Mons. Prevost: “Vivamos con entusiasmo el deseo de volver a encontrarnos con el Señor en la Navidad”
Compartimos la reflexión del tercer domingo de Adviento de monseñor Robert Prevost, Obispos de Chiclayo y Administrador Apostólico de la Diócesis del Callao.
Ya estamos muy cerca a la fiesta de la Navidad, es una fiesta entrañable en la que nos vamos a encontrar, con Dios que, sin dejar de ser Dios, se ha hecho hombre con nosotros.
Este año la Navidad se va a celebrar como nunca antes de nuestra vida, y si por un lado ya nace en los corazones de los niños, al mismo tiempo debemos ser muy sensibles con aquellos que están aún con mucho dolor, pues han perdido a muchos familiares; y este año en la cena navideña experimentaran la ausencia irreparable de sus seres queridos.
Al mismo tiempo, este año estaremos con la dificultad de reunirnos con familias y con amigos por la necesidad de seguir cuidándonos.
Alguien la semana pasada me prestó un libro de las poesías completas de César Vallejo. Todos recordaran el famoso poema que dice “hay golpes en la vida”. Cuánto hemos sentido de verdad que esas palabras de Vallejo tienen fuerza.
Qué triste es de verdad cuando hay personas que viven en esa oscuridad y han olvidado o no han llegado a conocer, por el don de la fe, esta alegría, esta esperanza que sólo puede nacer cuando uno cree de verdad en Jesucristo, en este gran misterio de amor que, por supuesto, incluye la muerte. Pero, la muerte nunca es la última palabra, porque siempre hay nueva vida. Jesucristo en su resurrección nos lo ha confirmado para siempre. No lo olvidemos jamás, y por eso también el misterio que celebramos hoy día, en este tercer domingo de adviento nos ofrece esa luz que nos llena de esperanza; porque sabemos que la Navidad está cerca. No la Navidad comercial; pues me llamó la atención ayer salí un momento por la tarde, y pude ver largas colas, la cantidad de gente que sale para hacer sus compras para las fiestas navideñas; y muy bien, pero ojalá también vivamos con ese entusiasmo el deseo de volver a encontrarnos con el Señor en la Navidad y sentir su presencia.
Hemos escuchado en la segunda lectura san Pablo, en sus primeras palabras: “Estén siempre alegres, oren constantemente, den gracias en toda ocasión…”.
Es esto lo que Dios quiere. Elementos muy importantes aquí para nuestra vida diaria: Estén alegres, no una alegría superficial, sino la alegría que nace por haber conocido a Cristo, por tener esta fe. Orar constantemente y dar gracias en toda ocasión. Puede ser difícil a veces buscar los motivos para dar gracias; todos los tenemos, aún en los momentos más oscuros.
Yo doy gracias a Dios que podemos volver a celebrar, no todos por supuesto, pero hay muchas personas que vienen a participar la santa misa, después de meses con la catedral vacía. Todos los templos cerrados, poco a poco con prudencia, por supuesto, podemos volver también a encontrarnos como comunidades de fe, como asamblea.
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Es importante tener la oportunidad de vivir nuestra fe en esta forma. Es un mundo en cierto sentido muy triste; por supuesto muchos están preocupados con todo lo que estamos pasando. Todo ese tema de la pandemia que ha traído tantas tristezas y dificultades; pero precisamente por eso vale la pena que en este tercer domingo de Adviento sintamos, escuchemos, el llamado ante la cercanía de la Navidad, reflexionando sobre esta figura tan importante del profeta Juan El Bautista.
Algunos sí lo habían confundido, pensaban que era el Mesías, y por eso él tenía que decir: “Yo no soy el Mesías, soy una voz…”. Pero, La Palabra, eso nos dice San Agustín, La Palabra es el hijo de Dios.
Juan anuncia La Palabra, prepara el camino, pero Jesús es el verbo de Dios y en eso también nos invita a nosotros a participar en ese sentido, en la misión de anunciar la venida del Señor. En el Evangelio hemos visto este diálogo casi como un examen que hacen a Juan El Bautista: ¿Tú quién eres? y él dice “No soy El Mesías, ni Elías, ni el profeta”. Pues, a este propósito San Agustín dice: “Señor no somos nosotros la luz que ilumina a todo hombre, sino que, nosotros somos iluminados por ti, a fin de que los que fuimos algún tiempo tinieblas, seamos luz en ti”.
Samos luz nosotros también. Jesús lo dice en otra parte del Evangelio: “Ustedes son la luz del mundo”. Nunca como antes ha habido tanta necesidad, de que nosotros, hombres y mujeres de fe, sepamos de verdad ser luz en el mundo.
La pregunta que le hicieron a Juan el Bautista ¿Tú quién eres? Hoy se la hacemos nosotros, no a Juan, sino a Jesús mismo, para que respondamos al pequeño pero importante añadido que lleva el ¿tú quién eres “para mí”? Es muy posible que ni siquiera te la hayas formulado, pues podría ser hora para hacerte esta pregunta: ¿Señor quién eres para mí?
Nos quedan 11 días antes de Navidad, sigamos preparándonos, preguntándonos qué necesitamos de verdad que sea el Señor para nosotros.
Este año que brote una respuesta de nuestro corazón y que veamos también que el Señor espera mucho de nosotros. Que seamos esta luz del mundo, sepamos responder quizás con pequeñas obras de caridad. Recordemos lo que un día fue nos podrá decir el Señor: ¿Cuándo tuve hambre y sed y me diste de comer y beber? Eso que hiciste con mis hermanos más pequeños, conmigo lo hiciste. Abramos nuestros corazones y preparemos el camino del Señor.