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Mons. Prevost: “María nos enseña con su testimonio, valentía y generosidad hacer la voluntad del Señor”

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Quiero invitarles a reflexionar sobre esta respuesta de la Virgen María y que, poco a poco, tiene que llegar a ser vuestra respuesta frente a todas las dificultades.
“Aquí está la esclava del Señor, hágase en mí según tu Palabra”. Más que en otros años el mensaje que queremos escuchar y que nos puede dar esperanza, es cuando el Ángel dice a la Virgen María: “Para Dios nada hay imposible”.


Que hermosa es la Palabra de Dios que nos acompaña y nos llena con su mensaje de esperanza en estos días antes de la Navidad. Este texto del Evangelio que todos conocemos sobre la anunciación. Lo reconocemos cuando rezamos el Santo Rosario, los misterios de gozosos, cuando el Ángel Gabriel se presenta María y le anuncia esa gran noticia. Que seguramente fue una gran sorpresa: “Tú has sido escogida María, elegida a ser madre del Salvador”.


Si miramos las escrituras Antiguo Testamento y Nuevo Testamento, en cierto sentido hay varios momentos, acontecimientos de un tipo de anunciación, donde el ángel del Señor se presenta donde uno de los profetas, o a Zacarías, padre de Juan el Bautista.
Les dice una noticia grande, tú has sido llamado, tú has sido escogido, eso lo encontramos varias veces. En el caso de Zacarías, su respuesta fue distinta, él dudo. Tenía una gran duda, pues decía, “mi esposa es anciana, es estéril”. La consecuencia fue que Zacarías quedó mudo, durante los meses de espera, porque no confió en la Palabra del Señor.    


En un principio el  Señor no pudo hacer lo que deseaba, porque Zacarías bloqueaba. San Agustín, en referencia a ese pasaje señala que en el corazón de Zacarías no estaba aún preparado a recibir el mensaje de Dios. Sin embargo, el corazón de la Virgen María sí lo estaba.   María, lleno del amor del Señor y de la confianza en él, dijo sí. 


A pesar de que no entendía, María pregunta al ángel ¿Cómo será eso? Pero su corazón estaba abierto con esa confianza en el Señor. Por eso, el Señor pudo hacer grandes cosas en ella.
Como se canta en el Magnificad, María al llegar a visitar a su prima Isabel: “Mi alma glorifica al Señor mi Dios”.


En la historia de cada uno de nosotros podemos encontrar lugares, donde Dios quiere actuar; donde de hecho ha actuado en nuestra vida. Pero, a veces nuestros corazones son más como el corazón de Zacarías y no tanto como el corazón de María. A veces somos ciegos, como aquellos que estaban por el camino, y que cuando escuchan que Dios está pasando, comienzan a gritar, esperando que Jesús haga algo.


El Señor quiere hacer milagros en la vida de cada uno de nosotros, quiere encender una luz nueva en nuestra vida y a través de nuestra vida, para que también nosotros seamos portadores del mensaje de la salvación a nuestras familias, a nuestros lugares de trabajo, de estudios y a todo lugar.
No todo depende de nuestros esfuerzos, depende más bien de la gracia de Dios; pero siempre tenemos que estar dispuestos. Tenemos que permitir que la Palabra, la gracia de Dios obre cosas grandes en nuestros corazones y en nuestra vida. En eso María nos puede enseñar muchas cosas.


El Señor llama a todos nosotros, a través de su gracia en nuestro bautismo, en distintos momentos, y sigue presentándose en la historia de nuestra vida. Tenemos que estar preparados para ver la presencia de Dios entre nosotros. Es momento también para pensar en nuestra propia experiencia.
Nadie podría decir: “yo soy un inútil, nadie me necesita”. Pero sí se te necesita. Hoy hay muchas formas donde Dios puede obrar, quizá a través de una limosna, o una visita, tomando en cuenta los protocolos,  a personas que sienten solas, aislados, quizá una llamada telefónica. Ser cada uno de nosotros mensajeros de esperanza en la vida de cada una de las personas. Es también una manera, para que la gracia de Dios, la misericordia pueda llegar también a otras personas. Dios puede que cada uno sea instrumento de su gracia y de su amor.


María escucha a Dios, cuando el ángel Gabriel llega a ella. Gabriel, que significa “fuerza de Dios”. Ella permite que esa fuerza de Dios transforme su vida. Su respuesta “Hágase en mi según tu palabra”, también puede ser nuestra respuesta.
Dios acepta, cuando nosotros estamos dispuestos abrir nuestro corazón a su gracia, en su plan, en su iglesia, con un sentido de que todos tenemos un papel importante.


El plan de María ya es el plan de lo que Dios quiere. Un plan que irá descubriendo en sus detalles, y que no es igual para cada uno. Unos son llamados a ser sacerdotes, religiosos y religiosas; otros llamados a ser papá o mamá con sus familias. Otros a ser llamados a servir a la iglesia de otras formar. Pero Dios tiene un plan para cada uno. La Virgen María nos enseña cómo responder a Dios con esa generosidad, no teniendo miedo.


No nos olvidemos que hoy como ayer, Dios necesita de nosotros, de la iglesia, de cada uno de nosotros, para continuar su plan de salvación. Hoy como ayer, Dios sigue haciéndose presente en nuestra vida, envía mensajeros, manda con su Palabra mensajes a todos nosotros. Hoy como ayer, Dios necesita personas y comunidades, decididas y confiadas. No tengamos miedo, confiemos en su Palabra. La Virgen María puede enseñarnos con su testimonio, con su generosidad, con su vida. Podremos decir todos “Hágase en mí, según tu Palabra”.