humanidad. Ahí viene Jesús parta hacerse un lugar en medio de nosotros.
Navidad no es celebraciones extravagantes, navidad es hacer un lugar de Dios en nuestras vidas, es abrir el corazón a Dios, es reconocer su presencia en medio de nuestra sociedad, es ser luz en la sociedad. Navidad va más allá de regalos, navidad es celebrar la cercanía de Dios, que entra en nuestra historia, pone su carpa en medio de este mundo. Celebrar Navidad es celebrar la redención, porque el Señor asume toda nuestra naturaleza humana, la redime y la acerca hacia Dios. Por eso Dios no es indiferente a toda la situación humana, Dios ha asumido nuestra humanidad, la asumida toda, menos el pecado”.