“Señor, de todo corazón, si tú quieres puedes curarme, puedes limpiarme”
Compartimos la reflexión de Mons. Robert Prevost, O.S.A., Administrador Apostólico de la Diócesis del Callao, que ofreciera durante la homilía de la Santa Misa, que presidió este domingo 14 de febrero.
Las lecturas nos hablan de esa enfermedad tan terrible en su tiempo, la lepra. En el evangelio, como en general todos los domingos tienen entre sí una relación directa. La primera lectura nos hablaba de la ley de Moisés ¿Qué hacer cuando una persona se enfermaba con manchas en la piel, con la lepra? Que no solo fue considerado una enfermedad del cuerpo, también era del alma, y se decía que la persona era impura y tenía que ser prácticamente desterrado; no podía vivir con los demás. Era perder la relación con los demás, vivir aislado de los demás por el temor al contagio.
Pero también por ese temor, la dimensión espiritual de lo que podía pasar en la comunidad por estar presente un leproso. Jesús viene ahora, como escuchamos en el Evangelio, y cambia todas las reglas. Jesús viene y no duda, no tiene temor en acercarse al hombre impuro; al contrario Jesús que rompe muchas normas y reglas para dar una auténtica liberación, sanación a todos.
Pues precisamente se acercan y permite que ese leproso se acerca a él y Jesús responde.
Podemos ver en tres momentos este gran encuentro con Jesús, lo que acabamos de escuchar en el Evangelio. En primer lugar la invocación del hombre enfermo: “Señor de todo corazón, si tú quieres puedes curarme, puedes limpiarme”. Esa invocación es algo que tiene que encontrar lugar también en nuestros corazones.
No tengas miedo jamás acercarte al Señor, a pedir su perdón, a pedir que te sane, a pedir la gracia, a pedir el perdón. “Señor si tú quieres puedes limpiarme”. De esta forma Jesús rompe la norma de Moisés que decía: “tú no puedes acercarte a nadie, pero Jesús lo hace. “No tú lejos de mí jamás”. Ese segundo momento tan hermoso Jesús siempre con este corazón. Es por eso que nace de nosotros esa devoción al Sagrado Corazón de Jesús. Ese corazón de Jesús es misericordioso y compasivo, no se aleja, no condenada, no rechaza. Jesús acoge, ofrece la sanación, la purificación, la salud.
Hay una relación en el Evangelio entre la salud corporal y la salud espiritual, y ya que estamos en esta semana, pronto al miércoles de cenizas, vamos a empezar de nuevo el Tiempo de Cuaresma. Es un bonito Evangelio para empezar a reflexionar sobre nuestra vida y la necesidad que tenemos todos a volver al Señor, acercarnos a Él, pedirle perdón, pedir que nos sane de todo tipo de dolencia.
No dudemos jamás de la misericordia y la compasión de Jesucristo, el corazón de Jesús manifiesta siempre esta compasión del Padre hacia sus hijos. Jesús se acerca al leproso, lo toca. Un detalle muy importante, Jesús extiende la mano, pues dice el Evangelio “y lo tocó”. Estaba prohibido no olvidemos, Jesús se acercó y le purificó, le limpió.
Ese momento también es muy importante para nuestra vida. Podríamos hacer muy fácilmente cierta comparación con lo que estamos viviendo hoy con la pandemia. No falta quien diga cosas extrañas sobre que Dios nos está castigando con la pandemia, que es culpa de los pecadores, que es culpa de uno y otro y viene esta enfermedad, cayendo de nuevo en esta mentalidad del Antiguo Testamento y no de Jesucristo.
No falta quien no tome en serio esta enfermedad y no quiere comprender lo importante que es cuidarnos, cuidar la salud, buscar superar esta pandemia, no quizás de la manera que lo puede hacer Jesús por un milagro, pero sí con la ciencia, sí con la cabeza, sí mirándonos y respetando las normas de bioseguridad que nos pueden ayudar, pero tenemos que confiar en Dios, que no nos va a abandonar.
A mismo tiempo, que hermoso es que en este tiempo han habido sacerdotes, que con la debida protección, los equipos de protección personal, mascarillas, alcohol, etc., visitan a los enfermos. No los han abandonado o rechazado, Cristo quiere estar cerca y que sepan todos, que nosotros todos como iglesia queremos y podemos acercarnos a los que sufren. Es un tiempo, sabemos, que muchos sufren y una de las cosas que más faltan a nivel nacional es precisamente el oxígeno.
Es trágico, triste y gravísimo que después de todos estos meses, aún no han preparado los equipos necesarios para que los enfermos tengan el oxígeno para sanarse.
En las redes sociales y en las páginas de facebook de las parroquias y también en las noticias verán que estamos lanzando una nueva campaña para comprar una nueva planta de oxígeno para el pueblo de Lambayeque, de la región. Seamos generosos, todos y busquemos también ofrecer este medio tan importante para ayudar a los enfermos.
Pero también es importante ver la parte espiritual y buscar como celebrar mejor, especialmente en este tiempo, nuestra reconciliación con el Señor, para acercarnos a Él.
El tercer momento de ese encuentro con Jesús es algo interesante e importante también para nuestra fe. Jesús dice anda presentarte al sacerdote para que conste, tú ya eres limpio, el pueblo ya no te puede rechazar, pero no digas nada más. Pero por supuesto, el hombre muy alegre por haber recibido el don de la sanación, va hablando a por todos lados: “Me has salvado Jesús, me ha dado la salud”.
Entonces, el Evangelio nos dice que Jesús, lo buscaba tanta gente, es por eso que ya no podía entrar abiertamente en ningún pueblo, se quedaba afuera y aun así acudían a Él de todas partes. No es que Jesús quisiera evitar a las personas necesitadas, todo lo contrario. Pero Jesús quiere enseñarnos algo muy importante aquí; nuestra fe en Jesús si puede tener esa dimensión: “Necesito algo Señor, necesito un milagro Señor, necesito tu ayuda Señor”, y el Señor los escucha, y esa no es la misión principal de Jesús y no debería ser la dimensión principal de nuestra fe.
Jesús vino para anunciar el reino de Dios y para invitarnos a todos a unirnos con Él, a vivir según lo que Jesús enseña desde las bienaventuranzas, hasta lo que es el auténtico amor, hasta lo que es el servicio unos a otros, el sacrificio de Jesús que derramó su sangre para darnos vida y nos invita a unirnos a su misión.
Esta es la misión de Jesús, es nuestra misión como hermanos y hermanas. El Señor nos dé la salud y nos dé la paz, que nos fortalezca y que nosotros respondamos con mucha generosidad, tratando de imitar su ejemplo, como Jesús que ha venido para servir y no ser servido.