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Movimiento de retiros “Juan XXIII” realizó un triduo de oración lleno de fe, amor y entrega

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[Callao, 11.09.2026] Retiristas de las ocho comunidades del Callao se reunieron en la Parroquia San Agustín para orar, reflexionar y renovar su compromiso con Cristo

Del 9 al 11 de octubre, el movimiento de retiros parroquiales “Juan XXIII” de la Diócesis del Callao realizó su tan esperado triduo de oración, una experiencia espiritual que reunió a cientos de personas en torno a la fe.

Tres días de oración compartida

Durante tres días, los integrantes del movimiento hicieron un alto en sus actividades cotidianas para vivir juntos una oración profunda. La experiencia estuvo marcada por el recuerdo de la vida y la esencia de San Juan XXIII, el “Papa Bueno”, cuyo testimonio de sencillez, humildad y cercanía sigue inspirando a la Iglesia hasta hoy.

El triduo se llevó a cabo en la Parroquia San Agustín y contó con la participación de retiristas de las ocho comunidades del Callao, quienes se congregaron como una sola familia para compartir momentos de reflexión, encuentro con Dios y fraternidad. Fueron tres jornadas de amor, entrega y sacrificio, en las que cada participante renovó su compromiso de seguir a Cristo con alegría y generosidad.

Una escuela de fe para la diócesis

El movimiento de retiros parroquiales “Juan XXIII” es considerado una verdadera escuela de fe para la Diócesis del Callao. A través de los retiros, muchas personas tuvieron la oportunidad de reencontrarse con Dios, sanar heridas, fortalecer sus familias y descubrir su vocación de servicio dentro de sus comunidades.

Su labor, silenciosa pero constante, ha sido semilla de conversión y esperanza en las parroquias, formando discípulos misioneros que llevan el Evangelio a sus hogares, trabajos y barrios.

La oración, alimento de la misión

Espacios como este triduo recordaron que la oración es el alimento que sostiene la misión y que solo unidos en Cristo es posible construir comunidades más solidarias, humanas y fraternas.

Al concluir el triduo, los participantes regresaron a sus comunidades con el corazón renovado y con la convicción que los une como movimiento:

“Con Cristo todo, sin Cristo nada”.

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