Padre Israel Viacava: “Dios no quita nada, lo da todo”
Chalaco de nacimiento, Israel Viacava Flores ingresó al seminario Corazón de Cristo de la diócesis del Callao a los 18 años, 10 años después ve con alegría y agradecimiento por todo lo que ha recibido en este tiempo de formación. Nos cuenta en esta entrevista lo que significa recibir esta gracia de la orden sacerdotal.
¿Cómo te sientes al ser ordenado sacerdote?
Estoy muy contento y emocionado de ver todo lo que el Señor ha ido haciendo a lo largo de mi vida. En estos años de formación, poco a poco he confirmado el llamado de Dios y estoy con el corazón dispuesto a estar a su servicio y al de la iglesia.

¿Cómo ha sido el proceso de formación desde que entrante al seminario?
Ingresé al seminario joven, a los 18 años. Antes de ello vivía una vida insípida en el mundo, como muchos jóvenes, buscaba el placer, el éxito, la sexualidad desordenada. En el fondo una vida sin sentido. Gracias a conocidos puede entrar a la parroquia “San Juan Bosco”. Conocí a los padres salesianos, quienes me dieron una formación catequética. Ahí recibí los sacramentos del bautismo, primera comunión y confirmación. Así, poco a poco, el Señor me atraía a la iglesia. Luego conocí al Padre Juan de Dios, que me permitió formar parte del grupo de acólitos de la parroquia “Santa Rosa”. Me acogió con mucho cariño. Así el Señor me llamaba más y más a su servicio. En ese tiempo comprendí justamente la esencia del sacerdocio, que es vivir para los demás.
Hasta esos momentos solo vivía para mí mismo, buscando solo mi felicidad. Luego conocí algunos seminaristas de “Corazón de Cristo”, en donde finalmente tomé la decisión de ingresar en el año 2008. Estoy muy contento y agradecido a Dios, a la iglesia, al obispo y a los formadores que siempre han estado ahí para ayudarme y acompañarme. Todo este tiempo de formación, donde entre años de estudios de filosofía, teología, años de misión, donde he podido estar por diferentes partes del Perú, anunciando el Evangelio, el Señor ha ido confirmando mi vocación.
¿Antes de entrar al seminario cuál era tu proyecto de vida?
Acabé la secundaria a los 16 años, mis padres estuvieron detrás para que postule a la universidad y ser profesional, que es todo lo que un padre desea. Soy el mayor de dos hermanos y tenía esa expectativa en mis padres de ser un profesional. Sin embargo, acabando el colegio tuve más contacto con la iglesia, con la parroquia, con un grupo de acólitos, y con la figura del padre Juan de Dios. Interiormente me cuestionada sobre el tema de la vocación y, por otro lado, comencé a estudiar computación e informática. Estudié italiano, paso por mi mente enrumbar fuera del Perú. El Señor es el que lleva mi historia y rompió mis esquemas. Mis padres no sabían nada de la vocación, ni que tenía una actitud vocacional hacia el Señor. La primera etapa en pre seminario fue a espaldas de mis padres, porque no quería que se desilusionaran de mí. Después de unos meses fui admitido y tenía que entrar de lleno al seminario. Los reuní un día en mi casa y les conté de mi experiencia con Dios y la iglesia. Dije toda la verdad. Mi madre se puso contentísima. Mi padre, que había sido militar, cuando me escuchó, le chocó bastante, porque no estaba entre sus proyectos. Solo me dijo ¿Quién soy yo para interferir en tu vocación? Sin embargo, me dijo que si me salía de la vocación religiosa, que no contara más con él. Eso me choco un poco, pero respete su decisión. Así empecé esta aventura de la vocación joven y con mucha ilusión. Con todo, la figura de mis padres nunca faltó, nunca se hicieron a un lado, incluso mi padre, quien ahora me apoya totalmente.
¿Cuál es tu principal misión como sacerdote?

El señor me ha enseñado la misión de este ministerio que tiene como esencia estar al servicio de los demás, anunciar el evangelio a los alejados. He podido ayudar en diversas parroquias de la diócesis en mi etapa formativa, tanto en catequesis de Primera Comunión, Confirmación. Así que conozco un poco sobre cómo está el pueblo de Dios. Estuve en las parroquias “Santa Ana”, “San Pío X”, en la “Fundación Pachacutec”. Han sido experiencias bellísimas. No hay nada más pleno que vivir por los demás. A Dios le he pedido la misión de hacer el bien en donde quiera que me manden. He realizado la misión en diversas partes del Perú, en Cajamarca, Huancavelica, Arequipa, Puno, Juliaca, Cusco y Huancayo. También he podido anunciar la Palabra de Dios, anunciar al hombre de hoy que Jesucristo está vivo y que nos ama tal como somos. Esta es la experiencia no solo de los primeros cristianos, sino también la mía. Contentísimo, porque el señor se sirve de los jóvenes, en este caso como yo, para llevar la palabra de Dios, incluso fuera del Callao.
Cuando fui ordenado diácono, postrado rostro en tierra, que es el signo que mostramos como una forma de entrega total a Dios y la iglesia. En ese momento le pedí a Dios una gracia, que me de la felicidad de la misión en donde sea que esté, sea una parroquia, colaborando con unas clases, dando catequesis. El Señor hasta el día de hoy Dios me ha concedido esta gracia.
Actualmente, estoy en la parroquia “Cristo de Pachacamilla”, en Pachacutec, ayudando al Padre Carlos López y a los más necesitados de la zona.
¿Qué consejos les dirías a los jóvenes que aún están con esa duda de entrar al seminario?
No tengan miedo a la vida, a Dios o a la iglesia. No hay que tener miedo de abrir las puertas de par en par a Dios, porque no quita nada, él lo da todo. Dios no me ha privado de mi libertad, no ha quitado nada, al contrario, me ha dado todo. El Señor me ha concedido tantos hermanos, tantas personas que me quieren como unos padres o hermanos en Cristo. Nunca me faltó nada en mis años de formación. Al final, he vivido muchas experiencias con alegría junto al Señor.
No tengan miedo a decir sí a la voluntad de Dios. Nosotros tenemos un proyecto de nosotros mismos, pero quizá nuca hemos pensado el que nos creó que es Dios, que proyecto tenía para con nosotros. Sería bueno meditarlo.
Quisiera recordar lo que una vez me dijo Monseñor Javier Del Río. Me dijo Israel, detrás de ti, de cada seminarista hay un pueblo que les espera, anhelando que se le anuncie la Palabra de Dios. Es verdad, en cada parroquia, en cada misión al que he sido enviado he podido experimentar eso. Esa es mi mayor garantía de la vocación a la cual el Señor me ha llamado.
¿Qué signos visibles te ha mostrado Dios para reafirmar tu vocación?
Muchos, podría decir algunos. El poder compartir a niños y a jóvenes el catecismo, que es la doctrina de la Iglesia, para mi es una garantía de la vocación. El haber estado diferentes partes del Perú anunciando el evangelio. Conocer diferentes realidades sociales, geografías, etc. También los ministerios que he recibido dentro del seminario. Y hace un poco más de un año, tuve la gracia enorme de ser el diácono del Santo Padre. Tuve la oportunidad, gracias a Dios, de asistir como diácono al Papa Francisco en la misa que presidió en la Base Aérea Las Palmas. Para mí es un memorial que nunca olvidaré. No solamente por haber estado al lado del Papa, sino porque el Papa es el vicario de Cristo. Decía San José María Escrivá de Balaguer que el Papa es el dulce Cristo en la Tierra. Esa palabra resonaba en mí, lo tuve a mi lado, lo salude, conversé con él. El papa me dijo que rece por él. Y desde ese día no he dejado de hacerlo. Es una alegría, el Señor se fija en los más pobres, los más pequeños. Habiendo tantos diáconos en diferentes partes del Perú, eligió al más precario para concederme esa gracia, para mostrarme su misericordia, su amor, sus detalles que tiene conmigo. Dios es un padre y ha tenido este detalle amoroso conmigo.