Padre Abraham Figueroa: “Dios elige a quién menos piensas”
Abraham Figueroa Vargas tiene 43 años y es el mayor de los cinco nuevos sacerdotes ordenados el pasado mes de junio.
Su acercamiento a la Iglesia se dio desde muy pequeño, a través de sus padres, quienes pertenecían a la Hermandad de Cristo Yaciente del Rímac. Cuando acabo la secundaria, estudio una carrera técnica y se dispuso a trabajar. El año 1999 fue muy especial para él, era el último año de preparación para la Misión Jubilar y fue cuando empezó a evangelizar en las zonas aledañas a la Parroquia “Nuestra Señora del Monte Carmelo” de Santa Clara.
“Eso me marcó bastante, fue donde sentí el llamado de la vocación. Con un grupo misionero de la parroquia evangelizábamos, anunciábamos el amor de Dios en el año preparatorio para el Jubileo del 2000 donde todas las parroquias del mundo entraban en una misión”, afirma.
En el 2007, con 32 años de edad, se suscitó en él una “vocación adulta” y establece su primer contacto con el seminario del Callao “Corazón de Cristo”. Al año siguiente, sería admitido e iniciaría su formación sacerdotal en el Seminario Arquidiocesano de Arequipa, gracias a un convenio que la Diócesis el Callao sostuvo.
Ya en Arequipa conoció de cerca al movimiento de los “Focolares”, realidad eclesial fundado por Chiara Lubich en Europa, cuyo trabajo parte del amor, la caridad y el ser radical en el Evangelio.
“Dios te ama inmensamente, esa frase dentro de este movimiento, me marcó bastante. Ver a tantos niños y jóvenes felices, hermanos contando su experiencia. Me cambió la vida ver a sacerdotes, matrimonios, hombres y mujeres que vivían en medio de tanta alegría. Este carisma ha marcado mucho mi vocación…ahora continúo en ese movimiento y veo que en estos diez años de permanencia en este carisma, me ha ayudado mucho”, comenta.
Abraham culminó sus estudios de Filosofía en el año 2012, después fue enviado de misión, como parte de su formación sacerdotal, a la Parroquia “Cristo Liberador” del Callao; para luego viajar a Huacho y continuar allí con la misión que la Iglesia le encomendaba.
“He visto la fidelidad de Dios en mi vida. Soy el último de cuatro hermanos, mi madre falleció hace un año y medio y mi padre hace 4 meses. Es un tiempo fuerte para mí, pero Dios me ha ayudado a aceptar su voluntad”.
La formación de los seminaristas es crucial para la vida del futuro sacerdote, y el Padre Abraham destaca que este tiempo fue trascendental en la reafirmación de su vocación.
“Dentro de todo este proceso de formación y del paso de Dios en mi vida, he visto como en el seminario, la presencia del Santísimo, el escrute de su Palabra y los formadores me han ayudado muchísimo. He visto la fidelidad de Dios durante el tiempo de formación, en medio de mis pecados y caídas, también durante las misiones. He visto como Dios siempre ha salido a mi encuentro, sin juzgarme o condenarme. El mismo Obispo, Monseñor José Luis me ha dado palabras de aliento y fuerza durante todo este tiempo”, afirma.
Hoy, ya ordenado, se muestra muy alegre y afirma que tiene la certeza que Dios mantendrá su fidelidad: “Sólo le pido a Dios poder serle fiel y ponerme al servicio de su Palabra. Dios elige a lo que no cuenta, a lo que no vale. Me he sentido así, de joven nunca fui bueno en los estudios, desde el colegio siempre me ha costado. Dios me ha ayudado muchísimo, hoy estoy estudiando la licenciatura pero todo es para la gloria de Dios, en medio de mi poca capacidad. Dios ha cambiado mi ser tímido, aún lucho con eso, pero es Dios quien hace la obra”, comenta entre risas.
El Padre Abraham ve con agradecimiento todo este tiempo que Dios le ha permitido experimentar, desde su juventud hasta estos tiempos. Aunque, el tiempo del seminario fue un poco difícil.
“A mí me ha costado mucho entrar en la dinámica de los estudios. No sabía, que se tenía que estudiar mucho en el seminario. Cuando descubrí eso, me pregunte ¿En qué me he metido? Sin embargo, en medio de mis incapacidades vivía con alegría con mis hermanos. Dios lo ha hecho todo, así lo he sentido…Muchas veces me cuestionaba si soy para este ministerio. Me preguntaba en mi formación ¿seré para esto? ¿Daré la talla? Preguntas que siembran la duda. Pero Dios no se vale de eso, me ha mostrado su amor en medio de lo que soy, y elige a quién menos piensas. A eso se suma la ayuda de mis formadores, a mis hermanos de mi movimiento de los focolares que siempre rezan por mi…cómo no dar a gracias a Dios por esta gracia recibida”.