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Mons. Prevost: “Donde hay un hombre que pide y reclama nuestra atención, ahí está presente el hijo de Dios”

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En la Solemnidad de Nuestro Señor Jesucristo, Rey del Universo, Monseñor Robert Prevost presidió la Santa Misa el domingo 22 de noviembre. Compartimos aquí la reflexión de la homilía dirigida a los fieles de Chiclayo y del Callao.

Hemos escuchado en las lecturas una imagen que todos conocemos del Buen Pastor y de las ovejas. Pero, es una imagen que a veces ha sido mal malinterpretada. Sabemos que las ovejas son muy pasivas, y que el pastor tiene que guiar, y se espera que las ovejas le sigan. 

Pero hoy, gracias a una visión de Iglesia, que ya desde hace muchos años estamos trabajando, desde el Concilio Vaticano II, que reconoce que todos formamos parte de la iglesia y como pueblo de Dios, cada uno de nosotros, cada bautizado tienen un papel importante. Luego con la inspiración del Espíritu Santo sobre el Santo Padre buscando una iglesia que es verdaderamente sinodal, o sea donde caminamos juntos, pastor y ovejas, todos unidos con corresponsabilidad en la vida de la iglesia.

Estamos construyendo una experiencia de Iglesia donde cada uno tiene algo que decir, algo que ofrecer, un papel importante.

En estas lecturas que acabamos de escuchar nos invitar pensar a cada uno de nosotros, cuál es nuestro papel, cuál es nuestra responsabilidad en la edificación de una auténtica comunidad de fe, donde hay solidaridad y caridad fraterna; donde hay la capacidad de reconocer la presencia de Jesús, Nuestro Rey, en cada uno de nuestros hermanos.

El Evangelio que acabamos escuchar donde Jesús relata cómo será el juicio final, el fin del mundo, cuando el hijo del hombre llega para juzgar a todos, también va en esta línea. Porque Jesús nos va a preguntar qué has hecho tú, cuando yo estaba en medio de ustedes. Un grupo,  las ovejas eran capaces de reconocer, quizás sin saberlo, pero que cada vez que daban un poco de comida, agua, vestido, que iban a visitar a los enfermos; estaban haciéndolo por Jesús mismo. El otro grupo, como a las cabras, pensando en su vida, muy individualista, ciegos a la necesidad del hermano, no reconocían que sus gestos, sus obras de caridad, su participación en la comunidad, todo tenía que ver con su respuesta al llamado de Jesús, de servir en la comunidad.

En este Evangelio hemos escuchado muchos verbos, pero ni una sola vez dice Jesús algo del amor, como que no me has amado. Sabemos por el Evangelio, que los mandamientos más importantes son amar a Dios y a tu prójimo como a ti mismo.

Pero aquí Jesús no viene a preguntar, si tú me amaste, más bien dice: ¿me diste de comer, me diste de beber, me visitaste, me diste hospedaje? Hablar de amar es un término que quizás puede quedarse muy mal definido, como una expresión al aire.

Jesús dice “quiero ver gestos concretos”. Quiero ver si de verdad estás viviendo lo que yo les he enseñado. Jesucristo, Rey del universo se fijará en si hiciste esto o no hiciste esto. Y la sentencia del juicio final está más en el verbo hacer en favor del hermano. Concretamente qué has hecho para vivir tu compromiso en la iglesia, tu compromiso a vivir la solidaridad, a buscar la justicia, ayudar a tu hermano necesitado.

Jesucristo, como sabemos hijo de Dios se encarnó en la Virgen María, y esa encarnación del Hijo de Dios ha sido tan profunda en la naturaleza humana; que donde hay un hombre que pide, que reclama nuestra atención, pues ahí está presente el hijo de Dios. Dios hecho hombre, Jesucristo que es salvador.

Ser discípulo de Cristo es amar con el amor efectivo, un amor que consiste en servir, consolar, acompañar, compartir, dar lo que el otro necesita, estar dispuesto, no acumular para uno mismo, sino a dar al otro. 

A reconocer de que si Dios nos ha dado tantas cosas, es para poder compartir con el otro; es para poder ir construyendo relaciones de fraternidad con todos. Este es el camino que nos enseñó Jesucristo nuestro Rey, el rey que tiene por trono la Cruz, el rey que invita a todos nosotros a ser sus discípulos.

Es un camino posible para todos, pero también exigente. Que el Señor nos ayude a vivir nuestro compromiso; que nos de la luz y la capacidad de abrir nuestros ojos y reconocer la presencia de Cristo en cada uno de nuestros hermanos y hermanas.