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Padre Mateusz: “Dios se manifiesta en los pobres en medio de las catequesis”

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Mateusz Jan Kasprzak (31 años), Joven polaco, quien desde muy pequeño vio a su familia comprometida con la iglesia, sintió desde ese contexto, como Dios lo llamaba para algo mucho más grande que sus propios planes.

Con las dificultades propias de adaptarse a otra realidad, otra cultura, otro idioma, reafirma su vocación en tierras chalacas. Hoy emprende la gran misión de servir al pueblo de Dios con mucha alegría.

¿Cómo fue tu primer contacto con la iglesia?

Desde niño he estado ligado a la iglesia, mis padres pertenecen al Camino Neocatecumenal. En medio de esta experiencia, desde niño he visto como mis ellos ayudaban en la parroquia y salían a evangelizar. Crecí con eso y me di cuenta de las necesidades de la iglesia a la edad de catorce años. 

¿En qué momento sientes el llamado de Dios?

Mi experiencia dentro de la Iglesia me hizo ver de cerca la figura del sacerdocio como alguien siempre dispuesto al servicio a los demás. Yo nunca me imaginé ser uno de ellos, siempre creí que la figura de un verdadero hombre era casarse y tener muchos hijos, una casa grande, carros, etc. Poco a poco Dios me cambió esta visión. Fueron muchos acontecimientos que sucedieron para encaminarme a este ministerio. En la JMJ en Colonia en el 2005, sucedió un hecho que me marcó, en una llamaba vocacional mi mejor amigo se levantó para ser seminarista. A esta acción me vino la necesidad de seguirlo y también dar respuesta a ese llamado. Finalmente, años después, luego de muchos acontecimientos, mi amigo no llegó a ingresar al seminario y yo sí.

Pero antes de ese gran paso de ingresar al seminario, el Señor me iba atrayendo poco a poco. La Palabra por su parte también me confirmaba este llamado, en especial cuando escuché la parábola del vino nuevo en odres viejos.

En ese tiempo de discernimiento en la cual estaba en una espera continúe con mi vida. Tenía 18 años. En el 2007 entré a la universidad a estudiar Historia, pero solo estuve un año, mientras tanto trabajaba en diversos lugares. Luego vino otro encuentro vocacional, pero ya iba a con la convicción de estar más cerca a Dios. Al final, dejé todo y lo seguí.

¿Qué sabías de Perú antes de venir?

En ese tiempo de discernimiento, en medio del estudio y el trabajo, fui a Puerto San Giorgio a un encuentro vocacional, donde finalmente me dijeron que iría a Perú. No sabía mucho de este lugar, y mucho menos no hablaba español. Fue un tiempo muy importante para mí, pues tuve miedo, pero acepté la voluntad de Dios, de dejar todo, casa, país, familia, trabajo, etc. Recuerdo mucho que en la intimidad con La Palabra, el Señor me ayudo, me dio un consuelo de no sentirme solo frente a lo que se venía.
 
No sabía mucho de Perú, lo había estudiado en mi corta carrera de historia en Polonia, pero solo lo elemental. Luego me enteré que venía al Callao. No sabía nada de español, y en dos semanas ya tenía que estar allá. Finalmente, el 2 de octubre de ese año llegué aquí. Cabe mencionar que mis padres se pusieron felices por la noticia.

¿Cómo te recibe el Perú?    

Me recibieron dos seminaristas a los cuales no les entendía, tuve que comprarme un diccionario polaco español para recién comprender. Durante tres semanas estuve así, y en tres meses ya casi hablaba bien el idioma. Finalmente, al año ya estaba preparado para hablar y escribir. En el Seminario “Redemptoris Mater” me recibe el Padre Mario Casalaspro. Sentía miedo y también aventura por este nuevo comienzo en mi vida, pero sabía que Dios estaba conmigo.

 

¿Cómo fue tu etapa de formación?

Estuve doce años en el seminario. Dios me dio todo lo que necesitaba, porque nunca faltaron los problemas, pero aquí estoy junto con él. También Dios me ayudó a confrontar mis realidades y madurar como persona.  Aprendí, que a pesar de ser enviado a un lugar pobre, Dios me esperaba aquí, y aquí pude ver que mi corazón también es pobre. Dios me ha mostrado su amor. En este seminario que me he formado he aprendido a fiarme de Dios. He pasado también en otros seminarios en Europa, donde tenía todo, pero no me hallaba. Aquí he encontrado un seminario con limitaciones, con comida incluso vencida de donaciones, pero no nos ha pasado nada. Ha sido una verdadera formación para mí. Incluso en la misión, en la pastoral de ir fuera del seminario, fue algo con lo que luchaba mucho, pero me ayudó muchísimo para confrontarme con la realidad y conmigo mismo. Fue un tiempo que me sirvió para madurar. El Padre Guillermo Colautti me animó mucho en mis tiempos de duda, en la que sentía que todo me sobrepasaba.

Estar en la misión fue fundamental, estuve un tiempo en Arequipa, Ayacucho, Pisco, luego dictando clases en Pachacutec, e incluso en Israel. Finalmente, entendí que todo fue por algo, y ahora siento que todo esto me sirve para llevar mi ministerio con amor.

Esta última experiencia antes de ser ordenado sacerdote, es en Pachacutec. Es increíble ver como Dios se manifiesta en los pobres en medio de las catequesis.

Dios ha llevado mi vida. Hoy estoy aquí, con miedos, pero con la seguridad de que Dios está conmigo.