P. Miguel Ángel Contreras: “La Pastoral y la educación son un ministerio y no un trabajo”
El sacerdote Miguel Ángel Contreras Llajaruna camina en los pasillos del colegio “San José”, en el distrito chalaco de La Perla y un niño muy entusiasmado se acerca y le comenta que las clases están próximas empezar. El religioso marista asiente y lo despide con un saludo fraterno, él es promotor del colegio parroquial “San José” y llegó a la Diócesis del Callao en el 2012 para asumir la administración de la entonces Capilla “Virgen Misionera” y el centro educativo adjunto a esta.
En 2015, luego de tres años y ante las necesidades pastorales de la comunidad parroquial, la capilla se convertiría en lo que hoy es la Parroquia “Virgen Misionera”, administrada hasta la actualidad por la Congregación de los Padres Maristas.
En esta entrevista conoceremos un poco sobre el sacerdote marista y la actividad pastoral emprendida por su congregación religiosa.
Cuéntenos cómo surge su vocación
Mi vocación surgió desde la familia, una experiencia del colegio público de donde nací y del contacto que tuve con un diácono, donde me pregunté, porqué yo no podía hacer lo que él estaba haciendo, que era el servicio a la gente y las celebraciones litúrgicas. En el colegio, cuando celebré mi confirmación, allí nació una inquietud de servir a la Iglesia.
¿Cómo llega a optar por la vida religiosa con los Padres Maristas?
El primer contacto que tuve con ellos fue por un compañero en el colegio. Sus hermanos trabajaban en un colegio de los padres maristas en Sullana. Allí mi compañero me invita a vivir la experiencia con los hermanos maristas en el colegio parroquial “San pedro Chanel”. Eso me llevó a tener una experiencia de un mes con ellos y a partir de este encuentro y acompañamiento, decidí continuar el proceso de formación. Su estilo de vida, el compartir, la misión y el carisma mismo. Es al estilo propio de María, ser y continuar la presencia de María en el mundo y en la Iglesia, sirviendo desde los ministerios, desde la educación o las parroquias.
¿Cómo inicia su formación sacerdotal?
Mi formación inició con un año de propedéutico, que lo hice en Sullana en 1998. Luego, vine a Lima a estudiar filosofía durante tres años en el Instituto Juan XXIII de la comunidad religiosa. Como religiosos hacemos una etapa de noviciado, donde profundizamos más el carisma, la espiritualidad y la historia de la congregación. Esto lo hice en Curitiba, Brasil, durante un año. Después, fui a México a estudiar teología. Regresé a Perú y mis dos años de pastoral lo realicé cerca de la frontera con Ecuador, en Lancones. Esto fue antes de la devoción perpetua que como religiosos emitimos los tres votos: de castidad, pobreza y obediencia. Primero, consagro mi vida de manera permanente por medio de estos votos y luego, recibí la ordenación diaconal. Ejercí mi ministerio diaconal en la misma parroquia “Santo Toribio de Mogrovejo” y luego de tres años, recibo la ordenación sacerdotal, el 25 de abril del 2008 en la ciudad donde nací, Cajabamba.
¿Cómo inicia su contacto con el pueblo del Callao?
Empieza en el 2012, la congregación me pide, después de haber terminado mis estudios de maestría en Sagradas Escrituras en Brasil, regresar al Callao y asumir la responsabilidad del colegio parroquial “San José”, como promotor. En ese tiempo funcionaba la capilla y el colegio.
Usted asume en 2012 la administración de la capilla y el colegio. ¿Cómo afrontó esta nueva tarea?
Así es y a partir del 2015 es una parroquia. Hicimos el convenio con la diócesis en el que nosotros cuidábamos de la atención pastoral de la parroquia y del aspecto académico y pastoral del colegio parroquial “San José”. Esta ha sido una experiencia de cambios, interrogantes y de situaciones no entendidas en algunos aspectos, pero he entrado en la dinámica del ritmo pastoral. Sentimos que nuestra presencia es un carisma y una propuesta distinta de vivir la vida de la Iglesia, desde la parroquia y el servicio educativo. Buscamos transmitir a Dios desde las aulas, la catequesis, las distintas pastorales, la acción litúrgica. En el todo, no en un aspecto de la vida de la Iglesia. El carisma tiene que estar impregnado en la actividad y vivencia misma de cada religioso o de cada sacerdote, en nuestro caso como maristas. La vida religiosa se da de manera integrada y el carisma está impregnado de lo que vivimos y hacemos en la Diócesis del Callao como hermanos maristas. Desde la educación, la oportunidad que se le puede dar a un chico en las situaciones adversas que viven las familias o las propias familias que comparten sus dificultades personales o económicas, donde uno tiene que intentar ser instrumento de misericordia para poder acercarlos a Dios desde esa situación. Para nosotros la educación es un ministerio, no es un trabajo. Es igual en la parroquia, un lugar de acogidas donde estamos dispuestos a servir a la gente desde la situación y necesidad que tienen. Este es un ministerio de atención pastoral a los fieles.
Usted lleva ocho años en la diócesis, ¿Cómo percibe la realidad de su jurisdicción parroquial?
Esta parroquia nace de la necesidad del servicio a la gente. Hemos crecido, tal vez no en tamaño o infraestructura, pero si en el número de fieles. Están viniendo incluso desde otras parroquias y sienten que aquí pueden vivir su experiencia de fe. Y es lo que tratamos de vivir con ellos. Tenemos ocho grupos parroquiales, la Renovación Carismática de niños y jóvenes, Legión de María, grupos de laicos, el JUMA. Son grupos variados con carismas distintos y se sienten acogidos.
¿Qué actividades pastorales se promueven desde parroquia con el apoyo de estos grupos?
Tenemos retiros y jornadas antes de cada tiempo litúrgico de la Iglesia. Es decir, antes de iniciar el tiempo de Adviento tenemos un retiro, invitamos abiertamente a la gente. Hacemos la invitación y la gente responde, incluso tenemos que poner un límite. Cuando iniciamos con esta experiencia, dejamos abiertas las inscripciones, no habíamos puesto un tope. Claro, llegaron 120 personas, esto es parte del trabajo pastoral. Hay una necesidad y sed de los fieles de poder interiorizar más la fe, e incluimos a todos, desde el fiel que viene los domingos a la misa hasta el que viene por curiosidad. Después, a nivel pastoral también damos cursos gratuitos por las noches: bíblicos, litúrgicos, catequéticos, que nosotros mismos y con la ayuda de otros presbíteros intentamos transmitir a las personas. Hay una gran respuesta. También tenemos las catequesis, somos cuatro sacerdotes de la congregación y cada uno tiene su responsabilidad, yo llevo las catequesis prematrimoniales, el padre Gilberto tiene a su cargo las catequesis prebautismales, el padre Orlando que lleva la catequesis de Confirmación y primera Comunión, y Monseñor Luis Sebastiani, encargado de la liturgia. También están las visitas a los enfermos, el padre Gilberto junto a los ministros que llevan la comunión, visitan casi todos los días a los enfermos y no sólo de la jurisdicción parroquial sino también de otras zonas e incluso, del hospital. Esta es una parroquia que parece pequeña en infraestructura pero tiene mucha vida.
¿Qué necesidades ha visto usted que urge en esta parroquia?
Hay una necesidad de formar y captar a jóvenes de entre 25 y 40 años. Ese es nuestro objetivo para este año, tener un grupo de juventud adulta. Su presencia sería muy testimonial ante los demás. Fuera de la infraestructura que como vemos, la parroquia nos queda chica.
¿De qué manera afianza el trípode del Obispo en su labor parroquial?
Respecto a las vocaciones, trabajamos con los jóvenes. Tenemos a dos jóvenes a quienes acompañamos en su proceso vocacional y uno que está formándose en Brasil, en su segundo año de filosofía. También acompañamos a jóvenes universitarios que tiene esta inquietud. Durante el año, tenemos jornadas con los alumnos y jóvenes de la parroquia. Son cuatro veces al año. A nivel de Cáritas Parroquial hay un trabajo muy fuerte. Ya son dos años que se han conformado y es el grupo que diría yo, es uno de los pilares de la parroquia. Emprende un trabajo muy bueno en todos los sentidos. Por ejemplo, el sábado pasado han tenido el té por el día de la amistad con la finalidad de recolectar recursos para apoyar a la gente que viene por ayuda ante una emergencia. Si una persona, necesita algunos medicamentos y nosotros no los tenemos, los apoyamos económicamente para que puedan adquirirlos. Todo esto se hace para que ellos mismos se ayuden y así puedan ayudar a los demás. A nivel de formación, dictamos los cursos por las noches y acuden muchas personas interesadas en profundizar sobre la Iglesia.
¿Cómo resumiría estos años de trabajo pastoral frente a esta parroquia?
La primera cosa que diría es aprendizaje, he aprendido en propio camino con la gente, a ver la necesidad y sensibilidad de la gente, y el deseo de seguir creciendo en la experiencia de Dios. Y crecimiento, porque he crecido junto con la gente, desde mi vocación sacerdotal y religiosa porque son ellos los que nos alimentan mucho en esta tarea. Estas son dos palabras que han guiado estos años y me han ayudado mucho, aprendizaje y crecimiento. Y creo que con la ayuda de Dios se ha hecho todo esto.